Greer se acercó. Se llevó el ramo de flores de los brazos de Piper.
– Nicolás, por favor, toma a tu novia de la mano.
Nic le agarró la mano, enviando una sensación ardiente a través de su brazo y todo su cuerpo.
– Piper, tu esposo me ha pedido que celebrara la ceremonia en latín. Tiene especial significado para él. Aunque él es demasiado modesto para reconocerlo, me complace alabarlo como uno de los mejores estudiosos de Andalucía. Todo lo que tienes que decir es sí cuando haga una pausa.
La ceremonia comenzó. Piper ni siquiera sabía si en ella había una parte en la que prometía obedecer a su marido o no. Tampoco importaba, porque todo era una jerigonza en latín que sería anulada en breve.
Mientras su mente deambulaba en varias direcciones se dio cuenta de que el sacerdote había terminado de hablar. Esa era la famosa pausa.
– Sí -dijo ella.
El sacerdote pronunció unas cuantas palabras más que Piper había oído lo suficiente como para poder entender que ya eran marido y mujer.
Por primera vez desde que entrara a la capilla, Nic se giró y la miró. Sus penetrantes ojos marrones la miraban fijamente.
– Te quiero -dijo en voz alta para que todo el mundo pudiera oírlo. Después, bajó la cabeza y la besó suavemente en los labios-. ¿Tú me quieres? -le preguntó en voz alta.
¿Qué? ¿Cómo podía hacerle aquello delante de toda esa gente? ¿Qué estaba pasando allí? ¿Acaso era una broma de última hora para que el sacerdote se divirtiera a su costa? Piper sabía que se había ruborizado violentamente.
– Sí -susurró.
El sacerdote se rió.
– Quiero escucharte decirlo frente a Dios y toda nuestra familia y amigos. Mi novia es un poco tímida delante de la gente -dijo a los asistentes-. Incluso a olvidado darme mi anillo.
– ¡Oh!
Piper se quitó el anillo y lo puso en el dedo de Nic. La única forma de acabar con todo aquello era hacer lo que él quería.
– Te quiero, Nic.
Él sonrió con sus ojos y con su boca.
– No ha sido tan difícil, ¿verdad?
Al instante recibió el primer beso de su marido. El tipo de beso que duraba eternamente.
Cuando finalmente la soltó, todo el mundo se reunió a su alrededor para darles la enhorabuena. El sacerdote fue el primero en besarla en la mejilla y decirle que estaba deseando bautizar a sus hijos.
– Nic ya no es ningún niño -le guiñó el ojo.
Mientras que ella aún estaba estupefacta por aquel comentario, los padres de Nic se acercaron a ellos. Su padre la besó en las dos mejillas y le dio la bienvenida a la familia. Después vinieron sus hermanas, seguidas por los padres de sus cuñados, la hermana de Max y su marido, César, el hermano de Luc y la familia Robles.
El fotógrafo les hizo fotografías al salir de la capilla. Durante unos veinte minutos estuvieron posando con los diferentes grupos familiares para preservar ese día para la posteridad.
Cuando sintió que Olivia la rodeaba con sus brazos, le dijo:
– Para que todo esto parezca real no podré veros hasta mañana por la mañana.
– Claro. Se lo diré a Greer. Max ha tenido que llevarla de vuelta a la villa.
– ¿Y eso?
– Parecía tener náuseas. Ya sabes cómo se pone cuando huele velas perfumadas.
– Yo no he percibido ningún otro olor que la fragancia de las flores.
– No lo sé. Después de la última foto dijo que sentía que iba a desmayarse.
– Pobre.
– Max se la llevó corriendo hacia el coche e insistía en que necesitaba tumbarse.
– Eso está bien.
Piper sintió que un fuerte brazo la agarraba de la cintura. Era Luc.
– Vengo a interrumpiros. Tu marido está en el coche esperando a que empiece su luna de miel. Le prometí que te llevaría junto a él.
Luna de miel. Pues vaya.
Con la ayuda de Luc, Piper se sentó en el asiento delantero del sedán de Nic con el vestido de novia, el velo y todo. Luc cerró la puerta y Nic los condujo lejos de allí.
Piper se sentía extraña, nerviosa. Tenía un poco de miedo de Nic. Era una sensación totalmente distinta a cuando se habían marchado de la oficina del señor Carlson tras la primera ceremonia.
– Te vi cuchicheando con tus primos. ¿Hay alguna noticia de Lars?
– Signore Barnizzi aún no nos ha informado de nada.
A Piper la situación no le gustaba en absoluto.
– ¿Dónde vamos a pasar la noche?
– En un lugar totalmente privado.
– Tengo que regresar a casa para quitarme el vestido de novia.
– Ambos nos cambiaremos tan pronto como lleguemos a nuestro destino.
El crepúsculo había dado paso a la oscuridad de la noche. Piper esperaba ver aparecer las luces de la villa entre el follaje en cualquier momento. Empezaron a bajar una cuesta. Ella recordaba haber bajado por aquella calle en alguna otra ocasión. Dos curvas más y llegarían al embarcadero privado de la casa de Nic.
El corazón casi se le salió del pecho al ver al Olivier amarrado en el muelle.
– Es el barco de Luc! ¿Cuándo ha llegado? -gritó Piper. Sin embargo, él no la oyó porque acababa de parar el motor y había bajado del coche para ayudarla a salir.
Ella se negó a moverse.
– No voy a subir a ese barco.
En la oscuridad, la resplandeciente sonrisa de Nic aumentaba su nerviosismo.
– No tenemos otra opción, mi amor. Signore Barnizzi quería que todo el mundo saliera de la propiedad en cuanto hubiera terminado la ceremonia. No olvides que se supone que debemos marcharnos de luna de miel, Luc me ofreció su barco porque a Olivia y a él les funcionó a las mil maravillas.
Ahí estaba la expresión «luna de miel» otra vez.
– Es la mejor forma para que los agentes de seguridad nos tengan controlados.
A pesar de que ella no pudiera refutar su lógica, aún temblaba.
– ¿Y qué me dices de nuestras familias?
– Max y Luc están celebrando una cena en Las Palmas para los asistentes a la boda. Ahora mismo la propiedad está cerrada para todo el mundo excepto para los oficiales de seguridad.
Cautiva en aquella maraña de seda y encaje, apenas podía moverse. Cuando Nic entró para ayudarla, ella intentó plantar el pie en el suelo, pero Nic tenía planes diferentes para ella y la agarró en sus brazos.
Temblorosa por la increíble sensación de sentirse contra su fuerte pecho, gritó:
– ¡Bájame Nic!
Su poderoso cuerpo simplemente seguía caminando.
– No hasta que lleve a mi esposa hasta el umbral.
Nic comenzó a andar por la playa mientras la mantilla de Piper ondeaba en la suave brisa. Sus grandes zancadas la hacían echarse hacia delante hasta el punto que sus labios rozaban las mejillas de él. Inclinó la cabeza hacia atrás, como si el contacto le hubiera producido una picadura.
– Esto es absurdo. Ahora no hay nadie mirándonos.
– Es cierto, pero tenemos que poner agua de por medio cuanto antes y un vestido de novia tan bonito te impide andar por la arena.
Nic siempre tenía una respuesta adecuada para todo.
Atrapada entre sus fuertes brazos, no tenía otra opción que dejarse llevar a bordo del Olivier y que la depositara en el diminuto y poco iluminado camarote de abajo.
El ver las literas con sus maletas encima de las sábanas debería haber sido alentador, pero según Olivia, aquella distribución a la hora de dormir había añadido emoción a su luna de miel con Luc.
Después de plantarle un breve beso en los labios, Nic desabrochó los botones de su vestido con una inesperada rapidez y pericia.
– Reúnete conmigo en la cubierta cuando estés lista. Nic empezó a subir las escaleras de dos en dos y desapareció de su vista.
Todavía estaba temblando por el exceso de emociones; el breve contacto de sus labios y sus dedos contra su piel la habían hecho arder en llamas. Totalmente aturdida, dio unos cuantos pasos para alcanzar su equipaje en la litera de abajo.