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– Bueno… que tengas buen viaje. -Me di cuenta de que su voz se habia tornado triste. Mire hacia la pared opuesta. Pense en la soledad que me aguardaba. Un exiliado viviendo en un pais extrano… No hablaba ningun idioma aparte del propio. Que diferente habria sido con Jenny a mi lado. Y con todo ese dinero, podriamos llevar una vida maravillosa juntos. Todo esto pasaba por mi cabeza cuando dijo-: Supongo que habra sol donde estas tu. Aqui sigue siempre tan deprimente. A veces, echo de menos el sol.

Pense en como me divertiria ensenandole Hong Kong, luego, con un sentimiento de depresion comprendi que ya era demasiado tarde. No podia decirle «Ven conmigo». Ademas, ella todavia no podia andar. No… era demasiado tarde, tendria que salir pocos dias despues del robo, quizas el lunes siguiente. Seria demasiado peligroso quedarme.

– Aqui el sol es maravilloso -dije, y desee no haberla llamado-. Te escribire, Jenny. Bueno, ya es tarde. Cuidate.

– Y tu tambien.

Hablamos unos segundos mas y luego corte. Me quede alli sentado, mirando la pared. «?Estare enamorado de ella?», me pregunte. Quiza le escribiera cuando estuviera seguro en Suiza, y le diria lo que sentia por ella. Le pediria que fuera a verme para poder hablar de ello. Le enviaria el pasaje de avion. Sentia que iria.

Mire la hora: todavia me quedaban dos horas y tres cuartos de espera. No podia permanecer mas tiempo en el apartamento asi que sali y fui a Interflora, que estaba abierto hasta tarde. Ordene que enviaran unas rosas a Jenny con una tarjeta donde le decia que permaneceria en contacto con ella. Como sabia que debia comer algo, fui hasta el Hotel Spanish Bay. Pedi un sandwich de salmon ahumado y un vaso de vodka puro.

Uno de mis clientes, Jack Calshot, un rico accionista, se sento conmigo. Hablamos de cosas diversas. Me dijo que estaba buscando un brazalete de esmeraldas y rubies y me guino un ojo:

– No es para mi esposa, ?me entiende? Encontre a una muchacha muy entusiasmada, pero necesita algo. ?Tiene alguna cosa asi, Larry?

Le dije que no habria problema y que pasara por la tienda al dia siguiente.

Pase otra hora escuchando su charla. Era un hombre interesante, pues siempre me daba buenos consejos sobre el mercado. Pero en mi interior pensaba que todo aquello cambiaria muy pronto: un nuevo cambio de escenario. Me pregunte si haria amigos en Suiza. Por lo que habia oido, los suizos no eran muy amigos de los extranjeros, pero podria encontrar alguna colonia norteamericana para entablar relaciones.

Por fin, las agujas del reloj marcaron las diez menos cuarto de la noche. Me despedi de Calshot, que prometio pasar por la joyeria alrededor de las diez. Cuando subi al Buick, pense en Fel y me sobresalte. Un golpe en la cara puede ser doloroso. No es facil ganar un millon de dolares, me dije.

Llame al timbre del portal de Sydney y vi a Claude salir del ascensor, mientras Lawson venia a abrirme la puerta.

Ambos me saludaron cuando Lawson me abrio.

Lawson volvio presuroso a la porteria, porque seguramente estaria viendo un buen programa en la television, y Claude me dijo:

– El senor Sydney esta muy excitado esta noche, senor Larry. Me ha costado convencerle de que cenara. Espero que usted consiga calmarle.

Cuando pense en lo que iba a suceder me dije que seria imposible.

– Hare lo que pueda, Claude -le prometi-. Buenas noches. -Y tome el ascensor hasta el apartamento. Sali del ascensor y baje por las escaleras sin hacer ruido. Llegue al vestibulo, me detuve, mire en todas direcciones y cruce rapidamente hasta la puerta de entrada, descorri el pestillo y volvi a subir la escalera. Tal como habia pensado, no habia tenido problemas para destrabar la puerta de la entrada. Al llegar a la puerta del apartamento de Sydney, hice girar la manecilla y comprobe que estaba abierta. Volvi a cerrarla y llame al timbre.

Sydney aparecio en la puerta en un segundo, abriendola de par en par.

– ?Entra, mi querido muchacho! -exclamo, con la mirada iluminada- ?Fue horrible la cena?

– Bastante. -Cerre la puerta y, cogiendole del brazo, fuimos al salon. La puerta habia quedado destrabada-. Ella vacilaba. No creo que su marido quiera gastar todo ese dinero. Pero me he encontrado a Calshot y me ha dicho que estaba buscando un brazalete de rubies y esmeraldas. Pasara manana… Una nueva amiguita.

– No perdamos tiempo hablando de el… Ven a ver mis disenos.

Mientras le seguia hasta el escritorio, mire la hora. Eran las diez y diez. Veinte minutos mas y todo habria acabado. Me di cuenta de que estaba sudando y saque el panuelo para secarme las manos.

– ?Mira! -Extendio los disenos sobre la mesa-. ?Que te parece?

Me incline sobre ellos, casi sin mirarlos.

– ?No crees que este es maravilloso? -Coloco su dedo largo y artisticamente formado sobre el segundo diseno.

Me esforce por observarlo. Durante unos segundos, examine los disenos. Se habia superado a si mismo. El segundo diseno que me senalo era lo mejor que habia visto en mi vida.

Me incorpore.

– Sydney, eres un genio. No hay duda de ello. ?Este es el mejor! Es de primera y si no puedo venderlo por dos millones dejare de llamarme Carr.

Sonrio, resplandeciente.

– Sabia que tenia que ser el bueno, pero ahora que lo dices…

– Comparemoslo con el collar.

Parecio sorprendido.

– ?Por que?

– Quiero comparar la talla de las piedras con tu diseno. -Comence a hablar con voz ronca y tuve que hacer una pausa para reponerme.

– Claro… si…

Se volvio, atraveso la habitacion, saco el Picasso y efectuo los movimientos secretos que abrian la caja.

Mire la hora: quince minutos mas.

Trajo el collar y lo puso sobre la mesa.

– Sientate, Sydney, y comparemoslo.

Rodeo el escritorio y se sento; yo me situe a su lado y estudiamos juntos el collar y luego el dibujo.

– Es maravilloso -dije-. Has captado extraordinariamente el espiritu de las piedras. ?Te imaginas como sera cuando Chan lo termine? Casi no puedo esperar a llevarselo.

Se volvio en su silla.

– ?Cuando puedes partir?

– El lunes. Manana ire a la agencia de viajes. Llegare a Hong Kong el miercoles. Tendre que pasar una semana con Chan, para asegurarme de que lo empieza bien, y luego regresare.

Asintio.

– Muy bien. ?Cuanto tiempo crees que tardaras en venderlo?

– No lo se, es algo dificil. Ya estoy preparando una lista de nombres. Chan tardara dos meses en hacerlo. En cuanto el termine, empezare yo.

– ?No puedes darme una idea?

Le mire, sin entender muy bien a que se referia.

– No lo creo, Sydney. Podria tardar un mes, u ocho meses. Dos millones no es ninguna broma.

Se movio en la silla.

– Veras, Larry, he asegurado el collar durante nueve meses. Puedo conseguir un precio especial durante ese tiempo, pero la cuota es bastante alta. Si no se vende en esos nueve meses, tendre que pagar mas, y no quiero hacerlo.

Me quede pasmado.

– ?Lo has asegurado?

– Por supuesto, querido. ?No pensarias que iba a dejarte ir a Hong Kong con el collar sin asegurarlo! Podria sucederte cualquier cosa. Hasta podrian robartelo. ?Podria haber un accidente, Dios no lo quiera! Tres cuartos de millon es mucho dinero para arriesgarlo.

– Si. -El corazon me latia con fuerza-. ?Y con quien lo has asegurado?

– Con nuestra gente… la National Fidelity. ?Tuve una pelea terrible con ese asqueroso de Maddox! ?Le odio! ?Es tan materialista! Al final, tuve que hablar con uno de los directores para conseguir un descuento. Maddox queria cobrarme casi el doble.

?Maddox!

Yo tambien habia tratado con aquel hombre y sabia que era uno de los mas duros, dificiles e inteligentes asesores de reclamaciones del negocio: un hombre que olia un crimen incluso antes de que se hubiera planeado. El y su ayudante, Steve Harmas, habian resuelto mas estafas de seguros y detenido a mas estafadores que todos los demas asesores juntos.

Como sabia que me habia puesto palido, camine lentamente hasta la espectacular ventana sin cortinas.