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Jaime Brena empieza a comer su churrasco, se sirve más vino, y mira de reojo el DVD que dejó sobre la mesada, en el mismo momento en que el pibe de Policiales enciende su computadora. El pibe revisa su casilla y encuentra el informe de Nurit Iscar. Lo lee. A pesar de las dudas de ella, que él desconoce, al pibe de Policiales le parece muy bueno. Lo reenvía a la redacción para que entre antes del cierre. Se lo reenvía a Jaime Brena, y agrega una posdata: El que se murió esquiando se llamaba José Miguel Bengoechea, lo encontré en Internet, claro. Pero Jaime Brena no revisa mails en su casa, nunca, a menos que alguien lo llame por teléfono, le avise que es algo urgente y no le quede más remedio que hacerlo. Y el pibe no lo llama, sólo le reenvía el mail de Nurit Iscar. A él, en cambio, al pibe de Policiales, una vez que enciende la computadora le cuesta dejarla. Es una compañía incondicional, como para Jaime Brena la fantasía de tener un perro. El pibe revisa los tweets, a ver si entró alguno nuevo que importe, los hace pasar rápido; la mayoría, como pasa todos los fines de semana, son reflexiones más egocéntricas que interesantes. Y después se mete en Google a buscar información acerca del colegio al que fue Pedro Chazarreta. Pone en el buscador: Chazarreta+Gandolfini+Collazo+colegio secundario. No aparece nada que sirva. Intenta probando sacar alguna de las variables. Empieza eliminando uno de los apellidos. Tampoco. Prueba rotando el apellido que elimina. Nada. Elimina dos apellidos cada vez. No funciona. Cambia “colegio secundario”, por “escuela”, luego por “instituto”, luego por “colegio” solo, luego por “secundaria” sola. No. Cambia de estrategia, busca ahora todos los colegios que tienen nombre de santo. Incluso eligiendo de entre las respuestas sólo los colegios que están en la ciudad de Buenos Aires, esa lista es interminable. Descarta los colegios con nombre de santos “conocidos”, como dijo Gladys Varela. Se queda con San Ildefonso, San Bartolomé, San Anselmo, San Viator, San Silvestre, San Hermenegildo. Prueba con ésos, ingresa en cada uno, ninguno tiene lista de nombres de egresados. Se levanta a hacerse un café, mira por la ventana de su departamento, se despereza, piensa. Se da cuenta de que su novia no lo llamó en todo el día y que a él no le importa. La noche ganó la calle. Las luces de los autos que van y vienen se confunden entre sí. Le gustaría salir, dar una vuelta. La noche es generosa, piensa, siempre te tira algo. Eso se lo dijo Cynthia, una ex novia, hace tiempo, hace tanto. ¿Qué será de la vida de Cynthia?, se pregunta. Debería salir. Al fin y al cabo, se pasó todo el sábado trabajando. Vuelve a la computadora y se mete en Facebook a ver si alguien organizó algo para ese final de sábado. Contesta dos o tres encuestas, mira un video, revisa las fotos del álbum de un amigo que no ve hace años. Y el álbum de un amigo de ese amigo. Busca en los eventos del día otra vez. Nada que le interese. ¿Y si sale a ver qué pasa, sin nada armado, sin rumbo fijo? No, él no es para ese tipo de salida a lo imprevisto. Puede terminar bajoneado mal, lo sabe. No se le cruza llamar a su novia. O se le cruza pero lo descarta inmediatamente, casi con desprecio. ¿Puede despreciar a alguien con quien durmió hace menos de 24 horas? No, debe ser que está enojado con ella, por lo de la bikini, o cansado. O medio podrido. O que la desprecia, sí. Pone el nombre completo de Cynthia en el buscador de Facebook, la encuentra entre varias opciones, sabe que es ella por la foto, porque está igual, revisa su muro, dice que está en pareja, entonces no le pide que sea su amiga, para qué. ¿Y si invita a salir a Karina Vives? Qué estupidez, si ni siquiera tiene el teléfono. Además ella debe ser como cinco o seis años mayor que él. ¿Le importa? También la busca en Facebook, la encuentra, verifica el año de nacimiento, siete años mayor que él, bueno tampoco es tanto, dice, pero no se atreve a pedirle que sea su amiga. Amiga en esa red social. A veces tiene la sensación de que ella cree que es un pelotudo. Sigue un rato más pensando en ella, revisa su muro en la pantalla, el de Karina Vives, su álbum de fotos; le extraña que no esté restringido sólo a amigos, si se atreviera a decirle que lo estuvo mirando, le aconsejaría que lo restrinja. Pero no le pide su amistad. No, eso no. Reinicia la página para ver si se sumó alguna noticia nueva. Funciona, hay una. Un amigo suyo se unió al grupo “Yo soy Fan de la 99 y odio al agente 86”. Le causa gracia. ¿O le parece un idiota? ¿Se estará convirtiendo él también en un idiota? En Facebook hay grupos de lo que quieras, piensa. Y de lo que no quieras. Grupo de todo. Es entonces que se le ocurre, porque acaba de pensar “en Facebook hay grupos de lo que quieras y de lo que no quieras”. Tipea en el buscador: “Yo fui al colegio San…” y le aparece una lista de 28 posibilidades. Descarta, otra vez, los de nombres de santos comunes y entra en San Ildefonso, San Anselmo, San Jerónimo Mártir y algunos otros. Todos los comentarios son de usuarios que buscan a ex compañeros, intentando organizar reuniones, encuentros, homenajes. Nadie de una generación cercana a Chazarreta. Mientras sigue revisando noticias antiguas, el pibe de Policiales se pone a pensar en su propia escuela secundaria. Le da miedo imaginar que sus ex compañeros estén tratando de juntarse. No le interesa. La escuela secundaria no fue una etapa feliz para él. Dos o tres ex compañeros lo engancharon en Facebook de manera individual, pero él no respondió al pedido de amistad. Si nunca socializó con ellos más que en los recreos y en algunas pocas salidas que siempre le resultaron aburridas, ¿por qué buscarlos ahora? Los busca. Ahí están. Lee los comentarios de varios de ellos y confirma lo mismo que pensaba en ese entonces: él no tiene nada que ver con esa gente ni le interesa saber de ellos. Pero sigue leyendo, y mirando fotos, y pensando “qué manga de boludos”. Vuelve a los colegios a los que podría haber ido Chazarreta y en el San Jerónimo Mártir encuentra un comentario que lo pone alerta. No lo alerta lo que dice -Aguante el San Jerónimo Mártir, carajo-, sino quién lo hace. Es de uno de los miembros del grupo, Gonzalo Gandolfini. Gandolfini. Entra en su muro y se trata de un tipo joven, según dice en su perfil es del 83. No entiende por qué la gente pone su fecha de nacimiento con año y todo, él la omite, y omite la ciudad donde vive y su estado sentimental. Piensa que ese Gandolfini del 83 podría ser pariente del muerto, con suerte un hijo. Busca datos en sus comentarios y amistades, pero no encuentra nada más. Es amigo de otro Gandolfini, Marcos. Entra en el muro de Marcos. También fue al San Jerónimo Mártir, y es de 1987. ¿Hermanos? ¿Primos? Empieza a sospechar que tal vez el colegio sea de esos que conserva familias de generación en generación, colegios que se autodenominan “tradicionales”. Le manda un mensaje a Gonzalo. Hola, cómo estás? Hace tiempo fui amigo de un Gandolfini que fue a este colegio -si el pibe de Policiales supiera el nombre de pila del Gandolfini muerto lo agregaría al mensaje, pero no lo sabe-, un tipo que hoy debe tener unos sesenta años. Luego me fui del país y le perdí el rastro. ¿Lo conocés, es algo tuyo? Era de la camada de Pedro Chazarreta y Luis Collazo. Me gustaría contactarlo. Tengo muchos recuerdos de ellos. El pibe envía el mensaje y espera un rato a ver si llega respuesta. Mientras tanto, pasea por otros muros. Se da cuenta de que es mejor que Gonzalo no sea el hijo de Gandolfini, si lo fuera, no cree que le resulte agradable recibir un mensaje que pregunte por su padre muerto. Pero no se arrepiente de haberlo hecho aun corriendo ese riesgo, es más, siente que está aplicando las enseñanzas de Jaime Brena como nunca. Si Brena vuelve a preguntarle, “¿te disfrazaste alguna vez?”, “¿te hiciste pasar por policía y llamaste a la casa del muerto?”, va a poder contestarle que sí, que empezó a hacerlo. A su modo. Las nuevas tecnologías aportaron miles de disfraces. Pasa el tiempo, el pibe de Policiales empieza a sentir el cansancio de un largo día. Gonzalo Gandolfini sigue sin contestar el mensaje, un chico joven, piensa, debe estar haciendo algún programa de sábado a la noche. Un chico tan joven como él. Pero él, el pibe de Policiales, decide que mejor se va a dormir, que lo más lógico que puede hacer esa noche de sábado que a través de la ventana todavía parece encendida, es cerrar los ojos y descansar.