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Estando ahora más cerca de él, Piper detectó en su cara un ligero tono sonrojado. Su aparición luciendo el anillo de Nic había hecho que se desvanecieran todos los sueños que guardaba para su hijo. En el fondo, Piper sentía pena por él.

Como Nic le había contado, él quería a Nina como a una hija y verla suplantada por otra persona, quien quiera que fuese, sin duda le dolía.

– Enhorabuena, señora de Pastrana -la saludó con una poco espontánea reverencia. Obviamente, no la besó.

Bajo aquellas circunstancias Piper no habría esperado ninguna otra cosa de él. Después de una vida entera deseando otra cosa, queriendo a otra persona para Nic, no habría sido honesto por su parte el darle un abrazo paternal.

– Gracias, señor -dijo con un nudo en la garganta-. Tiene usted un hijo maravilloso. Voy a hacer todo lo que esté en mis manos para hacerle feliz.

Nic le había puesto un brazo alrededor de la cadera. Él la atrajo para sí con un gesto íntimo.

– Cuando Piper accedió a casarse conmigo, me hizo más feliz de lo que había sido en toda mi vida, papá.

El marido de Piper era un actor consumado. Piper podría asegurar que todo aquel que no estuviera al tanto de la farsa, se habría creído su mentira.

– ¿Cuando celebrasteis vuestras nupcias? -preguntó su padre con tono cortante.

– Ayer.

Los dos hombres se miraron como si fuesen antiguos guerreros. Las arrugas que se marcaban a ambos lados de la boca del padre de Nic le daban una apariencia demacrada. El corazón de Piper estaba apesadumbrado al ver su lucha interna.

Podía ser un hombre autocrático por haber nacido dentro de la aristocracia y por tener ciertas expectativas para su guapo y brillante hijo. Pero también quería a Nic y tenía que darse cuenta de que los tiempos actuales no eran como el siglo XIII en el que los matrimonios se llevaban a cabo para unir casas reales con el fin de obtener más poder y más propiedades.

– No podía esperar más a casarme con ella, así que lo dispusimos todo para celebrar una ceremonia en el despacho del señor Carlson, el abogado y amigo del padre de Piper. Ahora que ya estamos en casa, celebraremos una ceremonia religiosa a la que pueda asistir toda la familia.

Nic agarró a Piper de la cintura de tal manera que ella no pudiera rechistar.

– Daremos una fiesta para anunciar vuestro enlace -exclamó su madre con una luz en sus ojos que mostraba sinceridad a Piper.

– Sería maravilloso. Haré todo lo posible para ayudar -respondió ella.

– Todas os ayudaremos -dijo la madre de Luc.

– No tendrá lugar ninguna celebración hasta que hayas ido a hablar con Benito e Inés.

– Tengo intención de hacerlo mañana por la tarde, cuando Piper y yo hayamos llegado a Marbella, papá.

– ¡Qué emocionante resulta que otra Duchess se una a la familia! -dijo la madre de Nic con el fin de aliviar la tensión-. Es realmente asombroso pensar que nuestros hijos se han casado con unas trillizas.

La madre de Max asintió.

– Seguramente debe de haber una explicación científica a tal fenómeno.

Olivia asintió.

– Cuando éramos más jóvenes leímos todo lo que pudimos relacionado con trillizos y gemelos. Descubrimos que no es extraño sentirse atraídos hacia las mismas personas. Es algo que tiene que ver con los genes.

– Con explicación científica o sin ella el caso es que en cuanto las vimos, las duquesas de Kingston nos dejaron sin aliento -afirmó Nic atrayendo a Piper hacia él-. Sé que desde entonces nunca fui el mismo.

Sus primos dieron la razón a Nic.

Mientras Piper aún lo miraba fijamente asombrada porque la afirmación que había hecho le había parecido totalmente sincera, Nic bajó la cabeza y la besó delante de todo el mundo.

Él se mantuvo al borde de la decencia, pero casi lo sobrepasó. Piper se tambaleaba y tuvo que aferrarse a él para no caerse.

La familia aplaudió.

Cuando Nic finalmente levantó la cabeza, dijo:

– Ya que le hemos arruinado la fiesta que cumpleaños a Max, queremos compensarlo con un regalo. Esperad aquí. Vuelvo enseguida.

Volvió a besar a Piper antes de marcharse del salón. Hasta entonces, en su representación de recién casado locamente enamorado de su esposa no había cometido ni un fallo. Piper se había quedado pasmada en el sillón más cercano.

Sus hermanas se unieron a ella mientras el resto de la familia volvía a sus puestos para terminar sus bebidas. En unos cuantos segundos Nic regresó con uno de los enormes lienzos. Le dio la vuelta.

Piper escuchó que Max murmuraba algo. Agarró la mano de su esposa y los dos se acercaron al cuadro.

– ¡Piper! -exclamó su hermana con tal emoción que no parecía su voz.

Max retrocedió y la miró fijamente. Sus negros ojos estaban sospechosamente brillantes.

– Eres un verdadero genio. Lo guardaremos como un tesoro.

– Estoy asombrado por el talento de mi mujer -anunció Nic-. Pero aún hay más.

Dejando que Max guardase su regalo, Nic salió hacia el vestíbulo. Enseguida regresó con otro cuadro del mismo tamaño.

– Luc, tu cumpleaños no es hasta dentro de unos meses, pero Piper y yo queremos darte esto ahora.

Cuando Nic giró el lienzo para que todo el mundo pudiera verlo, gritos de asombro resonaron por todo el salón.

Olivia lloraba en los brazos de Luc. Él se giró hacia Piper. Desde la distancia que los separaba, le dijo:

– Eres un genio -su voz era tan ronca como lo había sido la de Max-. Gracias, chérie.

– De nada.

La conversación creció a medida que la gente se agrupaba para contemplar el trabajo de Piper. Ella se levantó del sillón y se acercó.

– Pensé que os gustaría elegir los marcos, ya que yo no sé dónde vais a colgarlos.

Max sonrió a su esposa.

– Sé perfectamente donde vamos a colgar el nuestro.

– Yo también -murmuró Luc después de besar a Olivia.

– Me siento un poco desplazado -dijo Nic a nadie en particular.

Las dos hermanas de Piper fueron hacia él para abrazarlo.

– ¿Quieres decir que no has visto el calendario que Piper creó para ti? -le preguntó Greer.

– ¡Apareces en cada uno de los meses! -declaró Olivia.

– ¿Soy algo así como otro tipo de paloma?

– No. Son dibujos reales sobre ti. Le dije que era su mejor trabajo.

Piper sintió su intensa mirada.

– Debo de haberlo perdido cuando estábamos haciendo la mudanza.

Rezando por no haberse puesto roja, dijo:

– Cuando vinimos a Europa para la boda de Greer hice varios bocetos de los primos Varano para una línea de calendarios para hombres.

Él le dedicó una pícara sonrisa.

– ¿Playboys de la Riviera?

El calor se apoderó de todo su cuerpo.

– No. El trío del «Fondo para la búsqueda de marido».

– Qué apropiado -murmuró con una clara sonrisa de satisfacción.

– Antes de que te emociones, tienes que saber que Don creía que no se venderían tan bien como mis otros dibujos. Para ser sincera, me había olvidado de ellos. Probablemente, se habrá deshecho de ellos.

– Dudo mucho que se haya deshecho de cualquier cosa que haya sido creada por ti. Lo llamaré y le pediré que me los mande por correo.

– Confía en mí. Los tiró. El no quería que sus amigos los vieran.

Piper tenía sus propias copias, pero las guardaba a buen recaudo en una caja que ella misma había embalado fuera de la vista de Nic.

– ¿Quieres decir que Huey no quería herir los sentimientos de Louey y Dewey?

Aquellos eran los nombres de unos famosos patos de unos cómics americanos con cuyos nombres habían bautizado a sus anteriores novios. Nic se había enterado de ello.

– Nosotros ganamos, ellos pierden -murmuró, dedicándole a sus primos lo que Greer siempre había llama do la sonrisa de chico bueno que los tres compartían.