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– Perfecto. Llevamos un regalo a Max que va a dejarlo sin sentido.

– ¿Ah, oui?

– Sí.

Piper también tenía un regalo para Luc, uno que le haría desmoronarse al verlo.

– Max y yo lo hemos organizado todo para tener la mayor seguridad. Estaréis vigilados desde el momento en que aterricéis en Niza.

Nic tomó aire.

– Le prometí a Piper que no sufriría ningún daño. Rezo a Dios para que sea cierto. Si le sucediera algo…

– No le ocurrirá nada -respondió Luc ferozmente-. No dejaremos que nos suceda nada a ninguno. Por cierto, no podremos disfrutar de la fiesta tan pronto como crees.

– ¿Qué sucede?

– Mi madre habló con la tuya y se le escapó que tu padre está muy contento de que el período de luto haya terminado. Está ansioso por que su hijo encuentre un nuevo amor y quiere tener contigo una conversación de padre a hijo en cuanto vuelvas de Nueva York.

La mandíbula de Nic se endureció.

– Papá ya no tiene por qué preocuparse. Ya he encontrado a mi alma gemela. Esta noche llevará a cabo una actuación tan real que incluso engañará a sus hermanas. Piper cree que estamos en peligro de muerte y acude al rescate. Una para todas y todas para una.

– Funciona siempre.

– Hasta luego. Luc.

– A bientôt.

Nic colgó y volvió a la cabina para abrocharse el cinturón de seguridad. El piloto estaba preparado para despegar.

El rugir de los motores era música para sus oídos. Nic contaba con que el amor de Piper por la aventura le haría morder el anzuelo, a pesar de que ello implicara correr peligro. Hasta ahora, ella no lo había decepcionado.

Su ahora ya mujer estaba sentada a su lado, con la barbilla ligeramente hacia fuera, como si estuviera a la defensiva. Y hacía bien en guardar las distancias con Nic, ya que sus más salvajes instintos amenazaban con apoderarse de él.

A su debido tiempo, lo harían.

Capítulo 4

La lujosa limusina negra con la insignia de los Falcón subía cada vez más alto, hasta que por fin Piper pudo ver la casa en la que Luc había vivido su infancia en la cuidad de Mónaco. Como en la noche anterior al Gran Prix el pasado mes de junio, la espectacular villa provenzal del siglo XIX denominada Clos Des Falcons les daba la bienvenida.

Pero esa noche era distinta. No había tantos barcos en el famoso puerto y el frío aire del mes de febrero le recordaba que todavía era invierno.

Por supuesto había enormes diferencias con el verano pasado. Ahora las trillizas Duchess estaban casadas con los primos Varano y Nic esperaba que ella actuara como una recién casada llena de ilusiones.

Pero eso sería imposible, ya que el dolor se había incrementado después de pasar su noche de bodas sola en el hotel, en la habitación contigua a la de Nic. Lo único que le había hecho soportar aquello había sido saber que Consuelo Muñoz no llevaba el anillo de casada en su mano.

Enseguida, la noticia de que Piper se había casado con Nic llegaría a todas las personas dentro de la villa. La noticia produciría todo tipo de reacciones, desde la alegría, sorpresa, dolor y quizá incluso animadversión por parte del señor de Pastrana, su nuevo suegro.

Nic la había preparado para todo aquello.

– Tu trabajo, señora de Pastrana, es sonreír y mostrarte feliz mientras yo hablo.

Piper suponía que sería capaz de cumplir sus deseos hasta ese punto. El truco estaba en asegurarse de que sus hermanas no pudieran ver a través de su fingida sonrisa.

Demasiada euforia haría que Greer se diera cuenta de que estaba actuando. Poca, y Olivia sospecharía que algo iba mal.

Nic le había comprado como regalo de bodas un nuevo traje de seda de color marfil con botones de perlas. Él había insistido en ello. Aquel traje irradiaba una imagen nupcial, especialmente con el prendido que se había puesto en la chaqueta.

Piper tenía el cabello más largo que el verano pasado. Había elegido llevarlo suelto con la raya al lado.

– Antes de que entremos quiero darte otro regalo de boda. Dame tu mano.

Piper sacudió la cabeza hacia el hombre sentado a su lado en la parte trasera de la limusina. Nic estaba impresionante con su esmoquin negro, en el que lucía una rosa amarilla en la solapa. Sus cuerpos nunca se habían tocado, pero Piper sentía como la embriagaba su viril aura.

Con el corazón roto y contra corriente, extendió la mano derecha hacia él.

– Tu otra mano -le dijo con una profunda y aterciopelada voz que agitó sus sentimientos.

– Ya tengo una alianza.

– Eres la esposa de un miembro de la casa de Pastrana y ahora perteneces a la casa de Parma-Borbón.

El echó mano a su regazo y agarró su mano izquierda. Su tacto hizo que sintiera una descarga eléctrica por todo el cuerpo.

– Esta perla, denominada Lágrima de la Luna, es herencia de la familia. La he hecho engarzar para ti. Sólo una novia de origen anglosajón con cabellos de oro puede llevarla.

Las palabras que acababa de pronunciar la dejaron sin habla. Cuando vio la enorme, redonda y perfecta perla engarzada en filigrana de oro posarse en su dedo junto a la alianza dorada, se quedó sin respiración.

Mientras ella aún se encontraba aturdida, él alzó su mano hasta sus labios y la besó en la palma.

– No, Nic…

Temblorosa por el contacto, retiró la mano.

– No puedo llevar esto.

Sus facciones se endurecieron.

– Si no lo haces mis padres sospecharán que nuestra boda no es real.

– Es demasiada responsabilidad para mí. ¿Qué sucedería si lo pierdo? -gritó con ansiedad.

– ¿Y qué si lo pierdes?

– Nic, no tienes por qué fingir conmigo. Por lo que me cuentas, el valor de esta perla es incalculable. Me da miedo pensar que algo pueda sucederle. ¿Has olvidado que la única razón por la que estamos juntos es el robo de la colección de joyas de la duquesa? -su pregunta resonó en los confines de la limusina.

– No he olvidado nada -fue su inofensiva respuesta-. No mires ahora, pero nuestra llegada ha sido anunciada y tus hermanas han seguido a mis primos hacia la puerta principal. Dame tu boca, mi amor.

El grito ahogado de Piper se perdió cuando sus labios se lanzaron a cubrir los suyos. Nic empezó a besarla de la manera que ella siempre había querido que la besara. Como si en todo el universo, ella fuera la única cosa que le importara.

– Nic… -su corazón lloraba. Todo se debía al espectáculo.

¿Cómo podía devorarla con semejante pasión estando enamorado de otra mujer? Desde el momento que había dado el «Sí, quiero» cada una de sus acciones y gestos, cada comentario, formaban parte de la interpretación que estaba llevando a cabo.

Su matrimonio era un fraude. Ella era la falsa esposa de Pastrana a quien Nic había elegido para evitar su casamiento con Camilla. La brillante perla ponía a Piper en ridículo pero aun así, ahora ya estaba demasiado involucrada en la farsa como para echarse atrás.

Ella había aceptado ayudar a Nic con la investigación por él, por su familia y sus queridas hermanas. Incluso les habían asignado guardaespaldas para evitar otro asesinato. Piper tenía que infiltrarse en la familia Robles y ver si podía averiguar algo que pudiera ayudar a aclarar el caso. Toda la situación era surrealista y permanecería así hasta que el asesino fuera capturado.

Alguien abrió la puerta de su lado de la limusina antes de que Nic se soltara de la boca de Piper. Él lo había planeado para que los sorprendieran en un apasionado beso que sus hermanas no tendrían posibilidad de malinterpretar.

– ¡Piper!

– Por ahora, te dejo marchar -le susurró inesperadamente.

Entonces Nic la liberó para que pudiera unirse a los gritos de sus entusiasmadas hermanas, que estaban tirando de ella para que saliera del coche.

Durante los siguientes minutos las tres lloraron de felicidad y saltaron una y otra vez abrazándose. Hacía tanto tiempo que no se veían… Demasiado.