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– ¡Eso es trabajo de la policía!

Sus facciones se pusieron rígidas.

– Después de lo que le ocurrió a Luc y por el bienestar de nuestra familia, hemos conferido prioridad absoluta a capturar a ese criminal en particular y a la persona que le da órdenes.

– ¡Así que crees que no trabaja en solitario?

– No. Alguien tiene que ser el cerebro de la operación. Lars es uno de los que se encargan del trabajo sucio.

Su fiereza la hizo estremecer.

– No soy la persona adecuada para el trabajo.

– Pensé que una Duchess no le temía a nada.

Se puso tensa.

– ¡Y así es! Pero en este caso has pasado por alto que no hablo ni entiendo español. Menuda espía sería!

– Eso no es problema. Te enseñaré en el camino de regreso. Lo aprenderás enseguida. Además, ¿no decís los americanos que una acción vale más que mil palabras?

– También decimos que no se le pueden pedir peras al olmo.

Su sonrisa era tan atractiva que se puso nerviosa.

– Tú no eres un olmo. Te he visto en acción, pero reconozco que te estoy pidiendo demasiado. Por eso que te garantizo que, en todo momento, estarás a salvo.

Cuanto más hablaba más se imaginaba a sí misma cumpliendo todos los deseos de él.

– Una vez hayamos atrapado a los culpables, podremos anular nuestro matrimonio. Podrás volver a Nueva York y a tu negocio. Lo que quieras.

– ¿Lo que quiera? En ese caso, ¿para qué tendríamos que casamos?

– Naturalmente, para ser convincentes -respondió suavemente-. Supondrás que tendremos que comportamos como una pareja de recién casados. Si estamos realmente casados no tendremos que fingir nada. Es imprescindible que no le contemos a nadie lo que está sucediendo, ni siquiera a tus hermanas.

Después de la promesa que Piper había hecho de no perdonar a Nic ni volver a poner un pie en territorio europeo, sus hermanas la acusarían por haber cedido y no podría explicarles por qué. No hasta que toda la farsa hubiera terminado.

– Todo el mundo, y en particular la familia Robles, tendrá que creer que estamos enamorados desde hace tiempo y que nos fugamos porque no podíamos esperar a celebrar un compromiso oficial y una boda.

En aquel instante parecía que el corazón iba a salírsele del cuerpo, porque el dolor era muy grande. Tenía la boca seca.

– Si digo que no, ¿quién es tu segunda opción?

– Consuelo Muñoz, la editora que trabajó conmigo en mi último libro.

Él había pronunciado su nombre con tanta rapidez que Piper se puso celosa.

– ¿Tiene título nobiliario?

– No, pero ambas familias han coincidido con ella en varias ocasiones y son conscientes de que hemos pasado el suficiente tiempo juntos como para establecer una relación.

Dolor, dolor, dolor…

Piper contuvo su lamento. ¿Era esa editora la persona a quien amaba y con quien no podía casarse? ¿O acaso, a pesar de lo noble que pensaba Piper que era Nic, cabría la posibilidad de que él hubiera mantenido una relación con ella durante el último año? Doce meses era mucho tiempo para que un hombre como él estuviera sin una mujer.

Angustiada de nuevo, dijo:

– Dime algo, Nic, ¿por qué dijiste antes lo del bebé?

– En cuanto a mí respecta, deseo que nuestro matrimonio sea un hecho real si tú desearas tener un bebé como tus hermanas. Ya que no quieres dinero por ayudarme, un bebé podría ser una de las cosas que podría darte a cambio. Naturalmente, si te quedaras embarazada permaneceríamos juntos. Me proporcionarías un heredero y eso haría felices a mis padres. Depende de ti. Ya Sabes, cuando mis primos y yo hicimos la votación entre tú y Consuelo, el resultado fue unánime. La guerrera de las hermanas Duchess fue nuestra primera opción.

Después de hacer aquel comentario él se dirigió hacia la puerta.

– Me alojo en el hotel Kingsport. Mi habitación es la 220. Ya sé que me diste tu respuesta en la oficina pero, si decides cambiar de opinión, llámame al hotel. Partiré hacia España por la mañana.

Mucho después de que se hubiera marchado. Piper aún estaba confusa. A cambio de su ayuda él le ofrecía, si ella quería, una vida a su lado. Todo estaba a su alcance, casarse y la posibilidad de tener un bebé.

Pero no su amor.

Una hora después, cuando sus lágrimas se hubieron agotado, Piper telefoneó a Don, pero en cuanto escuchó su voz, rompió a llorar de nuevo.

– ¿Quieres hablar sobre ello?

– Oh Don, no sé qué hacer.

Pensar que Nic pudiera pedirle a su editora que se casara con él la estaba matando.

– ¿Desde cuándo llevan trabajando juntos?

Piper sabía que él había publicado varios libros. Quizá la editora hubiera estado fingiendo no estar enamorada de él porque sabía que estaba guardando luto.

– ¿Qué pasaría si ella hubiera estado esperando a que terminara el luto para mostrarle sus sentimientos? Si ése fuera el caso…

– ¿Piper?

– ¿Si? -respondió con voz emocionada.

– Algo me dice que voy a perder a mi socia.

1 de febrero. Kingston, Nueva York

– Piper Duchess de Pastrana, no tienes idea de lo feliz que me hace verte convertida en una mujer casada. Las mujeres no deben estar solas.

El señor Carlson, el abogado de la familia Duchess, la sujetaba de ambas manos mientras la obsequiaba con una de sus patriarcales sonrisas.

Greer y Olivia se habrían mondado de risa al ver la manera en que la miraba.

– Permitidme ser el primero que os dé la enhorabuena a ti y a tu marido por el comienzo de vuestra nueva vida en común.

Piper le devolvió la sonrisa, esperando contenerse lo suficiente como para salir de allí sin perder la compostura.

– Gracias por habernos permitido oficiar la ceremonia en su oficina, señor Carlson. Su amigo el concejal ha sido muy amable al querer casarnos.

– Estamos muy agradecidos -Nic estuvo de acuerdo.

Después del apasionado beso con el que la había obsequiado al final de la ceremonia, Nic había mantenido una actitud posesiva hacia ella agarrándola de la cintura.

De hecho, él había puesto mucho entusiasmo en su primer beso con el objetivo de burlar a todo el mundo, a pesar de que no había podido engañar a Piper. El caso era que ella no le había permitido seguir con ello para que no se tuviera la impresión de que ella lo estaba disfrutando.

Al aceptar casarse con él y permanecer unidos hasta que descubrieran al asesino, ella le había dejado bien claro que no tenía intención de dormir con él. Si Nic no era capaz de manejar la situación, entonces tendría que hacerle la proposición a su editora, respecto a lo cual él había permanecido en silencio.

– Cuando lleguemos a Marbella celebraremos una boda por la iglesia para que pueda asistir toda la familia -le confió Nic al abogado-. Pero no podíamos esperar más tiempo para prometer nuestros votos.

«¡Oh no, no lo haremos!», pensó Piper.

La sonrisa del señor Carlson no podía ser más grande. Su mirada recayó en la alianza dorada que adornaba el dedo de Piper. Ésa no era la boda con la que siempre había soñado, así que se había negado a que él le regalara cualquier otra cosa.

– Es todo un orgullo que me hayas elegido a mí, Piper. No me cabe la menor duda de que tus padres lo han presenciado todo, querida. Deben de estar encantados de saber que sus tres preciosas palomitas han volado hacia nuevas tierras para asentarse y formar sus propias familias.

El padre de Piper siempre había llamado a sus hijas sus preciosas palomitas por la bella paloma blanca a la que los italianos habían denominado Duchesse en honor a la duquesa de Parma. Ella casi se puso histérica al oír las palabras del señor Carlson pero, de alguna forma, supo contenerse.

– Estoy segura de que lo están.

– Tus padres tuvieron una gran idea al crear el «Fondo para la búsqueda de marido». No puedes imaginarte lo contento que estoy de que esos cheques que os entregué el día que os reunisteis aquí para escuchar el testamento de vuestro padre, os hayan ayudado a encontrar a los primos Varano.