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Aquella noche había superado su primera prueba con mejores resultados de los que ella esperaba. Nic no le había tomado el pelo cuando le había dicho que esperaba que su padre se marchara de la villa. Que hubiera estallado una tremenda discusión habría sido la reacción más probable, pero su padre había sabido contenerse porque él también había caído preso del encanto de la última «increíble y sorprendente» de las hermanas Duchess.

Desde la distancia, no podía apreciarse que hubiera fuego escondido bajo su belleza serena, pero aquellos cuatro días a bordo del Piccione habían probado que Piper y sus hermanas eran una amalgama de cualidades fascinantes. Desde que las conocieron, ninguno de sus primos había vuelto a ser el mismo.

La llamada de Max el pasado mes de junio proponiéndole a Nic ser el capitán del Piccione había tenido como resultado tres bodas, pero Nic aún tenía que convertir su unión en un matrimonio. Llegaría el día en que podría amar a su mujer hasta perder el conocimiento. Lo único que tendía que hacer era tener un poquito más de paciencia.

Mientras él estaba absorto en estos profundos pensamientos Piper pasó por delante de él con su batita rosa y oliendo a pasta dentífrica. Echó mano de la trufa.

– Umm. Me encantan. Gracias.

– De nada.

– La guardaré para mañana. Me encanta un trozo de chocolate a primera hora de la mañana.

Nic tendría que recordarlo.

– Algunas personas dirían que eso es decadente.

– Lo sé. Papá decía que era el artista que habita en mí.

El sonrió.

– Antes de que salgamos hacia el aeropuerto llamaré al señor Robles y lo invitaré a tomar algo mañana por la tarde con toda la familia.

– Vale. Tengo un plan para hacerme amiga de Camilla y estoy ansiosa por ponerlo en marcha.

Si una Duchess tenía un plan, que Dios se apiadara de la persona que se interpusiera en su camino.

– Estoy deseando ver a mi esposa en acción.

– Yo también. Cuanto antes estén entre rejas los monstruos que planearon ese accidente, antes podré retomar mi vida.

Nic sintió como si alguien acabara de atravesarlo con la espada que colgaba en la sala de armas del palacio ducal de su propiedad.

– Eso no sucederá en un tiempo.

– Lo sé, pero no confío en que la buena disposición de Don dure eternamente -Piper se tumbó en el sofá y se arropó-. Buenas noches, Nic. Mis hermanas siempre me han dicho que no ronco, así que podrás dormir bien.

Tras mencionar a Don y hacer ese comentario nada romántico, la oscuridad cayó sobre Nic. Si no fuese por el recuerdo de la forma tan satisfactoria en la que ella había correspondido a sus besos, Nic nunca habría sido capaz de volver a dormir.

La próxima vez que sus bocas se unieran, Nic no la dejaría marchar hasta que realmente percibiera en sus entrañas si todo lo que ella hacía era actuar.

Capítulo 5

Marbella, en España, tenía la reputación de ser la Florida europea. Según Nic, incluso en invierno podía disfrutarse de un microclima con suaves inviernos y los días con más horas de luz solar que en ningún otro sitio en el continente.

Mientras que Kingston había sido azotado por una nueva tormenta de nieve, Piper tenía que pellizcarse para creer que estaba viendo flores exóticas y palmeras bajo un cálido sol.

La noche en la que Luc y Olivia habían celebrado su boda en la capilla de la propiedad privada de los padres de Nic, ella le había pedido a Max que la llevara hasta el hotel más cercano en cuanto la ceremonia concluyera. A pesar de que los padres de Nic habían invitado a todos los asistentes a alojarse en el palacio ducal, una versión en pequeño de la Alhambra que ella había visitado con Olivia el pasado agosto, Piper había querido alejarse lo máximo posible de Nic.

Como resultado, sólo había podido ver el palacio desde la ventana de la limusina. No había visto nada de la casa de Nic, aunque Max le había dicho que estaba situada al pie de las montañas que rodeaban la cuidad, en la playa privada de sus padres.

Eran las tres de la tarde cuando la limusina que los transportaba desde el aeropuerto de Málaga se aproximaba hacia el mar. A través del exuberante follaje Piper intentaba ver su nueva residencia temporal, una exquisita villa pintada de blanco y estilo mozárabe. Aquella deslumbrante vista la emocionó hasta lo más profundo de su ser.

Mientras Nic la ayudaba a bajar del coche una en cantadora pareja, Paquita y Jaime, quienes vivían en la propiedad y estaban a cargo del resto de los empleados. salieron a recibirlos.

Cuando Nic les dijo que Piper era su mujer, se alegraron mucho por él. No sólo reaccionaron bien sino que además, dieron a Piper una afectuosa bienvenida en perfecto inglés.

Mientras que ellos se hicieron cargo de las maletas, Nic fue testigo de que ella estaba encantada con todo lo que la rodeaba, así que le dio un pequeño tour por la villa que era toda una obra de arte escultórico.

Él la condujo a través de habitaciones vacías, abiertas al aire libre por pórticos y patios. El lujoso mobiliario y las chimeneas revestidas de azulejos creaban un espacio cálido y acogedor que la hacía sentir como si estuviera constantemente de vacaciones.

El jardín interior y la terraza privada de los dormitorios, junto con las plantas y los árboles, contribuían a su embelesamiento. Ella dio un grito de asombro cuando descubrió una hilera de azulejos que conducían hasta una piscina de forma rectangular flanqueada por arcos a lo largo de toda la villa. Algunos pasos más adelante se encontraba la playa y, un poco más allá, el azul mar Mediterráneo.

El sur de España era un paraíso para los artistas. Pocas personas habían entrado hasta aquel espectacular lugar dentro de la propiedad privada de los Pastrana. Mientras la mayoría de la gente miraba a su alrededor y se quedaba maravillado, también estaban los criminales que envidiaban toda aquella riqueza y mataban por ella sin ningún remordimiento. Fuera culpable o no, Nina había pagado las consecuencias de su relación con Nic y Luc nunca volvería a esquiar a causa de su extraordinaria herencia.

Ahora que Nic había comenzado el juego, Piper estaba más decidida que nunca a llevar a cabo su misión.

Mientras que permanecía allí cautivada por la vista que enmascaraba a los guardias de seguridad y el peligro que estaba al acecho, Nic salió del dormitorio vestido con un bañador blanco. Su espléndido y viril físico le resultaba tan atractivo que tuvo que apartar la mirada.

– Ven a darte un baño conmigo en la piscina. No hay nada más relajante después de un viaje en avión.

Con el corazón dando tumbos, le dijo:

– Creo que primero desharé la maleta y luego me arreglaré para recibir a nuestros invitados.

– La familia Robles no llegará hasta por lo menos las siete y media. Tenemos un montón de tiempo para relajarnos.

Ella tomó aire.

– En ese caso, me gustaría telefonear a Don para ponerme al día.

– Como quieras. Ahora, ésta es tu casa. Reorganiza mis cosas para acomodar las tuyas, mi amor.

Piper quería que dejara de llamarla «mi amor». Aquella expresión de cariño tenía tan poco sentido como las muchas otras que había estado utilizando.

– Debes hacer lo que quieras.

¿Lo que Piper quisiera?

Lo que Piper quería, por supuesto, era caer entre sus brazos y no dejarlo marchar nunca, pero él estaba muy lejos de su alcance. Tenía que agradecerles a sus primos el hecho de que la hubieran elegido para aquella tarea, si no, Consuelo Muñoz estaría allí en su lugar.

– Gracias.

– Lo he dispuesto todo para que podamos compartir el espacio en mi biblioteca. Encontrarás un teléfono móvil nuevo en tu escritorio.

– Tenía intención de comprarme uno. Gracias.

– De nada.