– Por supuesto, si el nuestro fuera un matrimonio real lo habría pagado con mi propio dinero pero, como forma parte de la estafa, recibirás la factura. Además, creo que la suma será elevada porque el joyero reconoció la perla de Parma. Supe que estaba a punto de llamar a la policía, así que tuve que decirle que era tu mujer y que habías recuperado la pieza en una casa de subastas de Londres. Siento hacerte esto, pero Greer insistió en que te comprara un anillo. Como te dije, ella está intentando ocupar el puesto de mi madre.
»Por suerte había mucho tráfico. Les pedí a las chicas que dieran vueltas a la manzana mientras yo iba a la tienda para que no supieran que no iba a pagar por él. Pero también hay algo bueno. Insistieron en que mi vestido de novia sería su regalo de bodas, puesto que mi madre no está aquí para poder hacer los honores. Al menos, no tendrás que pagar la factura de eso.
Mientras ella seguía y seguía charlando Nic deslizó el anillo por su dedo. Ella podía luchar contra él todo lo que quisiera, pero el hecho de que hubiera escogido para él algo especialmente único que hiciera juego con su propio anillo, hacía que su corazón brincara de alegría.
– Me queda perfecto. Lo conservaré por siempre.
– Será mejor que me lo devuelvas antes de que lo olvidemos y aparezcas llevándolo antes de tiempo.
Nic se lo quitó.
– ¿Quieres practicar y ponérmelo ahora?
– No seas absurdo -sus mejillas se sonrojaron al tomarlo de la palma de su mano y guardarlo de nuevo en la cajita.
Sus reacciones eran cada vez más interesantes.
– Mientras no tengas problema en ponértelo, no me preocupa. ¿A qué hora tenemos que salir hacia la capilla?
– A las cinco. La ceremonia comienza a la cinco y media.
– Sólo quedan dos horas. Creo que me reuniré en la piscina con mis hermanas para que me ayuden a prepararme.
– Excelente idea. Eso me dará tiempo para ducharme y vestirme yo primero. Ya que olvidaste tomar el desayuno y no has podido comer, le pediré a Paquita que te lleve algo de comer a la terraza.
– Gracias.
Piper retrocedió y se metió en el cuarto de baño. Mientras Nic hablaba con el ama de llaves, Piper reapareció con el bañador y una toalla. Pasó por su lado como si fuera invisible.
Él la siguió a través de la puerta. Desde allí podía admirar su gracia mientras se zambullía en la piscina.
No faltaba mucho tiempo para que estuvieran en el mar. Nic iría tras su delfín dorado de ojos aguamarina hasta que le hiciera ver que no tenía por qué temerlo. Entonces, el delfín nadaría finalmente hacia él por voluntad propia y con gusto.
Capítulo 8
Muy porca distancia separaba la villa de la capilla pero las hermanas de Piper se encargaron de llevarla hasta allí en coche. Durante todo el camino Piper había estado retorciéndose dentro de su traje nupcial. Hasta ahora había estado dispuesta a hacer lo que fuera para salvar a la gente que amaba, pero pronunciar sus votos frente al sacerdote era lo mismo que pronunciarlos ante Dios.
Estaba a punto de hacer algo que era sagrado.
Obviamente Nic no se sentía de la misma forma, puesto que le había dicho que podrían anular el matrimonio tan pronto como Lars fuera arrestado y el peligro hubiese terminado. Eso, o podrían permanecer casados e intentar darle a ella un bebé.
Como si de un cuadro mal equilibrado se tratase, Piper sabía que algo estaba mal en todo aquello. En el primer caso se trataba de una ofensa a Dios y, en el otro, se trababa de vivir con alguien que no la amaba.
En cierta ocasión Nic había sido incapaz de hacerlo. No había podido permanecer comprometido con Nina porque no estaba enamorado de ella.
Ahora tampoco lo estaba pero, debido a sus nobles principios, juraría amor a Piper a cambio de su ayuda.
Todo ello era horrible.
– Chicas, no puedo seguir adelante con esto.
– Tienes que hacerlo.
– Sí.
– ¿Quien lo dice?
– Nosotras.
– Nic no me quiere.
– ¿Y eso qué tiene que ver? -Olivia apagó el motor-. Si te echas para atrás ahora arruinarás toda la operación.
Greer se giró en su asiento y sus ojos de color violeta le dedicaron una astuta mirada.
– Olvídate de escabullirte y compórtate como una Duchess.
Más chantaje emocional.
– De acuerdo. Acabemos con esto cuanto antes.
Sus hermanas la ayudaron a salir del coche. Las chicas llevaban unos vestidos de tela de crepé por la rodilla en color amarillo claro que ondeaban en la ligera brisa.
– Chicas, estáis irresistibles. No me extraña que vuestros maridos nunca quieran dejaros solas.
Los azules ojos de Olivia se entrecerraron.
– Espera a que Nic te vea.
– Me ha visto en bastantes ocasiones y nunca me ha querido. Le he dado docenas de oportunidades.
– ¡Estáis aquí! -Max se dirigió hacia ellas.
Como siempre, estaba impresionante con el esmoquin negro. Llevaba dos ramos de rosas blancas y amarillas que entregó a sus hermanas.
Luc estaba detrás de él, igual de atractivo con el esmoquin. Él sujetaba un impresionante ramo de rosas amarillas en su brazo izquierdo.
– Nic empezaba a ponerse nervioso y nos ha pedido que viniéramos a buscaros.
– ¿Nervioso? ¡Por favor! -susurró al besarlo en las mejillas-. Max y tú no tenéis por qué fingir conmigo. Estoy aquí según lo planeado. Acabemos con esto.
Luc ignoró su comentario y se reunió con su esposa.
La familia y los amigos más allegados abarrotaban la pequeña capilla. Cuando las chicas comenzaron a andar por el pasillo del brazo de sus maridos, los invitados se pusieron en pie. La ausencia de música no parecía tener importancia. De hecho, el silencio que reinaba mientras las dos preciosas parejas de enamorados se acercaban al altar, era un sermón en sí mismo.
Piper se miró a ambos lados para comprobar que la mantilla caía hacia el suelo de forma simétrica.
– Oh. Vaya…
Comenzó a caminar por el pasillo mientras se imaginaba cómo todo el mundo parloteaba a su paso y comprobaba que llevaba la mantilla más larga de un lado que de otro. ¡Menudo fraude que era! Lo único que se le pasaba por la cabeza era salir corriendo.
Pero al pensar en todos sus seres queridos recordó que había accedido a llevar a cabo tal engaño con el fin de salvar sus vidas. Aquello dirigió sus pasos hacia el altar.
Nic permanecía al lado del sacerdote. Estaba resplandeciente con el esmoquin negro. Llevaba una rosa amarilla prendida en la solapa.
Ella pensó que la miraría, pero Nic miraba al frente, con la cabeza y el cuerpo rígidos como si fuera un príncipe con las manos cruzadas a la espera de su sentencia.
El dolor hizo trizas el corazón de Piper.
El viejo sacerdote bajó las manos, indicando a todo el mundo que podía sentarse.
En correctísimo inglés, dijo:
– Bauticé a Nicolás poco después de que hubiera nacido. A lo largo de los años lo he visto crecer y convertirse en un hombre del que sus padres pueden estar orgullosos. Admito que siento curiosidad por la mujer con la que ha decidido casarse. Nicolás tiene muchas y extraordinarias cualidades, aunque puede decirse que es particularmente aventurero. Esta afición suya, y que comparte con sus primos, a quienes conozco igual de bien, les ha hecho verse metidos en más de un lío. Así que no me sorprende que los tres hayan acabado escogiendo a unas trillizas americanas para compartir su espíritu indomable y ser sus eternas compañeras.
»Dado que Nicolás nunca ha sido un hombre que hiciera las cosas por azar, tampoco me sorprende el hecho de que celebrara una boda civil en Nueva York.
»Piper Duchess Pastrana, que un hombre quiera unirse contigo en matrimonio dos veces en la misma semana dice mucho del profundo amor que siente por ti. Lamento que tus padres no puedan estar presentes hoy aquí para verte contraer matrimonio con Nicolás, pero estoy seguro que están aquí en espíritu para bendecir vuestra unión. Ahora, si tu hermana retira las flores…