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Mi mente estaba petrificada de terror. ?Tenia que detener el robo! ?Pero, como? Mi cerebro se negaba a trabajar, pero sabia que seguir adelante seria fatal con Maddox cerca.

Por inteligente que fuera la policia de Paradise City, no podia compararse con Maddox. Recorde un caso en el que el Jefe de la Policia, Terrell, se alegro de colaborar con el investigador de Maddox, Steve Harmas, y habia sido Harmas quien habia resuelto el robo del collar de Esmaldi y tambien un crimen.

– ?Que ocurre, Larry?

– Me ha venido la jaqueca, maldicion. -Me sostuve la cabeza con las manos mientras pensaba que hacer. Luego, descubri lo absurdamente facil que era detener el robo. Lo unico que tenia que hacer era salir al vestibulo, poner la traba Yale en la puerta y Rhea y Fel no podrian entrar.

?Que podian hacer? ?Que podian hacer excepto irse y maldecirme cuando volvieramos a vernos?

– Te traere una aspirina -dijo Sydney, poniendose de pie-. Nada como eso, querido.

– Esta bien. -Comence a caminar hacia la puerta-. ire yo. ?Estan en el armario del bano, no?

– Dejame…

Entonces, la puerta se abrio de golpe y supe que ya era demasiado tarde.

Dias despues, cuando repasaba aquella noche, comprendi por que la operacion me habia estallado en la cara.

La culpa era totalmente mia. A pesar de todas las horas de reflexion y cuidadoso planeamiento, me habia equivocado por completo sobre la reaccion de Sydney en circunstancias extremas. Estaba seguro de que aquel maricon tendria el coraje de una mosca y de que se pondria a temblar ante cualquier amenaza de violencia. Si no hubiera juzgado erroneamente su valor no me encontraria como me encuentro hoy, pero estaba convencido de que Sydney no crearia problemas y jamas me detuve a pensar en esa parte tan vital del plan.

Me dirigia hacia la puerta y Sydney se levantaba de su mesa cuando se abrio la puerta y entraron Fel y Rhea.

Fel llevaba la peluca de Beatle y las gafas de espejo, ademas de una Colt automatica de aspecto aterrador en la mano. Detras de el, con el cabello rojizo oculto bajo un panuelo negro y el rostro escondido tras un par de inmensas gafas plateadas, tambien Rhea aparecio amenazadoramente con una 38 automatica en la mano enguantada.

– ?No se muevan! -grito Fel, con voz aterradora-. ?Levanten las manos!

Me movi hacia el. Trate de detenerme pero mis piernas seguian avanzando. Estaba casi sobre el cuando me golpeo. Vi el movimiento e intente esquivarlo, pero me pego con el mango de la pistola en plena cara y una luz blanca me estallo en el craneo. Senti la sangre caliente correrme por la boca, pero quede tumbado en el suelo, mareado por la violencia del golpe. Permaneci alli, con el ojo derecho cerrado y el izquierdo observando lo que sucedia.

Vi a Sydney tomar la daga de los Borgia que utilizaba como cortapapeles: una antiguedad que le habia costado varios miles de dolares y de la que estaba muy orgulloso. Se abalanzo sobre Fel embistiendo como un toro, con la daga hacia delante, el rostro como un pergamino viejo y los ojos salidos de las orbitas. Parecia un homicida.

Vi a Rhea retroceder y levantar el arma, sonriendo con maldad. Hubo un destello y un disparo justo cuando Sydney estaba sobre Fel, que se habia quedado inmovil, estupefacto. La punta de la daga le hirio el brazo, que comenzo a sangrar. La parte posterior de la cabeza de Sydney estallo como un hongo rojo y cayo con un golpe que conmovio la habitacion.

El humo del arma se elevo hacia el techo. Fel retrocedio, sujetandose el brazo. De alguna manera, logre ponerme a cuatro patas.

Observe el cuerpo de Sydney. Algo horrible, blanco, mezclado con sangre, empezo a surgir de la parte posterior de su cabeza. Tenia que estar muerto. Lo sabia. ?Sydney! ?Muerto! Senti algo flojo en la boca y escupi un diente sobre la alfombra persa de doscientos anos. Empece a arrastrame hacia el. Queria tocarle, tratar de reanimarle y, cuando estaba a punto de alcanzarle, la sombra de Rhea aparecio ante mi.

Me quede rigido, sobre las manos y las rodillas, chorreando sangre por la boca. Frente a mi habia un gran espejo y vi reflejada su figura en el. Las inmensas gafas plateadas, sus blancos dientes, los labios tirantes en una malvada sonrisa, y el traje rojo que la hacia parecer un demonio escapado del infierno.

Sostenia el arma por el canon. A pesar de que yo la veia en el espejo, me golpeo con el arma en la cabeza.

Cuando recupere la consciencia, no podia saber que habia estado en coma cinco dias, que me habian operado del cerebro y que me habian dado por muerto dos veces.

El sonido de una voz fue el primer indicio de vida que tuve mientras me sentia flotar entre aguas turbulentas. Seguia nadando, elevandome cada vez mas sin ahogarme, nadando con movimientos lentos, tranquilos, para alcanzar la superficie, y me volvi hacia la voz que hablaba desde muy cerca, hasta que por fin las palabras penetraron en mi.

La voz decia:

– Mire, doctor, ?cuanto tiempo mas cree que tendre que quedarme aqui, esperando a que este tipo vuelva en si? Me muero, aqui sentado. Soy el hombre fuerte del cuerpo. Por amor de Dios, ?llevo aqui sentado cinco dias!

?El cuerpo? ?La policia?

?Cinco dias?

Permaneci inmovil, sintiendo una terrible jaqueca.

Otra voz dijo:

– Podria salir del coma en cualquier momento. Y podria permanecer asi meses.

– ?Meses? -grito el otro hombre-. ?No puede hacer nada? ?Darle una inyeccion o algo? Si sigo sentado aqui yo tambien voy a entrar en coma y entonces tendra dos pacientes y no uno.

– Lo siento… tenemos que esperar.

– ?Maravilloso…! ?Y yo que hago, practico yoga?

– Podria ser una buena idea, senor Lepski. El yoga es muy beneficioso.

Hubo una pausa y, despues, el hombre llamado Lepski hablo:

– ?Asi que no puede sacarle de ese coma?

– No.

– ?Y podria tardar meses?

– Si.

– Bien, doctor, o sea que tengo que quedarme sentado.

– Eso parece.

Luego, el sonido de unos pasos alejandose, una puerta que se abria y cerraba y el hombre llamado Lepski que resoplaba, se ponia en pie y comenzaba a pasearse por el cuarto. Sus movimientos se tornaron un telon de fondo. Pude pensar en lo que habia oido. Desee que no me doliera tanto la cabeza para poder pensar con mayor claridad. Con gran esfuerzo, me obligue a recordar el pasado. Volvi a ver el terrible momento en que Rhea habia matado a Sydney. La vi aproximar el arma, vi el disparo, lo oi y vi estallar la cabeza del pobre y valiente Sydney en una mezcla de sangre y cerebro.

?Habia sido tan estupido! ?Por que habia juzgado tan mal su coraje? Le vi ir al ataque de Fel, con la daga de los Borgia en la mano… algo que yo jamas habria hecho ante la vision de un arma tan amenazadora. Habia sido algo loco e inutil pero magnifico a la vez; solo alguien de gran valor y coraje seria capaz de algo asi. Sydney debio sospechar que aquellos dos iban por el collar, pero no sospechaba que el collar era falso y que habia dado su vida por nada. Bueno, estaba muerto. Y ahora yo me hallaba en una situacion dificil, con aquel oficial de policia sentado a mi lado, esperando a que recuperara el habla. ?Sospecharian que estaba involucrado en el asesinato y el robo? ?Era posible? ?Como habria reaccionado Maddox, al saber que su empresa tendria que pagar tres cuartos de millon de dolares? Conociendole, en lugar de pagar aquella enorme suma el hurgaria y hurgaria y hurgaria hasta encontrar algo que me relacionara con el asesinato.

Bien, tenia tiempo. Si permanecia inmovil y no daba muestras de hallarme consciente, podria pensar en alguna forma de salir de aquello… Alguna manera de salvarme.

Oi que se abria la puerta. Una voz de mujer dijo:

– Su comida esta lista, senor Lepski. Me quedare yo a cuidarle.

– Muy bien, muneca. Si mueve una sola pestana me llama. ?Que hay de comer?

– Carne guisada.

– ?Seguro que es de carne y no de perro?

Ella rio.

– Ha desaparecido el gato de la jefa.

– ?Eso es! ?Ay, Dios mio! -Luego, la puerta se cerro.

Oi que la enfermera se sentaba y comenzaba a hojear un libro. Volvi a mis pensamientos.