iza, algo de nube. Algo, dice Brena. Eso…, dice el pibe. ¿Ustedes no escucharon que esta chica acaba de decir que no leyó el libro de Nurit?, pregunta Carmen. Yo tampoco, dice el pibe de Policiales. Pero vos no hiciste una reseña donde la destrozaste, dice Paula y está a punto de largar una carcajada pero con esfuerzo se contiene. Yo no hice esa reseña, aclara Karina Vives. ¿Cómo?, pregunta Nurit y pide que le pasen el porro. Que yo no hice esa reseña, repite Karina y se suena los mocos. No leí tu novela ni hice esa reseña. La firmé, eso sí. Yo acababa de pasar a Cultura, era mi sueño, lo que quise desde que entré en el diario, y Cultura no tenía editor, entonces Rinaldi me dio el puesto, yo no lo podía creer, dice y llora. Y al rato vino y me dio esa reseña y me dijo que la firmara y la publicara, y yo la publiqué. ¿Rinaldi escribió esa reseña?, pregunta Nurit sin salir de su asombro. No, Rinaldi no, su mujer, me dijo que Marisa, ¿se llama Marisa la mujer de Rinaldi, no?, bueno, Marisa, estaba empezando a dar unos pasos en el oficio, pero todavía no quería publicar las cosas con su nombre hasta estar más segura porque todos iban a poner los ojos en ella por ser “la mujer de”. La mujer de un flor de hijo de puta que además tiene próstata, dice Paula y se ríe. ¿Rinaldi tiene próstata?, dice el pibe de Policiales sin dejar de jugar con la ceniza. A veces hacemos reseñas que ya vienen direccionadas, es algo que cada tanto pasa, y hay que bancárselo, en general son para levantar un libro, no para hundirlo, si lo que hay que hacer es hundirlo no se lo menciona, no se habla, se hace de cuenta que no existe. ¿Y por qué pueden querer hundir un libro?, pregunta Carmen y bosteza. Por problemas políticos, o porque el libro habla mal del diario, o porque el libro habla mal de alguien muy relacionado con el diario, o porque el que lo escribió hizo hace un tiempo otra reseña donde destrozaba a un amigo. Qué desilusión, dice Carmen. O porque el escritor o escritora es amante del director del diario, dice Paula y se ríe. Paula…, dice Nurit en un intento vano de que se controle. No sabía que te había pegado tan mal esa reseña, se lamenta Karina. El porro no le hace efecto pero las críticas sí, dice Paula y se tapa la boca como pidiendo perdón. ¿Quién te dijo que me pegó tan mal?, pregunta Nurit. Ellas, dice Karina y señala a las amigas. En una jaauulaa de alaaambre, dice Carmen, y después agrega: perdón. Por eso no leí nunca tu novela, repite Karina, porque no quería saber si lo que había firmado estaba bien o mal. ¿O sea que mi amiga Nurit Iscar se pasó tres años sin escribir por una reseña que le hizo la hija de puta de la mujer del hijo de puta de su amante?, sintetiza Paula Sibona. ¡Paula!, dice Nurit. Perdón, dice Paula y se ríe. Jaime Brena dormita en su sillón y entre sueños parece que hablara con el comisario Venturini. El pibe de Policiales intenta darle la última pitada a un porro que ya no da para más. ¿Da para una última seca?, dice y se estira para agarrarlo. Después de la tuya, la mujer mandó dos o tres reseñas, sigue Karina, y después no volvió a mandar, le pregunté a Rinaldi y me dijo que estaba trabajando para el suplemento de viajes, que ahí se sentía más “en su salsa”, me acuerdo de que usó esas palabras: “en su salsa”. ¿Qué será la salsa para una mujer como ésa, no?, pregunta Paula, porque salsa por salsa no todo es lo mismo, para mí la salsa es tomate y orégano y para otros puede ser otra cosa, es decir, ¿qué será la salsa para una cornuda hija de puta? ¿Sabés que algunos le ponen ceniza a la salsa?, le dice Carmen al pibe de Policiales, que la mira con atención. Y otros le ponen hojitas de marihuana, pero eso sí que te pega mal, dice Paula y se sonríe, una vez comí buñuelos de marihuana, cuenta, pero no puede completar la anécdota porque se empieza a reír y se olvida de lo que quería contar. O sea que, para que no haya más confusiones, todo esto que me pasó fue a partir de una reseña firmada por alguien que no leyó mi libro, concluye Nurit. Te pasó porque dejaste que te pasara, dice Carmen, también nos podrías haber hecho caso a nosotras. Pero ustedes no son críticas, son amigas. Yo te prometo que te la leo, Nurit, yo quiero ser tu amigo, dice el pibe de Policiales y apaga el porro dibujando nubes con la ceniza. Perdón, dice Karina y se suena otra vez los mocos. Nurit no contesta. Increíbles las vueltas de la vida, dice Carmen. ¿Alguien tiene algo dulce?, pregunta Paula, ¿un chocolate, un alfajorcito? Nurit va a la cocina -más que por el dulce, por salir un instante de la escena- y vuelve con dos barras de chocolate y un pote con restos de helado. Le da una de las barras a Paula y muerde la otra. El pibe agarra el pote y la cuchara. Gracias, amiga, dice Paula. El pibe de Policiales, mientras come helado del pote de telgopor, mira a Karina y le dice: El Facebook, a la larga, va a ser la ceniza de la red, acordate de lo que te digo hoy. Jaime Brena ronca. Carmen se acomoda otra vez como para dormir. Paula, mientras muerde el chocolate, le pregunta a Nurit: Ya que estamos, ¿te puedo confesar algo, Betibú? Sí, dice Nurit, ya estoy entregada. ¿Segura, segura? Segura, sí. Bueno, ahora que sabemos que la reseña que te llevó al ostracismo la escribió la mujer de Rinaldi, y que esta pobre chica que tanto hemos puteado no tiene más responsabilidad que la de dejarse cojer por el sistema, dice y se detiene. Sí, seguí, la alienta Nurit. ¿Segura? Segura. A mí, amiga, debo confesarte, me siento en la obligación de confesarte, Sólo si me amas, siempre, siempre, desde el primer renglón al último, me pareció una reverenda mierda. Nurit la mira sorprendida. Carmen intenta incorporarse de su estado anterior al sueño. Paula, estás fumada, la reta, y vos fumada no tenés que confesar nada. Sí, estoy fumada, pero Sólo si me amas es lejos la peor novela de Nurit, vos misma lo dijiste, ¿o no te acordás? ¡Paula!, dice Carmen, yo nunca dije eso, le dice a Nurit, dije que me gustaron más las otras, que no es lo mismo. El pibe de Policiales pregunta: ¿Me parece a mí o Jaime Brena ronca? Paula Sibona insiste: Pero uno tiene derecho a hacer alguna vez algo que le salga para la mierda. O no te acordás de lo que fue mi Nora de Casa de muñecas en el San Martín, que cuando di el golpe en la puerta y me fui, uno del público gritó ¡Pero sí, andate de una buena vez, loca! Y tenía razón. Compuse una loca. ¿O no es una mierda Sólo si me amas, Karina?, le pregunta Paula. Yo no sé, yo no la leí, reitera la chica. Yo la voy a leer, te prometo, dice el pibe. Nurit, yo te lo aseguro, amiga, esa novela es mala, ¿sabés por qué?, porque estabas enamorada, estabas con la cabeza en otra parte, y el amor y el arte no se llevan bien. Sexo y arte sí, pero amor y arte, no. El amor sufriente también. Pero ese amor pelotudo, el de cuchi cuchi amorcito de mi vida, ése no. Yo nunca dije cuchi cuchi amorcito de mi vida, se queja Nurit. Ahora tenés que escribir, sigue Paula sin contestar a la queja, vas a ver cómo te sale una buena novela otra vez. Carmen, desde su posición en el sillón y sin abrir los ojos, se agarra la cabeza y pregunta: ¿Alguien tiene acá un CD de Vox Dei? Nadie le contesta. Y te tengo que confesar algo más, amiga, le dice Paula a Nurit. No, pide Carmen, no confieses más nada. ¿Qué?, dice Nurit. No, no, basta, termínenla, vuelve a decir Carmen, que alguien ponga música, cualquier cosa, pero música. Si no sabés qué voy a decir, se defiende Paula. No importa, seguro que es algo que no tenés que decir, contesta Carmen. Es ahora o nunca, advierte Paula. Nunca, dice Carmen. Decilo, pide Nurit. Que lo diga, dale, dice el pibe de Policiales. Bueno, ¿viste ese pelado con chiva que escribió un artículo donde contaba que cuando se mudó la última vez descartó de la mudanza tu novela Morir de a ratos porque necesitaba espacio y sabía que nunca la iba a leer? ¿Morir de a ratos o Sólo si me amas? Morir de a ratos, te digo. No, no me acuerdo. Te acordás, sí, si te acordás de lo que dice cualquiera, vos. Del pelado no me acuerdo. Ese pelado que se supone que sabe de cine, dice Paula. ¿Se supone que sabe de cine pero escribe sobre literatura?, pregunta Karina, se me ocurren dos o tres, pero no son pelados. No, bueno, no me acuerdo, dice Nurit, pero qué pasa. Bueno, ése, dijo una vez que en cada mudanza aprovechaba para hacer limpieza de libros, que sólo se llevaba los que valían la pena y que en la última mudanza dejó tu libro Morir de a ratos con plástico y todo, como lo recibió de la editorial, porque sabía que en su puta vida lo iba a leer. Lo de “puta” vida es un agregado mío, aclara Paula. No me acuerdo, repite Nurit. Bueno, nosotras sí, nos acordamos entonces y nos seguimos acordando ahora, y ¿sabés lo que hicimos? ¿Hace falta contarle?, pregunta Carmen. Le mandamos un nuevo ejemplar firmado por vos, o por nosotras con tu nombre, claro, con la siguiente dedicatoria: Para que repongas el ejemplar que perdiste en la última mudanza, pelado. Paula se ríe. Perdón, dice Carmen. Perdón, perdón, dice Paula. No lo puedo creer, dice Nurit y le saca el pote de helado al pibe. No lo puedo creer, vuelve a decir, ¿de cuántas cosas más me voy enterar esta noche? El pibe se tira sobre la alfombra. Cómo ronca el maestro, se queja y él también cierra los ojos. Perdón, dice otra vez Carmen. De esta loca, no me extraña, pero de vos…, le contesta Nurit. Paula se ríe y dice: No deja de ser un piropo que a una la llamen loca; la locura enciende. Ojo con la ceniza, dice el pibe, y se ríe. ¿Te podés callar un poco?, dice Nurit, a vos no, le dice al pibe, a Paula le digo. Paula obedece. Carmen y Karina, como si la orden hubiera sido también para ellas, se mantienen calladas esperando los próximos pasos de Nurit. Betibú rasca el pote de telgopor con la cuchara hasta sacar el último resto de helado que queda. Después le pasa la lengua a la cuchara y mientras lo hace deja el pote vacío sobre la mesa. Luego emboca de un tiro la cuchara dentro. Se para, mira a los que están despiertos y dice: Yo me voy a dormir a una cama. Da dos pasos y se vuelve: ¿Y saben qué? Lo haya escrito quien lo haya escrito y me haya hecho lo que me haya hecho, o me haya hecho yo lo que me haya hecho yo… Deja un espacio como para crear suspenso y después remata: Sí, Sólo si me amas es un libro de mierda; por lejos, lo peor que escribí. Nunca hay que escribir con la concha.