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Ella respiró hondo.

– Cuando estaba en el primer año de instituto, volvimos a trasladarnos. Le dije que ésa sería la última vez, que quería graduarme en una escuela a la que hubiera asistido durante al menos un año. Le hice prometérmelo -se resistió a ese recuerdo, pero estaba ahí, rodeándola por todas partes.

– ¿Mantuvo la promesa?

– No. Se marchó y yo me quedé. Tenía un trabajo y el alquiler de nuestra caravana era barato. Me enviaba dinero de vez en cuando y logré graduarme con mi clase, con mis amigos, y enviar solicitudes para las universidades sabiendo que seguiría en la misma dirección cuando me enviaran respuestas. Pero ella no…

Charity sintió un ardor en los ojos, pero contuvo las lágrimas. No lloró. Ceder ante el llanto no serviría de nada.

– No vino a mi graduación. Estaba demasiado lejos y no tenía dinero. Me dije que no pasaba nada, pero no era así. Quería que alguien estuviera allí, alguien que pudiera verme dar ese paso tan trascendental en mi vida. Ni se molestó ni me dijo que había alguien a quien sí le habría importado, alguien que habría querido estar conmigo en ese momento. Me arrebató esa oportunidad sin ningún motivo. ¿Cómo puedo decirle lo furiosa que estoy con ella si está muerta?

Josh volvió a hacer un intento de abrazarla y en esa ocasión, Charity se dejó rodear por sus brazos. Tal vez él no tuviera las respuestas, pero era cálido y fuerte y por unos minutos ella pudo fingir que todo saldría bien.

Josh le acarició el pelo y deslizó la mano sobre su espalda. Ella apoyó la cabeza sobre su hombro e inhaló su aroma.

– Mi madre también se marchó cuando yo tenía diez años.

Charity recordaba que Marsha le había contado la historia. Se retiró lo suficiente para poder mirarlo a los ojos.

– Lo siento. No debería estar lloriqueando y quejándome.

– No lo haces -le rodeó la cara con las manos-. Lo que digo es que comprendo lo que es que te abandone la persona que más debería amarte del mundo. Para cuando fui lo suficientemente mayor como para ir a buscarla, ya era demasiado tarde. Había muerto. Estaba furioso, más que furioso. Quería verla castigada, quería que pagara por lo que me hizo, pero sobre todo quería que me dijera por qué. ¿Por qué las otras madres renunciaban a todo por sus hijos y ella ni siquiera pudo quedarse a mi lado? ¿Era por mí? ¿O era ella?

Charity vio dolor en sus ojos y unas preguntas que jamás tendrían respuesta.

– Con el tiempo acabas haciendo las paces con esa sensación y sigues adelante.

Tal vez, pensó ella, pero esa herida dejaba una cicatriz y esa cicatriz a veces dolía.

Se puso de puntillas y lo besó con delicadeza y suavidad. Él respondió del mismo modo. Ella cerró los ojos y se perdió en el calor que invadió su cuerpo. ¡Eso sí que era una reacción química!

Josh bajó las manos hasta su cintura y de ahí pasó a sus caderas. La acercó más a sí y ella se dejó llevar. Separó los labios y el beso se hizo más intenso, se entregó a la agradable sensación de sus lenguas acariciándose y al modo en que la sangre le recorría el cuerpo.

El deseo comenzó a acumularse en su vientre y de ahí se movió en espiral en todas las direcciones. Sus pechos se resintieron y entre las piernas pudo sentir una mezcla de tensión y humedad. De excitación.

Josh cubrió sus nalgas con sus manos y la hizo arquearse hacia él. Charity sintió su excitación contra su vientre y el recuerdo de cómo había sido tenerlo dentro, de lo que le había hecho a su cuerpo, la hizo gemir. Él coló las manos bajo su jersey de manga corta y sus dedos tocaron su cálida piel desnuda moviéndose deliberadamente sobre sus costillas para después cubrir sus pechos por debajo del sujetador.

Sus caricias eran perfectas, pensó Charity mientras él rozaba sus tersos y sensibles pezones. Charity cerró los labios alrededor de su lengua y succionó. Y entonces fue él quien gimió, pero en lugar de empezar a despojarse de sus ropas, se apartó, la agarró de la mano y la llevó al dormitorio.

La enorme cama dominaba el espacio del dormitorio compuesto por un armario, un escritorio y unas vistas magníficas de los exuberantes jardines. Pero a ella no le interesaba nada de eso; no mientras Josh la despojaba del jersey, seguido del sujetador, dejándola desnuda de cintura para arriba. Después se quedó delante de ella, contemplando sus pechos.

– Eres preciosa -le susurró antes de agacharse, tomar su pezón en la boca y acariciarlo con la lengua provocando en ella varias oleadas de placer. Charity sintió una sacudida de calor y humedad entre las piernas al mismo tiempo que él mordisqueaba la cúspide de su pecho y le producía un cosquilleo con el roce de su barba.

Charity tuvo que aferrarse a él para evitar caer sobre la moqueta y cuando Josh pasó al otro pecho y repitió el proceso, vio que le costaba respirar.

«Más», pensó. Quería que estuvieran desnudos y tendidos en la cama. Había llegado el momento de tener más.

Tiró de su camiseta lanzándole una indirecta no demasiado sutil y él se la quitó con un fluido movimiento. Charity se quitó las sandalias mientras él se desabrochaba los pantalones y ella acariciaba su torso desnudo formado por unos definidos músculos que parecían roca. Josh era una belleza masculina finamente esculpida, pensó al inclinarse para besar su torso y antes de comenzar a besar sus pezones.

Los acarició con la lengua hasta que él tomó su cara entre las manos, la alzó y la besó en la boca. Al instante, ya estaban desprendiéndose de la poca ropa que les quedaba encima. Cuando estuvieron desnudos, la agarró por la cintura y se dejaron caer sobre la cama.

Ella cayó de espaldas y él a su lado. Josh se agachó para volver a besar sus pechos, pero en esa ocasión, mientras tomaba sus pezones en la boca, posó una mano sobre su vientre.

Charity movía las piernas, impacientada, y su atención estaba dividida entre lo que Josh estaba haciéndole con la boca y el camino que estaban trazando sus dedos hacia abajo…

Cuando se situaron entre sus piernas, ella separó los muslos para entregarse a él y contuvo el aliento al sentir cómo esos dedos se deslizaban sobre los pliegues de su piel y encontraban su centro húmedo e inflamado.

Ese hombre tenía un fabuloso sentido de la orientación, pensó Charity mientras Josh exploraba ese terso y sensible punto. Primero lo acarició haciendo círculos sin llegar a tocarlo directamente; alrededor y despacio para impacientarla. Después lo rozó levemente con un dedo y ella se estremeció. Y cuando volvió a hacerlo, Charity supo que le daría un placer que podría llegar a hacer que el mundo se sacudiera.

Pero en lugar de seguir, Josh se situó entre sus piernas y la besó; el roce de sus labios y el tacto de su lengua unidos a la ligera sensación de escozor provocada por su incipiente barba, conspiraron contra el poco autocontrol que le quedaba.

La recorrió una descarga eléctrica en ese primer segundo de contacto y una deliciosa sensación acabó con cualquier atisbo de timidez. Charity separó más las piernas y arqueó las caderas en una clara invitación. Una invitación que él aceptó.

Josh deslizó la lengua sobre cada centímetro de su piel, la hundió en su inflamado centro y regresó a ese exquisito punto de placer cerrando los labios a su alrededor.

Charity podía sentir cómo iba acumulándose la tensión dentro de ella, una tensión que aumentó hasta que no le quedó más opción que dejarse llevar y sumirse en un intenso clímax. Se agarró a las sábanas, sacudió la cabeza de un lado a otro y apretó los dientes para evitar gritar.

Josh siguió con sus caricias hasta dejarla sin aliento y, cuando la última sacudida de placer había amainado, se puso de rodillas, abrió un cajón y se colocó un preservativo. Después, se adentró en ella, llenándola, tomándola con intensidad, completamente, mientras Charity se aferraba a su cuerpo.

Más tarde, cuando los dos volvían a respirar con normalidad y estaban tumbados el uno al lado del otro, los ojos verde avellana de Josh se iluminaron de satisfacción mientras ella trazaba la forma de sus labios con su dedo.