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Nic encontró a Paquita barriendo el patio. Después de que le pidiera llevar una bandeja para su mujer, oyó sonar su teléfono móvil. No le hacía falta mirar la pantalla para adivinar que era su padre.

A través de Luc, Nic se había enterado de que sus padres habían regresado a Marbella después de la fiesta de la otra noche. La noticia no lo pillaba por sorpresa. Después de asimilar que tenía una nueva nuera y saber que no había nada que él pudiera hacer ya para evitarlo, el padre de Nic debía de haber estado muy inquieto como para permanecer allí.

Nic descolgó.

– Buenas tardes, papá.

– Voy de camino a verte. Hazme el favor de reunirte conmigo en el coche. Ven solo. Estaré en la entrada en un par de minutos.

La línea se cortó.

Nic sabía el tremendo shock que había sufrido su padre. Si Piper no fuera el alma gemela de Nic, jamás se habría atrevido a enfrentarse a él, no porque le tuviera miedo, si no porque podría crear un distanciamiento entre él y su testarudo padre.

A lo largo de los años Nic siempre había hecho todo lo que sus padres habían querido, así que no se sentía culpable por haber sido él mismo quien tomara la decisión más importante de su vida. Únicamente sentía compasión por el dolor y la aparente incapacidad para relajarse de su padre.

Juan Carlos de Pastrana era un hombre maravilloso, aunque estricto, que había sido criado por un padre aún más severo que él. A su debido tiempo Nic contaba con que el espíritu inimitable de Piper Duchess cautivaría a su padre y se ganaría su amor.

Pero aquello no sucedería esa misma noche, y en aquel momento el padre de Nic estaba furioso por su amigo Benito, quien esperaba una alianza entre las dos familias. Nic estaba preparado para asumir toda la culpa.

Sin embargo, cuando salió de la villa y entró en el coche que su padre conducía, tuvo que admitir que no estaba preparado para escuchar lo que su padre iba a decirle.

– O dejas a esa mujer inmediatamente o me veré obligado a renunciar a ti como hijo.

¿Renunciar?

– Tienes media hora para tomar una decisión. Llámame cuando lo hayas hecho.

– En realidad no quieres decir eso, papá.

Puesto que Nic siempre había sido una persona leal, su padre no esperaba de su hijo un comportamiento diferente ante aquella situación. Desgraciadamente, Nic no tenía otra opción que marcarse un farol.

En caso de que aquello surtiera efecto, eso significaría una ruptura total en sentido estricto, porque Piper lo era todo para Nic, era su mundo. Sin ella, la vida no tendría sentido.

– Media hora -repitió su padre con apariencia inflexible y dura, como las armaduras que llevaron sus antepasados.

– No necesito tiempo, papá. Ya he tomado una decisión.

– Entonces te quiero fuera de mi vida y de mi propiedad mañana por la mañana.

¿Fuera de su vida?

Nic miró a su padre, pero él se negó a mirarlo.

– ¿Sabe mamá algo de esto?

– Sí.

Ya que su padre no daba más detalles, Nic sabía que su madre estaría desesperada por la situación. La elección de la esposa de Nic habría sido, sin duda, el mayor conflicto en su matrimonio.

Y ese conflicto sólo se reducía al hecho de que Piper ahora era la mujer de Nic. La quería por encima de todo y no tenía la menor intención de dejarla.

– Lamento que te sientas así, papá. Sabes que te quiero mucho, pero Piper es la dueña de mi corazón.

– Sal del coche.

– Antes de que me vaya, hay algo que debes saber. En realidad, esperaba no tener que decírtelo nunca.

Nic nunca lo habría revelado todo, simplemente lo suficiente como para abrirle a su padre los ojos.

– Nunca estuve enamorado de Nina. Acababa de romper mi compromiso con ella el día que murió.

Al momento de oír su confesión, su padre comenzó a agitar la cabeza lleno de asombro.

– Aún hay más -añadió Nic-. Después de nuestra charla, Nina se marchó del chalet. Por casualidad, Luc la vio arrojarse a los brazos de otro hombre antes de montar en el tranvía que acabó con su vida. Así que parece que, por intentar hacer honor a los deseos de nuestros padres, ninguno de los dos éramos felices.

Su padre comenzó a protestar, pero Nic siguió hablando.

– No tienes por qué creerme. Llama a tu sobrino. El fue testigo de todo y podrá decirte que aquel hombre tenía que ser su amante. No podría haber otra explicación para su pasión y la forma en la que ambos se aferraban el uno al otro.

El silencio se hizo entre ellos. Finalmente, su padre habló con voz grave.

– Esa no puede ser la Nina que yo conocí.

Nic sentía mucha pena por su padre, ya que él siempre había pensado que Nina era casi perfecta.

– Su relación con otro hombre fue toda una sorpresa para mí también. Si no le hubiera descubierto mis sentimientos aquel día y no hubiera sufrido ningún accidente, no tengo manera de saber si ella habría seguido adelante con nuestra boda o no.

»Como sé que la noticia de que Nina tuviera una relación con otro hombre mataría a Benito y a Inés, nunca les he contado nada sobre ello y no tengo intención de hacerlo nunca. Pero lo que quiero que entiendas es que una unión entre nosotros dos habría terminado en desastre, tal y como lo haría mi matrimonio con Camilla.

Su padre se revolvió en el asiento del conductor, como si al mencionar a Camilla le hubieran propinado un buen golpe.

Obviamente, aquella inesperada conversación le estaba causando un gran trauma. Eso era bueno. Tendría que haberle quitado las vendas de los ojos hacía años.

– Aunque nunca lo hayamos dicho en voz alta, ambos sabemos que Benito e Inés quieren que Camilla forme parte de nuestra familia.

Su padre agachó la cabeza reconociéndolo inconscientemente.

– Pero al final será mejor para Camilla y sus padres que descubran esta noche que tengo una nueva esposa.

Su padre respiró hondo.

– ¿Eres consciente de que esa noticia puede hacer que Benito sufra un infarto?

– Supongo que puede pasar cualquier cosa, papá. En realidad, por doloroso que pueda resultarle jamás podrá decir que no honré la memoria de su hija, ¿no crees?

Pasó un buen rato antes de que su padre finalmente murmurara:

– No.

Para Juan Carlos de Pastrana admitir tal cosa era una concesión sin precedentes.

– Piper es consciente de que son vuestros mejores amigos. Sabe que los sentimientos van a estar a flor de piel durante un tiempo, así que va a hacer todo lo que esté en su mano para ser amable con ellos y con Camilla.

»Si Benito e Inés osan enfadarse por mi matrimonio con ella, entonces serán ellos mismos los que habrán puesto fin a nuestra relación. Al menos tendrás un consuelo. Si son ellos los que deciden marcharse, se irán de mi casa y no de la tuya. Me culparán a mí, no a ti -habiendo calculado el riesgo, Nic añadió-: Vuestra amistad permanecerá intacta y más aún cuando les digas que has renunciado a tu único hijo. Sin duda, sería una buena forma de apaciguar a Benito.

Tras hacer aquel comentario, Nic salió del coche y cerró la puerta. Su padre permaneció sentado allí durante un rato antes de marcharse.

Tan pronto como lo hizo, Nic tomó su teléfono móvil y llamó a Luc. Al instante, su primo contestó.

– ¿Estás solo?

– Max y yo estamos esperando a las chicas. Vamos a salir a cenar pero esperábamos tu llamada sin importar lo tarde que fuera. Queremos saber qué ocurre cuando lances tu pequeña bomba frente al señor Robles.

Nic agachó la cabeza.

– Me temo que los planes han cambiado y ha sido mi padre quien me ha arrojado una bomba a mí.

– ¿Cómo de grande?

– ¿Te acuerdas cuando el pasado agosto me preguntaste si me gustaría tener un vecino permanente?

Aquello fue cuando Luc pensaba que Olivia iba a casarse con su hermano César y creía que Mónaco no era lo suficientemente grande para los tres.