Выбрать главу

– Parece que algo hay… pero contáme de Vallejos ¿no la viste a mi mamá?

– Sí, la vi por la calle, iba con su papá, que sigue flaco ¿qué tiene que anda caminando tan despacio?

– Está muy enfermo, Raba, parece que se nos va a ir. Tiene cáncer, pobrecito mi papá. ¿Estaba muy flaco, Raba?

– Sí, pobre señor, la piel y los huesos.

– ¿Adónde iban, no sabés?

– Irían al doctor… Y tu mamá me dio el teléfono tuyo.

– Ah, fue ella.

– Y me pidió que a ver si usted le contestaba si le iba a mandar la plata o no. Me dijo tu mamá que te compraste el juego de living y por eso no le querés mandar la plata.

– ¿Y a Celina no la viste? ¿con quién anda?

– No sé si anda con alguno, dicen que a la noche ella siempre sale a la puerta de la casa, y siempre alguno pasa y se queda conversando con ella.

– ¿Pero se sabe algo seguro?

– Todos dicen que es fácil la Celina, pero nadie le ha hecho un hijo. Si le hacen un hijo después la gente no la va a saludar como me hicieron a mí.

– ¿Y a Juan Carlos no lo viste?

– Sí, anda siempre vagueando por ahí. No trabaja en nada. Y dicen que ahora anda de nuevo con la viuda Di Cario. ¿Vos no sabías?

– ¿Quién te lo dijo?

– Y… lo andan diciendo todos. ¿No puedo ir a tu casa un día de visita?

– Raba, sí, tenés que venir un día a visitarme, pero no vengas sin llamarme antes.

– Sí, te voy a llamar, si es que no me van a echar porque me pasó eso.

– ¿Qué decís?

– Sí, que no me casé y ya tengo un hijo.

– No seas sonsa, Raba, me enojo si decís esas cosas. Lo que sí cuando vengas te voy a decir unas cuantas sobre ese sinvergüenza.

– ¿Quién, Juan Carlos? ¿o el doctor Aschero?

– No, el sinvergüenza que te encajó un hijo.

– ¿Usted cree que lo hizo de malo? ¿no será que él tiene miedo de que lo echen de la Policía si se casa con una como yo?

– Ya te voy a abrir los ojos, Raba. Vos llamáme la semana que viene y vamos a charlar. Hasta uno de estos días Raba, llámame.

– Sí, señora, yo la llamo.

– Chau, Raba.

– Muchas gracias, señora.

Sentada en la cama, Nené queda un momento en silencio esperando oír pasos de su esposo, detrás de la puerta cerrada. El silencio es casi total, el tranvía de la calle corre por sus rieles. Abre la puerta y lo llama. No hay respuesta. Va hasta la cocina y allí lo encuentra leyendo el diario. Le reprocha que no le haya contestado. Él a su vez se queja de que lo moleste siempre que lee el diario.

*

– Hola…

– Es la Raba.

– Sí, qué decís.

– ¿Quién habla? ¿ la Nené?

– Sí ¿cómo andás? ¿de dónde hablás?

– Del mismo teléfono del bar ¿y su marido?

– Bien. El otro día hablamos de tantas cosas y ni me dijiste dónde es que estás trabajando.

– En una fabrica, Nené. No me gusta, yo quiero volverme a Vallejos.

– ¿Dónde vivís?

– En una pieza, con una amiga de mi tía que fue la que me trajo para acá. Ella ya del año pasado que trabaja en la fábrica de jabón. ¿Usted no quiere ser patrona mía?

– ¿Acá en mi casa querés decir? No, cuando tenga un chico sí voy a necesitar ayuda, pero ahora no. Mi marido ni siquiera viene a almorzar los días de trabajo.

– ¿Quiere que la vaya a visitar?

– Hoy no, Raba, porque tengo que salir. Pero un día quiero que vengas, así ves la casa. Lástima que mamá no me puede ver la casa, con el juego nuevo de comedor y el living, pocos tienen en Vallejos una casa como la mía, mamá no se la imagina.

– La Teresa hoy domingo se fue por ahí con otra vieja como ella que no me quiere, me invitaron pero la otra siempre se ríe de que no sé cruzar la calle, para eso mejor me quedo sola.

– Mi marido se fue a la cancha a ver el partido, pero después yo voy a ver si me lleva a alguna parte si no te decía que vinieras.

– ¿Y un ratito ahora? ¿A qué hora viene él?

– Y no, Raba, porque si después te ve acá, va a pensar que ya me entretuve el domingo con algo y no va a querer salir.

– ¿Adónde te va a llevar?

– Al cine o al teatro, y lo principal es que no tenga que hacer cena, me aburro de cocinar todas las noches y a dormir enseguida.

– ¿Adónde queda la casa de usted? ¿queda lejos de donde yo estoy? Si usted quiere venir acá, es la pieza que tiene delante una maceta grande de espina de Cristo, hay unas plantas de grandes en el patio… y hacemos un mate. Y le corto un gajo de la Espina de Cristo.

– No, Raba, te agradezco pero mi marido no quiere que salga sola.

– Y te cuento todo de la niña Mabel…

– ¿Qué hizo?

– Nada, que antes de venirme yo se apareció el novio a visitarla, se fue desde Buenos Aires para verla. Es petiso, alto igual que la niña Mabel, tiene que andar de taco bajo ella ahora.

– ¿Se comprometieron?

– No, si no ya lo hubiese andado diciendo, porque después del lío de Don Sáenz ya no tienen mucho para darse corte por ahí. ¿Y querés que te cuente algo del doctor Aschero?

– ¡Raba! ya ni me acuerdo de ese sinvergüenza.

– ¿Y tu marido no te dijo nada?

– ¿De que?

– Y… de nada.

– Contáme más de Mabel, ¿qué es el novio?

– Cuando la niña Mabel estaba acá en Buenos Aires la señora me contaba que había conocido a un muchacho que la pretendía pero que a la niña Mabel no le gustaba, que no tenía carácter.

– ¿No te acordás si era maestro el muchacho?

– Sí, me parece que sí que la Mabel decía que tenía un trabajo de mujer… Y yo mientras le pude seguir dando la teta al nene me quedé en Vallejos, mi tía por más que me dijera yo no me iba a venir. ¿Estará bien abrigadito ahora que empieza el frío?

– Claro, cómo no va a estar…

– Nené, yo lo quiero ver al Panchito. ¿Cuándo lo viste vos?

– Cuando tenía un mes.

– Y no viniste más al rancho, ni vos ni la niña Mabel vinieron más, yo te esperaba siempre y vos nunca más viniste. ¿Y tu marido adónde te va a llevar?

– No sé, Raba. Además ni siquiera estoy segura de que vamos a salir, vos llamáme pronto, Raba, otro día ¿eh?

– ¿Y le mandaste la plata a tu mamá o no? Porque yo no te dije nada pero tu mamá me contó todo.

– ¿De que?

– Que vos primero le dijiste que le ibas a mandar plata para hacerle el tratamiento a tu papá en el sanatorio pago, y ahora tienen que ir al hospital.

– Pero mi mamá me dijo que lo mismo lo habían atendido bien en el hospital, y yo por más que quiera no puedo porque me metí en los gastos del living. Y lo mismo después por capricho ella lo pasó de nuevo al sanatorio, eso vos no lo sabés, y qué tanto, que saque la plata de la libreta ¿acaso los ahorros no son para eso?, para un caso de necesidad.

– Ella me dijo que vos eras mala con tu papá, y que te iba a escribir más. ¿Te escribió?

– Sí que me escribió.

– ¿Y cuándo te voy a ver?

– Llamáme pronto. Chau, Raba.

– Chau.

Pese al dolor de cabeza y al creciente malhumor se dispone a hacer la cama, por segunda vez en el día, como todos los domingos. Su marido deshace la cama después del almuerzo, todos los domingos y feriados, para acostarse antes de ir al partido de fútbol, hecho que provoca discusiones no sólo relacionadas con el trastorno de rehacer la cama. Nené reflexiona y trata de conformarse pensando que afortunadamente sólo domingos y feriados él viene a almorzar.