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Veinte minutos después llegan Rodrigo y sus amigos, que finalmente eran cinco, y diez minutos después que ellos las empanadas. Nurit está condimentando las ensaladas y le pide a Carmen que vaya a recibir el pedido: Sacá plata de mi billetera que está sobre el microondas. El caniche toy se mete en la cocina y va directo a frotarse en las piernas de Nurit. ¿Alguien se puede ocupar de este animal?, dice ella mientras intenta deshacerse del perro pero Juan, su novia y la hermana de su novia toman sol como lagartos y nadie le responde. Carmen regresa con las empanadas y le dice: ¿No serán poco dos docenas para tanta gente saludable? ¡Me olvidé de llamar para agregar más!, ¿Alzheimer o desborde? Desborde, amiga, tranquila, le contesta Carmen. Nurit toma el teléfono y llama, pide que le manden cuatro docenas. ¿Cuánto?, ¿una hora y media de espera?, se queja al teléfono. Bueno, haga lo que pueda, dice y corta con un poco más de malhumor. Por suerte el chico de Policiales aún no llega, dice, en el momento en que suena el teléfono otra vez. Ella deja la ensalada, atiende, escucha lo que le dicen y luego responde: Sí, que pase.

CAPÍTULO 13

Jaime Brena y el pibe de Policiales esperan en una larga cola detrás de la barrera que dice “Visitas”. Nurit Iscar ya autorizó su ingreso, uno de los guardias les revisó el baúl para ir ganando tiempo y les indicó en un mapa del barrio el camino para llegar a la casa que visitan. Pero falta que pasen por la barrera, muestren sus documentos y les saquen una foto. Y hay como seis autos delante de ellos, así que tienen, por lo menos, para quince minutos más. La novia del pibe de Policiales se quedó en el primer semáforo rojo que los detuvo cuando iban camino a la casa de Jaime Brena. Pretendía pasar por su casa a buscar una bikini y su novio ya le había dicho, reiteradas veces, que era tarde, que los estaban esperando y que no iba a la casa de Nurit Iscar de picnic sino por trabajo. Pero ¿qué voy a hacer todo el día en una quinta mientras vos trabajás si no puedo tomar sol?, dijo la chica cuando estaban detenidos en una esquina, mientras la luz del semáforo pasaba de rojo a verde. Tenés razón, contestó el pibe de Policiales, se bajó del auto, lo rodeó, abrió la puerta del acompañante, la ayudó a salir y le dijo: Mejor no vengas. La chica se quedó atónita. Nunca nadie me hizo un desplante así, se quejó mientras el pibe le daba la mano para ayudarla a salir. Siempre hay una primera vez, le dijo él, se subió al auto y se fue. A Jaime Brena no le asombró que el pibe de Policiales llegara solo porque nunca se enteró de que su novia vendría con ellos, pero sí la cara tensa, el ceño fruncido y el intento fallido del pibe de que pareciera que todo estaba en orden. ¿Pasa algo?, le preguntó. Problemas domésticos, contestó el pibe de Policiales y ya no tocaron el tema.

En el viaje a lo largo de la Panamericana hablaron de fútbol, del diario, del retiro voluntario en el que probablemente Jaime Brena se anotará, de José de Zer, de Karina Vives -¿me parece a mí o la chica te calienta?, le preguntó Brena; el pibe se hizo el tonto y apenas contestó: es una linda chica pero muy antipática, a lo que Brena dijo: hay que saberla llevar-, de Pedro Chazarreta, de Lorenzo Rinaldi y de Nurit Iscar. El tráfico de ese sábado al mediodía era intenso y Brena le tuvo que pedir al pibe que no frenara tan pegado al auto de adelante si no quería que le vomitara el tapizado. Bajaron de la Panamericana dos puentes antes del que correspondía a la salida de La Maravillosa, les costó más de un intento retomar la autopista y salir en el correcto, pero finalmente lo lograron. Pensar que hay gente que hace este viaje todo los días, dijo el pibe, están locos. No los subestimes, pertenecer tiene sus privilegios, como diría American Express, le contestó Brena.

Por fin es el turno de ellos, documento, foto, registro, seguro del auto, baúl otra vez -“pero si ya lo miraron”, “ah, disculpe”- y entran en La Maravillosa. Jaime Brena, de inmediato, reconoce el camino, esa calle bordeada por árboles a un lado y al otro, donde las ramas más altas se tocan en las copas formando un túnel verde por el que se filtra el sol del mediodía. De eso se acordaba bien, de ese túnel verde. Brena baja la ventanilla y se desabrocha el cinturón de seguridad. Carga sus pulmones de aire. ¿Conocías este lugar?, le pregunta al pibe. No, éste no, le contesta. Yo hace más de un año que no entro, pero está todo igual que cuando vine a entrevistar a Chazarreta. O parece todo igual; de hecho, ya no está él. En aquel entonces seguía implicado en la causa por la muerte de su esposa. Desde la primera pregunta me quiso manipular, intentó que la entrevista se convirtiera en una gacetilla de prensa a su favor. Un tipo difícil, frío, calculador, calmo y muy inteligente. ¿Y vos qué pensás?, le pregunta el pibe. ¿De aquella muerte? Sí. Que la mató él o que la mandó matar; o por lo menos que el tipo sabía quién la mató y por qué, pero definitivamente él era responsable de esa muerte. El pibe de Policiales frena y deja pasar a una madre y a su hija que quieren cruzar la calle subidas arriba de rollers que no dominan ninguna de las dos. ¿Sabés qué le dijo Chazarreta al operador del servicio de ambulancias al que llamó después de descubrir a su mujer muerta? No, dice el pibe. Está grabado, yo escuché la cinta, dijo: Por favor, vengan urgente al lote 23 de La Maravillosa, mi mujer venía caminando distraída, se patinó por la humedad del piso, se llevó una puerta de vidrio por delante, se cortó el cuello y está desangrándose. ¿Podés creer? Una frase demasiado larga y elaborada para alguien que tendría que estar en estado de shock, dice el pibe. Y una frase con la que pretende llevar al otro a concluir lo que él quería que concluyera: que todo fue un lamentable accidente, explica Brena. Además, a menos que hubiera tocado el cadáver, y él en sus primeras declaraciones dijo que no lo hizo sino hasta que llegaron los médicos, no podía saber que el corte era en el cuello porque su mujer estaba boca abajo. ¿Y por qué lo sobreseyeron, entonces? Nunca lo voy a terminar de entender. El fallo dice que las pruebas no eran “concluyentes”, y yo sólo con esto que te conté lo condenaría. Pero claro, yo no soy juez.