Antes de poder pensar en una lista de por qué sería un gran error aceptar, dijo:
– Conozco a gente en la ciudad y puedo hacer que la carrera se celebre.
– Es genial. Te debo una. Lo que sea, Josh. Lo digo en serio -Steve se detuvo-. ¿Vas a montar?
No. No podría competir ni contra un niño de cinco años subido en una bici de ruedines. No estaba preparado. Si aceptaba, no haría más que humillarse a sí mismo delante de los mejores ciclistas; se correría la voz y todo el mundo sabría que tenía miedo y que era un perdedor.
– ¿Josh?
«¡Al infierno con todo!», pensó agarrando con fuerza el teléfono.
– Claro -dijo esperando sonar natural y no aterrorizado-. Participaré en la carrera.
Diez
– Está claro que el dinero desaparecido es nuestra principal preocupación -dijo Marsha desde su puesto en la cabecera de la mesa-. Esta mañana he recibido una llamada muy desagradable del gobernador y no es una experiencia que quiera repetir -suspiró-. No te culpo, Robert, es sólo que estoy frustrada.
– Yo también -dijo él-. Has contratado a un auditor y estará aquí la semana que viene. Mientras tanto, ya hemos empezado con nuestra propia investigación. Setecientos cincuenta mil dólares es mucho dinero como para que se pierda.
Charity oyó la preocupación en su voz y comprendió el motivo. Él era el tesorero y el dinero había desaparecido bajo su supervisión. Tenía que estar desesperado. Ella deseaba poder ayudar, pero su pericia en el tema se limitaba a una única clase que había dado en la universidad y que había aprobado por los pelos. Las Matemáticas no eran lo suyo.
La reunión de la mañana había empezado justo a tiempo, con varios temas que tratar en el orden del día. Charity disfrutó con el repaso de todo lo que sucedía en el mundo de Fool's Gold.
Por lo general, los temas se discutían en orden, pero durante la última media hora Pia había estado moviéndose en su silla, impacientada.
Marsha tomó unas notas en una libreta y miró a Pia.
– ¿Supongo que no estarás intentando decirme que necesitas ir al baño?
– No.
– Entonces, ¿por qué no nos cuentas la que, obviamente, debe de ser la noticia más emocionante de la historia?
Pia sonrió.
– Puedo esperar mi turno.
– Tal vez, pero entonces enfadarás tanto a una de las miembros del Ayuntamiento que acabará matándote. ¿Qué pasa, Pia?
Pia se aclaró la voz.
– ¿Recordáis que la carrera de bicis que perdió el sponsor y no tenía donde celebrarse? ¡Es nuestra! He hablado con los jefes del comité y están muy emocionados con la oportunidad de celebrar el evento en nuestra ciudad. La carrera de bicis es sólo un día, pero hay también un torneo de golf con famosos. Estamos hablando de tres, o tal vez cuatro, noches de alojamiento en la ciudad.
Se detuvo mientras los miembros del consejo se miraban unos a otros y murmuraban.
– Es impresionante -dijo Gladys-. ¿Cuatro noches? Estamos hablando de muchos ingresos.
– Va a ser una pesadilla logística -dijo Alice-. Necesitaré permisos y dinero para contratar empleados temporales que ayuden a controlar las masas.
– Dame una cantidad aproximada -le dijo Marsha-. Pia, ¿tienes preparado un informe completo?
– Me acabo de enterar esta mañana. Te lo daré mañana, aunque gran parte del trabajo preliminar ya está hecho. Celebramos el torneo de golf el año pasado, así que nos basaremos en esa planificación. Luego llamaré a Josh para tantear un poco cómo será la carrera.
Gladys entrecerró los ojos.
– ¿Es eso lo único que vas a tantear?
– No todo el mundo está enamorado de Josh -le dijo Pia a la mujer.
– Dime una mujer que no sienta nada por él.
La mayoría de las mujeres se rieron y Charity hizo todo lo que pudo por fingir que le hacía gracia el comentario sin llamar la atención.
Las imágenes de la noche anterior aún ardían en su memoria. No podía creer lo que había pasado, lo que había hecho. Ella nunca en su vida se había mostrado tan salvaje, tan desinhibida, y, sin duda, nunca había hecho el amor con un hombre al que apenas conocía.
Y aun así… no podía lamentarlo. No sólo porque la experiencia física había sido increíble, sino porque cuanto más tiempo pasaba con Josh, más le gustaba.
Ahora, mientras Pia entraba en más detalles de la carrera, Charity se preguntaba cómo se tomaría él la noticia. Seguro que se disgustaría. Se hablaría de su pasado y la prensa incluso querría entrevistarlo. Además, ver a todos esos ciclistas en la ciudad le recordaría todo lo que se había visto obligado a abandonar.
Si fuera otra persona, le sugeriría que se marchara de la ciudad ese fin de semana y evitara todo ese circo. Pero Josh no lo haría. Él se quedaría, se mostraría accesible y no dejaría que nadie viera cuánto estaba sufriendo por dentro.
– Hay más -dijo Pia con los ojos llenos de emoción-. Me he guardado lo mejor para el final.
– No estoy seguro de que pueda haber algo mejor -le dijo Marsha.
– Pues lo hay. Josh correrá en la carrera. Regresará al ciclismo aquí, ¡en Fool's Gold!
La conversación estalló. Todo el mundo hablaba con todo el mundo e incluso Alice parecía feliz con la noticia. Charity hizo lo que pudo por participar del momento, pero le resultaba difícil asimilar la información. ¿Josh iba a competir? ¿Cómo podría hacerlo?
Había oído el dolor en su voz cuando le había hablado del accidente y de su incapacidad de montar con nadie. ¿La carrera no implicaría un entrenamiento y una exposición? ¿No vería toda la ciudad lo que estaba haciendo?
Mientras se formulaba esas preguntas, se preguntaba si ésa era la cuestión. Si había decidido enfrentarse al problema de lleno y tenía éxito, sería un momento impresionante. Pero si fracasaba, el mundo lo sabría. No sabía si debería admirarlo por ello o decirle que pensara en ir a una terapia.
Marsha hizo una llamada al orden y se reanudó la reunión. Cuando terminó, Charity se aseguró de salir de la sala con Robert. Tenían un asunto a medias.
– Anoche lo pasé genial -dijo él mientras recorrían el pasillo-. ¿Qué vas a hacer este fin de semana?
Ella se estremeció por dentro y esperó a haber entrado en su despacho antes de hablar.
– Gracias por invitarme, tienes una casa preciosa. Sobre todo el jardín. Pero la cuestión es que, aunque me encantaría que fuéramos amigos, no nos veo teniendo una relación sentimental.
– No lo comprendo. Creía que anoche lo pasaste bien.
– Y lo pasé bien -fue una mentira piadosa.
– ¿Hay alguien más?
– No.
Eso no era una mentira. Sí, cierto, Josh y ella habían tenido una noche salvaje, pero eso no suponía una relación porque después de todo, no estaba enamorada de él.
– La primera vez que salimos, pensé que estaba preparada para tener una relación -dijo ella-. Pero no lo estoy. Estoy ocupada con el trabajo y con instalarme. Eres genial, Robert, y sé que encontrarás a alguien.
– En esta ciudad encontrar a alguien es muy fácil -dijo más confundido que enfadado-. Supongo que lo entiendo. Creía que eras especial, Charity, y por eso quería conocerte más.
– Te lo agradezco.
– ¿Estás segura?
– Lo estoy.
– De acuerdo.
Y se marchó. Ella volvió a su mesa aliviada por que no hubiera sido una situación tan desagradable y aprendiendo una lección: las relaciones amorosas con alguien del trabajo son difíciles por naturaleza y debería evitarlas.
«Josh no trabaja en el Ayuntamiento», le dijo una vocecita. Un punto interesante, pero no importante, se dijo. Josh era una fantasía y ella buscaba alguien real… Aunque… el modo en que se había sentido en sus brazos la noche anterior le había resultado de lo más real.