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Sentiste el asfalto bajo tus pies. Ya no corriste. Caminaste pateando piedrecillas, abrazada a ti misma. Seguiste el camino de la carretera estrecha y serpenteante. Y más cerca de lo que creíste, apareció el kiosko de los refrescos. Javier estaba sentado bajo un emparrado desnudo, bebiendo vino. Te vio aparecer por la carretera y corrió hacia ti. Lo viste venir con la cabellera negra agitada, el pantalón de pana, el suéter de cuello de tortuga. Era la primera persona que veías. Lo abrazaste. Él te dijo que los guardias del valle se habían reído de tu tardanza; habían dicho que eso pasaba con frecuencia y que nadie se había perdido nunca, para siempre, en el Valle de las Mariposas; tú no tardarías en regresar. Abrazaste a Javier, le besaste el cuello y le pediste que regresaran a la casa de Falaraki. Tú tenías mucho sueño y querías acostarte.

– ¿Dónde está Rudy? -. Te frotaste la crema sobre las costras quemadas de las mejillas.

Javier apoyó la cabeza contra el índice y el pulgar reunidos. No dejó de observar la costa de guijarros de Rodas, llena de vacacionistas en el año de Munich y el Anschluss.

– ¿No sabes? Su mujer lo ahogó mientras nadaban. Me lo contó el mozo del café esta mañana.

Franz se bebió de un golpe la fría. Insistió en pagar; él había propuesto venir aquí.

Salieron sin despedirse del dueño.

– Vamos directamente a Cholula -le dijiste a Franz-. No es necesario detenerse en Cuautla.

– Me siento pesado -dijo Franz.

– Yo manejo -casi gritó Isabel y ocupó el lugar frente al volante, al lado tuyo. Franz ocupó el de atrás, junto a Javier.

Ahora es Isabel (no, sólo entre nosotros nos tuteamos, novillera, achanta lamu) la que, en un solo movimiento, con un solo ritmo que, sin que ustedes se enteren, los domina, arranca el auto y enciende el radio y encuentra la estación que ella conoce y prefiere y ellos cantan, los heraldos y menestreles y juglares del nuevo tiempo, los pajes andróginos de la república monárquica, de la élite democrática, ellos que suben y bajan desde los muelles de Liverpool con la presencia del cortesano que toca el laúd en el concierto campestre del Giorgione, con la cabellera de los jóvenes venecianos pintados por Giovanni Bellini, con la sonrisa irónica del divertidísimo San Jorge de Mantegna, cuya gallarda armadura parece más a propósito para conquistar a las castellanas que lo esperan en el palacio dorado perdido en la perspectiva de Padua, que para enfrentarse a un oscuro dragón verde de utilería que yace a sus pies, menos pagano, menos diabólico que el propio efebo desarmado después de la conquista: esa lanza está rota y creo que sólo serviría para desprender los frutos de la guirnalda de limas, peras, cerezas y pomegranates que cuelgan sobre el marco del cuadro. Tienen la lejanía cesárea y la participación satánica y la inocencia querúbica y cantan.

I love you because you tell me things I want to know y yo voy leyendo estos noticiones en mi periódico, dragona, por la supercarretera México-Puebla, y a veces no creo lo que leo, aunque lo firme alguien tan respetable como Jacobo von Konigshofen: su despacho dice que hoy mismo, este año de 1349, se ha desatado la peor epidemia de la que se tenga memoria. La muerte corre de un extremo al otro del mundo, de ambos lados del mar, y es aún más temible entre los sarracenos que entre los cristianos. En algunas tierras, murieron todos y no quedó nadie. Fueron encontrados barcos en el mar, pictóricos de mercaderías; nadie los guiaba; las tripulaciones habían muerto. El obispo de Marsella y los sacerdotes y la mitad de la población de ese puerto han fallecido. En otros reinos y ciudades han perecido tantas gentes que describirlo sería horrible. El papa en Aviñón suspende todas las sesiones de la corte, prohíbe que nadie se le acerque y ordena que un fuego arda frente a él día y noche. Y todos los doctores y maestros sabios sólo pueden decir que se trata de la voluntad de Dios. Y si está aquí, la plaga también está en todas partes y no terminará antes de cumplir su ciclo.

Cierras los ojos, dragona, sentada al lado de Santa Isabel en el Volkswagen que gana y gana y gana velocidad al pasar al lado de Cuautla,

there’s a place where I can go,

rebasando por la derecha sin tocar el claxon, subiendo a 80, a 90, a 110, y las gallinas cacarean y desparraman plumas y los perros aúllan con los ojos inyectados cuando el auto derrapa al borde de la carretera, se sale del tramo pavimentado y levanta el polvo del país más allá de los vericuetos asfaltados, donde se tambalean las casas de paja y adobe y las cercas de nopal y un niño chilla con la boca embarrada de mocos e Isabel maneja con una sola mano y con la otra busca las voces en la radio y aumenta el volumen,

in my mind there’s no sorrow,

don’t you know that it’s so?

y como los hombres de Luca Signorelli, se visten con el desenfado de una elegancia testicular y desatan los poderes constructivos de su ánimo de destrucción: crean, a su alrededor, un mundo tan vasto y rico y ordenadamente libre y confuso como una tela de Uccello y tan piadosamente demoníaco como los cuadros del Bosco que le paga el precio de admisión a Satanás: tu clásico dice, dragona, y tú lo entiendes sin saberlo, novillera, que el Demonio posee las más extensas visiones de Dios; por eso se mantiene tan alejado de la Divinidad: es el otro rostro del Santo y como él, es una sucesión inmediata de opuestos, una fusión permanente de antítesis,

what am I supposed to do?

give back your ring to me

and I will set you free:

go with him,

cantan, liberándonos de todos los falsos y fatales dualismos sobre los que se ha construido la civilización de los jueces y los sacerdotes y los filósofos y los artistas y los verdugos y los mercaderes y Platón cae ahogado y rendido y enredado en esas melenas y mesmerizado por estas voces y pisoteado por este ritmo en el que los Beatles saltan, liberados, hasta su cielo y descienden lentamente, como Anteos, a tocar la nueva tierra donde ellos no son hombres ni mujeres, buenos ni malos, cuerpo ni espíritu, materia ni substancia, esencia ni accidente: hay sólo la danza y el rito, la fusión y la máscara creciendo continuamente alrededor de todo, la máscara floreciente de Arcimboldo que es su ser y su nada, su momento único visto desde un helicóptero que abarca la totalidad en la que mueren las esquizofrenias del dualismo greco-cristiano-judío-protestante-marxista-industrial,

there’ll be no sad tomorrow,

don’t you know that it’s so?

y en el periódico dice que la epidemia también ha llegado a Estrasburgo este verano y se estima que han muerto dieciséis mil almas. En este asunto de la peste los judíos en todo el mundo han sido injuriados y acusados de haberla causado envenenando el agua y los pozos y por esta razón los judíos están siendo quemados del Mediterráneo a Alemania, pero no en Aviñón, pues ahí han contado con la protección del papa. Pero en Berna y en Zofingen varios judíos fueron torturados y luego admitieron que habían envenenado muchos pozos y se encontró que tales pozos, en efecto, estaban envenenados. Por lo cual los judíos fueron quemados en muchas ciudades y se enviaron mensajes a Estrasburgo, Friburgo y Basilea para que allí se hiciera lo mismo. Sin embargo, en Basilea los ciudadanos han marchado al ayuntamiento y han obligado al concejo a jurar que no admitirán a un solo judío en la ciudad durante los próximos doscientos años.

Y en todos estos lugares los judíos han sido detenidos y el obispo de Estrasburgo, todos los señores feudales de Alsacia y representantes de las tres ciudades, se reunieron en Benfeld y los diputados de la ciudad de Estrasburgo fueron interrogados acerca del destino de la población judía en esa ciudad. Contestaron que ellos desconocían la maldad achacada a los judíos. Entonces se les preguntó por qué habían tapado los pozos y escondido las cubetas y se levantó un gran clamor de indignación contra los diputados de Estrasburgo. Así que, finalmente, el obispo y los señores y las Ciudades Imperiales acordaron liquidar a los judíos. Y los judíos fueron quemados en muchas ciudades y cuando sólo fueron expulsados, los campesinos se encargaron de capturarlos y ahogarlos o matarlos a cuchilladas. El sábado, día de San Valentín, los judíos de Estrasburgo fueron quemados sobre una plataforma de madera en el cementerio de la raza hebrea. Fueron quemados dos mil. Quienes pidieron ser bautizados fueron perdonados. Muchos niños son sacados de la hoguera y bautizados contra la voluntad de sus padres. Y todas las propiedades de los judíos serán expropiadas y todos los pagarés en su poder cancelados. Así fueron quemados los judíos en Estrasburgo y este mismo año en todas las ciudades del Rin, sin importar que sean Ciudades Libres o Ciudades Imperiales. En algunas fueron quemados después de un proceso y en otras sin ser juzgados. En ciertas ciudades, en fin, los judíos incendiaron sus propias casas y perecieron en el fuego. Se decidió que ningún judío entraría a Estrasburgo durante los próximos cien años, pero antes de que pasaran veinte, el concejo y los magistrados acordaron readmitirlos. Y así, los judíos regresaron a Estrasburgo en el año 1368 de Nuestro Señor.