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Piper tenía dificultad para respirar. Para que le diera un infarto a su marido, tendría que estar enamorado de ella, pero Piper no podía decirle nada de eso a Greer. Aún no.

– Me encantaría que me ayudarais.

Las lágrimas le hicieron un nudo en la garganta. En verdad había extrañado mucho a sus hermanas desde el pasado agosto. A pesar de que el doctor Amavitz le hubiera dado un maravilloso consejo, el trabajo no lo era todo.

– No puedo esperar a pasar más tiempo contigo y con Olivia.

– A nosotras nos pasa lo mismo. Nada ha sido lo mismo desde que te marchaste a Nueva York. Una para todas y todas para una, ¿recuerdas?

– ¿Cómo podría olvidarlo?

– Cuando estemos juntas, podremos hablar y podrás contamos todo lo que pasó -continuó hablando en voz baja-. Queremos saberlo todo sobre la reacción de Camilla.

– Sí, bueno. Hay bastante poco que contar en ese aspecto.

– Apuesto a que no. Así que -retomó su tono de voz normal- ahora que el atractivo y trilingüe Don Juan de Pastrana está fuera del mercado, ¿cómo te sientes al ser la responsable de semejante hazaña?

«Me encantaría saberlo».

– Todavía no puedo creérmelo.

– Sé a lo que te refieres. Algunas veces, cuando miro a Max y me doy cuenta de que es mi marido, yo tampoco me lo creo. ¿Te he dicho que cada día estoy más enamorada de él?

– Puedo imaginármelo. Max debe de estar ahora a tu lado.

– Sí, aquí está. A mamá y a papá les habrían encantado nuestros maridos. Deberías ver lo cariñoso que es Luc con Olivia, especialmente ahora que está embarazada. Cuando lo conocimos por primera vez a bordo del Piccione, ¿te habrías imaginado que algún día diríamos de él que es cariñoso?

«No me hagas hablar. Greer».

Luc estaba locamente enamorado, al igual que Max. Lo de Nic era otra historia.

Piper se aclaró la garganta.

– No, pero también solías llamar a Max el gran tiburón negro.

– Hmm. Algunas veces aún merece ese título.

– ¿Te he contado que he empezado otro calendario llamado Animales políticamente incorrectos del Mediterráneo? He elegido a un gran tiburón negro italiano llamado Maximiliano para el mes de junio. Todas las hembras están enamoradas de él, pero él sigue nadando alrededor del esquivo y esbelto delfín dorado llamado Pansy Eyes que se niega a darle una oportunidad.

Greer se rió antes de que Piper escuchara como se lo contaba a los demás. Hubo una explosión de carcajadas.

– Luc se siente desplazado -dijo cuando volvió a ponerse al aparato.

– Dile que no se preocupe. Lucien de Monaguesque, el pulpo con un tentáculo dañado, ocupa el mes de agosto. Todas las hembras pulpo luchan por ver quién se encarga de cuidar de él, a pesar de que él sólo se interesa por un sofisticado y esbelto delfín de ojos de color azul zafiro que se mueve demasiado deprisa para él.

– Me muero por ver tus dibujos. Espera un minuto -dijo con el fin de contárselo a los demás. Se sucedieron más risas.

– ¿Yo también estoy en tu libro? -dijo una voz ronca.

Capítulo 7

– ¡Nic! ¿Cuánto tiempo llevas ahí?

Piper giró la cabeza bruscamente en su dirección.

– Por supuesto que estás en el calendario. Tú y el resto de miembros de la red que evitó que disfrutáramos de nuestro viaje por la Riviera.

Los ojos de Nic brillaban de la emoción.

– ¿Quieres decir que signore Galli, el jefe de seguridad del aeropuerto de Génova, también aparece?

– Naturalmente. Es mi elección para enero. El pedante guardián de la entrada del muelle de Génova retiene a tres inocentes delfines dorados. Y claro está, también aparece el guardacostas que nos sacó del agua en Lerici, el guardián de la cárcel de Colorno que se negó a escuchamos, el carcelero que se burló de mí, el señor Carlson, que ayudó a Max a encontramos… ¿Es necesario que siga?

Nic cruzó los brazos.

– ¿Qué pez has elegido para mí?

– Nicolás el andaluz es una raya cuya cola en forma de látigo puede escupir veneno en seis lenguas distintas. Eres la elección perfecta para febrero, el mes más romántico. Aunque las rayas hembras siempre permanecen a tu lado, saben mantenerse alejadas después de que ahuyentaras a un indefenso delfín dorado.

– ¿Piper? Oh, Piper. Aún sigo aquí.

Avergonzada, volvió a responder al teléfono.

– Lo siento, Greer. Nic acababa de entrar y naturalmente quería saberlo todo. Figúrate -Piper se rió mientras hablaba, pero por alguna razón a Nic no le hizo ninguna gracia.

– Se está haciendo tarde -dijo Greer-. Estoy segura de que mi nuevo cuñado te quiere sólo para él, así que, buenas noches.

– No es necesario que colguemos aún.

– Sí lo es.

Greer tenía razón. El humor de Nic había cambiado por completo.

– Dale a Olivia las buenas noches de mi parte. Os veré mañana.

– Estaremos allí por la mañana. A las diez y media como muy tarde.

– Estaré lista. Buenas noches.

– ¿Lista para qué? -preguntó Nic en cuanto colgó.

– Mis hermanas y yo vamos a ir a comprar mi vestido de novia.

Por un momento Piper pensó que su comentario lo había apaciguado, pero preguntó:

– ¿De quién ha sido la idea?

Ella se levantó de la cama.

– De Greer -dijo Piper con el mayor de los placeres-. Ella intenta ocupar el puesto de mi madre en estos momentos. Hasta ahora la farsa está funcionando. Mis hermanas creen que estamos realmente enamorados. Creí que eso era lo que querías pero, evidentemente, algo va mal.

– Nada podría ir mejor -la cortó Nic-. Acabo de hablar con el cura. Nuestra boda se celebrará tal y como estaba previsto. Mis tíos estarán aquí para celebrarlo con nosotros.

– Pero aún hay algo que te disgusta -Piper frunció el ceño-. ¿Se ha descubierto algo nuevo en el caso?

– No que yo sepa.

– Entonces, ¿qué es lo que te molesta?

– Supongo que no me gusta que me comparen con una raya venenosa.

– ¿Por qué no? -respondió ella tratando de quitarle valor al asunto.

Piper había compartido con él la mayor parte de la semana y estaba aprendiendo a conocer sus distintos cambios de humor. Algo importante se estaba fraguando dentro de él, pero Nic no tenía intención de compartirlo con ella. Al menos, no todavía.

– Es una de las criaturas más imponentes del océano.

– Imponente puede traducirse como inaccesible -teorizó él.

Así que su comentario le había dolido. Eso la hizo feliz.

– Cuando Dios creó a los peces les dio sus propios mecanismos de defensa. La habilidad de la raya venenosa no es otra que ahuyentar.

– Piper -dijo con voz chirriante-. Aquella tarde después de la boda de Max, no te rechacé porque quisiera hacerlo.

Todo el cuerpo de ella se heló.

– Sé perfectamente por qué hiciste lo que hiciste. El caballeroso hijo del duque de Pastrana estaba haciendo honor a su cortés compromiso.

Nic apretó los labios, pero ella siguió hablando.

– Fue un impenetrable escudo con el que camuflaste el hecho de que todo este tiempo has estado enamorado de otra persona.

Después de una leve pausa, él dijo:

– Eso es cierto, pero tú eres la última persona a quien habría querido hacer daño.

Su brutal sinceridad la cortó como si fuera cristal.

– Debo admitir que heriste mi orgullo, pero como puedes ver, la herida no fue permanente -ella le otorgó una efusiva sonrisa-. Al vivir contigo me he dado cuenta de que, una vez que se haya anulado nuestro matrimonio, vas a ser el mejor cuñado del mundo.

Nic hizo un gesto de desagrado.

– ¿No crees que estás anticipando acontecimientos?