– Fue nuestro día de suerte -añadió Nic.
El señor Carlson sonrió al nuevo marido de Piper, que estaba espléndido con un traje formal de color azul pizarra. Piper llevaba el vestido blanco que había lucido en la fiesta en la villa de los Falcón la noche antes del Gran Prix. Ella había insistido en ponerse lo primero que tuviera a mano para la breve ceremonia.
– Como le dije a Greer cuando me llamó desde el aeropuerto de Génova, una mujer necesita a un hombre para realizarse.
Nic estaba disfrutando aquel momento. El asintió a pesar de que sabía que aquella llamada había sido un grito de socorro de las chicas cuando intentaban escapar de él y sus primos. Pero ahora, nadie podría convencer al señor Carlson de aquello.
Mientras Piper seguía sonriendo beatíficamente, uno de los eslóganes de sus calendarios se le vino a la cabeza. Incapaz de resistir las pullitas por un minuto más. dijo:
– Como le dije a Nic cuando acepté casarme con él, «Si necesitas que alguien lo haga, pídeselo a una mujer».
Probablemente el señor Carlson no entendió la ironía de sus palabras, pero Nic sí lo hizo. Piper no quería que él olvidara la razón por la que había abandonado temporalmente su carrera y había dejado provisionalmente a Don a cargo del negocio.
Nic necesitaba algo en lo que apoyarse mientras el caso estuviera abierto. Lo que él no sabía era que al final, el miedo había hecho que Piper se decidiera a aceptar su proposición matrimonial. Miedo de que Nic y sus primos fueran el siguiente objetivo del asesino.
Luc había estado a punto de perder la vida en el accidente y, si Nic no hubiera decidido ir tras Nina para asegurarse de que estaba bien, quizá él tampoco habría podido contarlo.
¿Qué sucedería si el asesino averiguaba que los primos Varano sospechaban de él? Eso significaría que las hermanas de Piper también podrían estar en peligro. Piper estaba lista para hacer todo lo que fuera necesario para ayudar a las personas a las que amaba, aunque ello implicara convertirse en amiga de Camilla y seguirle la pista a Lars.
Imaginarse la vida sin los Varano, sin Nic… Piper no podía hacerse a la idea. Ahora ya no.
Después de telefonear a Nic al hotel la otra noche para darle su respuesta, había trabajado duro junto a él durante los tres días siguientes. Piper tenía que admitir que, con su ayuda, había hecho el equipaje en tiempo récord. Nic incluso se había encargado de conseguir setecientos dólares por el viejo coche de su padre.
Sucedió algo curioso cuando Nic encontró una maqueta de sus nuevos calendarios no apta para curiosos que se había caído detrás de la cama. Por suerte, Piper pudo agarrarla antes que él pudiera verla, evitando así la catástrofe.
Otro momento divertido fue cuando descubrió la máquina pulidora de Olivia que él mismo ordenó que enviaran de vuelta a Marbella.
– Nunca se sabe cuándo pueden ser útiles estas cosas -dijo antes de embalarla y entregársela a los hombres que había contratado para hacer la mudanza.
Por cierto gesto misterioso en su cara Piper presentía que Nic sabía exactamente qué hacer con ella.
El lado más travieso de Nic, que pocas veces se evidenciaba, hizo que se rompieran todas las barreras y que ella se enamorara aún más de él.
El momento más emocionante resultó ser cuando ella le pidió que transportara desde el trastero hasta el salón dos enormes cuadros para embalarlos cuidadosamente.
Nic tardaba tanto que decidió bajar al trastero para ver qué pasaba. Cuando entró en él, descubrió a Nic frente a ambos cuadros, mirándolos fijamente. Ella tomó aquello como todo un cumplido.
Aquellos cuadros eran el regalo de boda de sus hermanas. Ella había estado esperando a que ellas fueran a Nueva York para que eligieran el marco adecuado.
El de Greer mostraba a Max dirigiendo su mirada hacia ella en el Piccione justo antes del momento en que las tres saltaron del barco para escapar. Piper nunca olvidaría la ira en los ojos de Max o la forma en que los ojos violeta de Greer ardían de amor por él.
Piper había plasmado esa íntima mirada en el lienzo. Si alguna vez dos personas ardían en llamas la una por la otra…
En el otro cuadro había plasmado el mágico momento entre Luc y Olivia antes de entrar en la capilla privada de la familia Pastrana. Ninguno de los dos sabía que estaban siendo observados. Mientras Olivia miraba a su enamorado, el azul de sus ojos resplandecía tan ardientemente que Piper mentalmente había capturado esa mirada de pasión entre ambos y la había re producido en el lienzo a posteriori.
– Están esperando para embalarlos, Nic.
Él no movió ni un solo músculo de su cuerpo.
– Tus cuadros son magníficos -dijo con una voz tan profunda que Piper casi no reconoció-. Mis primos se emocionarán cuando los vean.
Piper empezó a arrastrar hacia la puerta el que tenía más cerca.
– Probablemente creerán que los lienzos son demasiado grandes y no sabrán dónde colgarlos.
Ella había hecho oídos sordos a sus cumplidos para ocultar el temblor de su voz.
Nic se interpuso en su camino y tomó el cuadro. Luego volvió por el otro. Desde ese momento él fue el encargado de supervisar la mercancía antes de que fuera transportada al avión. Eso dejó tiempo a Piper para hacer una última visita a su casera.
Ella le dio las llaves y un abrazo. No había garantías de que cuando regresara a Nueva York el apartamento siguiera disponible.
De camino al aeropuerto en el coche de alquiler de Nic, Piper miraba con lágrimas en los ojos a la que había sido su casa durante veintisiete años. En su mente aún podía ver a su familia sentada en el porche. Nunca cinco personas habían sido tan felices.
Pero esa época había llegado a su fin.
Como el doctor Amavitz había dicho, Piper dejaba atrás su juventud. Ahora sus hermanas eran mujeres casadas y también ella estaba a punto de contraer matrimonio, pero había una gran diferencia. Nic sólo se casaba para que ella pudiera hacer de espía para él. No habría noche de bodas. Cuando ella ya no le fuera útil, su matrimonio se anularía.
Al llegar a la autopista, Piper decidió que sería la mejor espía del mundo y ayudaría a Nic a resolver el crimen en tiempo récord. Ella le había prometido a Don que regresaría pronto y, ciertamente, lo cumpliría. Era el instinto de supervivencia.
Después de acompañar a Piper a bordo y comprobar que se acomodaba, Nic se excusó con el pretexto de ir a hablar con el piloto.
Sacó su teléfono móvil y marcó. Pronto escuchó una voz familiar al otro lado.
– Y bien, mon vieux, ¿estoy hablando con un hombre casado?
Nic inclinó la cabeza.
– Así es. Pero ella viene pataleando y gritando todo el tiempo, ya sabes a lo que me refiero.
– Mientras tenga el anillo puesto en la mano, el resto no importa.
Eso era lo que Nic se había estado repitiendo después de haber pasado una tortuosa noche de bodas, sabiendo que ella dormía plácidamente en la habitación de al lado. En aquel momento estaba de un humor de perros.
– Luc, ¿estás solo?
– Sí. ¿Dónde estás?
– En el aeropuerto. ¿Está todo preparado?
– Absolument. Cuando llegues a casa, toda la familia estará allí.
– ¿Con qué pretexto?
– El cumpleaños de Max es la semana que viene. Decidimos que era la mejor oportunidad para reunir a todo el mundo. Le sugerí a mamá que montara una gran fiesta para él porque yo estaré en una conferencia sobre robótica el día de su cumpleaños.
»Le dije que intentarías llegar de Nueva York a tiempo para la celebración. Olivia y Greer enseguida se ofrecieron a ayudarla. Lo tienen todo organizado. Todos los padres estarán allí. Nadie tiene ni idea de que Piper aparecerá contigo.