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Recorde la imagen de Rhea reflejada en el espejo cuando se disponia a golpearme. ?Una asesina? Si… era una asesina.

– No puedo responder a eso, sargento -le dije, con voz ronca-. ?Como podria saberlo?

– Si… Ella tiene un historial bastante cargado. Esos dos me parecen candidatos para el trabajo. Si Morgan esta herido en el brazo y su grupo sanguineo concuerda, creo que los tenemos. -Se puso en pie-. Ya hemos cursado la orden de busqueda y captura. Solo es cuestion de tiempo que los atrapemos. -Hizo una senal a Lepski, quien se dirigio hacia la puerta-. Muy bien, senor Carr, ya no le seguire molestando. Descanse.

Y siguio a Lepski fuera de la habitacion.

«He cavado mi propia tumba», pense. ?Como habia sido tan estupido de darle a Fel aquel disfraz, habiendolo usado ya en un atraco frustrado? Me habia sentido muy confiado al advertirles que usaran guantes y al proporcionarles la coartada, pero nunca se me habia ocurrido que aquel gordo empleado de la estacion de servicio pudiera llevar la pista a Luceville por la peluca, las gafas y la chaqueta.

De modo que, en pocos dias, cuando estaba seguro de que no los identificarian a menos que quisieran vender el collar, la policia los tenia ya.

Estaban persiguiendolos. ?Cuanto tiempo sobrevivirian? Hablarian en cuanto los cogieran.

La radio de Paradise transmitia un informativo cada tres horas. Me converti en un oyente compulsivo. Cada vez que el comentarista decia: «y, ahora, las noticias…» quedaba petrificado y el corazon empezaba a latirme con fuerza esperando la noticia de que los habian capturado.

Durante aquellas tres horas de espera, ni siquiera podia ser amable con la enfermera. Deje de comer y lo unico que hacia era mirar las agujas del reloj aguardando el siguiente informativo.

Me di cuenta de que debia cancelar el crucero de dos meses. La idea de estar encerrado en un barco, sin noticias y preguntandome todo el tiempo si los habrian descubierto, esperando encontrar detectives en cualquier puerto para arrestarme, terminaria por enloquecerme.

Estaba muy intranquilo. No podia quedarme en la cama y, a la manana siguiente, cuando la enfermera salio, me levante y empece a caminar por la habitacion, de manera un poco insegura al principio, pero cada vez mas fuerte, por el ejercicio.

El doctor Summers me hallo de pie junto a la ventana.

– No me diga nada -le adverti-. Quiero irme a casa. Me importa un comino si es bueno o malo para la salud. Puedo descansar y tomar el sol en mi terraza y se que ire recuperandome, pero ya no soporto permanecer encerrado mas tiempo.

Para mi sorpresa, estuvo de acuerdo conmigo.

– Muy bien, senor Carr, llamare una ambulancia y podra irse a su casa esta misma tarde. Pasare esta noche a visitarle. Creo que seria conveniente que la enfermera Flemming le acompanara y se quedara con usted unos dias… por si acaso.

– No la quiero. La senorita Baxter se ocupara de mi.

A las cuatro de la tarde estaba de nuevo en mi apartamento, sentado al sol en mi terraza.

Cuando Jenny llego con una bandeja de pastas para el te le dije que habia que cancelar el crucero.

La desilusion que lei en su mirada me irrito. No podia dejar de mirar el reloj. Faltaban quince minutos para que la radio transmitiera las noticias.

– ?Pero por que? -pregunto Jenny-. Te hara bien. ?Que te ha hecho cambiar de opinion?

– Puedo cambiar de opinion, ?no? -le respondi-. Quiero regresar al trabajo. Tengo que arreglar los asuntos de Sydney. Me doy cuenta de que pasar dos meses en un barco me mataria de aburrimiento.

– Oh… -Ella se miro las manos y se sonrojo-. Pero ya he encargado ropa, Larry. Dijiste…

– Esta bien. Tal vez vayamos mas adelante… ?Quien sabe? Quedatela. Te la mereces.

– No puedo hacerlo, Larry. Iba a trabajar como secretaria tuya…

– ?No me molestes con eso! ?Quedatela! -Volvi a mirar la hora.

– Gracias. -Habia una repentina frialdad en su voz. Despues de una larga pausa, dijo-: Creo que debo regresar a Luceville. Ya puedo andar bastante bien. Creo que puedes arreglarte sin mi, ?verdad?

De repente me di cuenta de que necesitaba estar solo. Tenia que pasar el tiempo esperando y escuchando las noticias y Jenny me molestaria. Ademas, si los cogian y hablaban, no queria que ella estuviera alli cuando vinieran a detenerme. Sin mirarla, le dije:

– Esta bien, Jenny. Lo entiendo. Quieres regresar a tu trabajo igual que yo quiero volver al mio.

– Si.

– Muy bien… esta arreglado. Yo… -Al ver que era la hora, me interrumpi-. Un momento, quiero escuchar las noticias.

Mientras escuchaba la jerigonza de siempre sobre Nixon, China, Vietnam, Inglaterra y el Mercado Comun, Jenny se levanto y se fue a la sala.

Cuando las noticias terminaron sin mencionar la detencion, yo tambien fui a la sala. No estaba alli. Dude un momento y me dirigi al cuarto de huespedes. Estaba haciendo la maleta.

– No tienes que irte tan rapido -le dije, incomodo-. ?Que estas pensando?

Siguio guardando su ropa.

– Dentro de una hora sale un autobus. Si lo alcanzo, estare en mi despacho pasado manana, y eso es lo que quiero -respondio.

Enojado conmigo mismo, volvi a la terraza. Veinte minutos despues, aparecio Jenny.

– Cuidate, Larry -me aconsejo-. No te canses demasiado.

– Gracias por tu ayuda. Estaremos en contacto. -No podia mirarla.

– Te preocupa algo, ?verdad? -me pregunto, apoyando una mano en mi hombro-. ?No quieres decirmelo? Dos son mejor que uno para resolver un problema.

?Deseaba tanto decirselo!

?Pero, para que? ?Que podia hacer ella? Nadie podia hacer nada.

– Estoy bien, Jenny -respondi, en tono amable-. No pierdas tu autobus.

Me miro durante un largo momento, con los labios temblorosos. Sabia que me amaba de verdad, pero al igual que todo lo que tocaba… era demasiado tarde.

Me aparte de ella. Un momento despues, vi cerrarse la puerta principal y supe que estaba realmente solo.

CAPITULO NUEVE

Durante los tres dias siguientes permaneci solo, escuchando los informativos y encargando la comida a un restaurante vecino.

El telefono no me dejaba tranquilo: personas que llamaban para ver como estaba, amigos que querian venir a verme y se ofendian cuando les decia que no queria ver a nadie. Por ultimo, deje de contestarlo.

El tercer dia por la manana, el doctor Summers me quito los vendajes. Exceptuando una calva en la parte posterior de la cabeza, me dijo que estaba como nuevo. Y que era el momento de hacer el crucero. Le conteste que lo estaba pensando y me deshice de el.

Empece a arrepentirme de haber tratado a Jenny de aquella manera. Estaba tan asustado que necesitaba estar solo, pero ahora que empezaba a recuperarme lentamente, me dije que jamas atraparian a Fel y a Rhea.

Podian estar en Mexico o en Sudamerica y yo podia pasar el resto de mi vida pegado a los informativos de la radio.

?Debia llamar a Jenny y explicarle que habia estado preocupado y que ahora me apetecia otra vez hacer el viaje? ?Perdonaria mi comportamiento y vendria conmigo?

Lo dudaba.

Tal vez fuera mejor aguardar un par de semanas y, si para entonces no tenia noticias de los Morgan, iria.

Escribi una carta a Jenny en la que intentaba explicarle como me habia sentido y como ahora me encontraba mejor, y le preguntaba si querria acompanarme en el viaje que planeaba hacer en breve pero, despues de leerla, me parecio tan poco sincera que la rompi.

Al cuarto dia, hice un esfuerzo y tome un taxi para ir a la tienda. Llevaba el collar Plessington en el maletin.

Me recibieron calurosamente la senorita Barlow, Pierre Martin y Hans Kloch. Hasta Terry me dijo que se alegraba de verme mejor, aunque sin demasiado entusiasmo.