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Navegó hasta pasado el muelle para llegar hasta la playa en la zona oeste del centro costero.

En cuanto soltó el ancla, Piper apareció en cubierta vestida con unos pantalones vaqueros y un ajustado top de algodón que ponía de manifiesto su atractiva silueta. Desde el primer momento en que la vio subir a bordo del Piccione el pasado mes de junio, aquella belleza de cabellos dorados y relucientes ojos azules como las aguas que rodeaban Vernazza, lo habían cautivado.

A Nic le encantaba la adorable voz de su mujer cuando lo llamaba para desayunar. Su actuación la noche anterior había resultado tal y como él esperaba. Al compadecerse por su dolor, Piper no había intentado hablar con él acerca de su luna de miel. Por el contrario, se había metido en el camarote y no había asomado la cara hasta aquel instante.

No importaba lo mucho que deseara que Lars fuera arrestado. El caso es que una parte de él no lamentaba tener esa excusa para poder disfrutar de más tiempo a solas con Piper. Era necesario para persuadirla de que estaba enamorada de él. Tenía que estarlo. Las señales estaban ahí y Nic se negaba a creer otra cosa.

– Luc me dijo que Olivia es una cocinera excelente. No sabía que tú también lo fueses.

Cuando se sentaron en la mesa abatible de la cocina, Piper le sirvió otra taza de café.

– Todo lo que estás comiendo lo ha preparado ella. Estaba en el frigorífico. Yo lo único que he hecho ha sido calentarlo.

– Está delicioso. Me muero de hambre.

– Después de haber estado navegando toda la noche, no me extraña. Debes de haber trabajado duro ahí fuera. Incluso te ha crecido barba.

Sus sentidos se inflamaron. Aquel comentario de índole personal confirmaba que Piper lo había estado estudiando bajo aquellas largas y femeninas pestañas.

– Prometo afeitarme después de tomar uno más de esos crêpes de limón.

– Están riquísimos, Olivia se ha superado a sí misma.

– Si encima tenemos en cuenta que sufre de náuseas matutinas, su contribución es aún más de agradecer.

Evitando aún su mirada, Piper dijo:

– Después de ver lo mala que se pone Olivia, Greer dice estar contenta de que Max y ella estén esperando la adopción.

Nic se comió el último crêpe. Después de debatirse entre si comentarle o no algo, finalmente dijo:

– ¿Quieres saber un secreto?

Piper levantó la cabeza. Aquellos impresionantes ojos llameaban por la excitación.

– ¿Le van a entregar ya su bebé?

– No. Max ha cambiado de idea acerca de la adopción. Al menos por ahora.

Su expresión de felicidad se desvaneció.

– ¿Quieres decir que Greer no lo sabe? -dijo con voz agitada.

– Todavía no.

– ¿Pero eso no es justo para ella!

Nic cubrió la mano de ella para que no pudiera marcharse.

– Al contrario. Al mismo tiempo que entregaron la solicitud de adopción, Max se realizó su revisión médica anual. El doctor averiguó que Max se había casado recientemente y le sugirió hacerse una cuenta espermática para comprobar si seguía tan baja como hace años, cuando sufrió la lesión en el bazo.

»Para la sorpresa de Max, la cuenta había subido. Se hizo otra prueba para contrastar los resultados. Parece ser que la milagrosa capacidad del cuerpo humano para recuperarse ha solucionado el problema de Max. El doctor no ve razón alguna por la que tu hermana no pueda quedarse embarazada, a menos que sea ella la que tenga algún problema.

– ¡Estás bromeando!

– No, pero él no quiere que Greer lo sepa, porque el doctor le ha advertido que puede obsesionarse con la idea de quedar embarazada y reducir así la capacidad de concebir.

– ¡Entonces ahora mismo podría estar embarazada y no saberlo!

– Eso es lo que Max espera -le apretó los dedos antes de dejarla marchar.

– Dios mío! ¡Quizá sea ésa la razón por la que se sintió mal en la iglesia!

Nic aún fue más allá.

– ¿Sabes si tu madre sufrió las típicas náuseas matinales?

Su esposa lo miró con asombro.

– Siempre decía que los tres primeros meses fueron horribles. A partir de entonces cesó todo.

Nic sonrió.

– Dado que las trillizas Duchess tienen genéticamente tantas cosas en común, no me sorprendería que tu hermana mayor vaya a darle a Max el bebé que siempre ha deseado.

Piper se mordió los labios.

– Creer que nunca iba a poder ser padre biológico debe de haber sido muy duro para Max.

– Así es -Nic inspiró profundamente-. Cuando lo descubrió, cambió completamente. La idea del matrimonio ya no le resultaba tan atractiva. Dado que yo siempre estaba intentando retrasar mi matrimonio con Nina lo máximo posible, los dos hacíamos una buena pareja. Las cosas aún fueron a peor cuando Luc confesó estar harto de las mujeres tras creer que su hermano había tenido una aventura con su prometida.

»Los tres estábamos de capa caída hasta que conocimos a las trillizas Duchess. Ninguno de nosotros volvió a ser el mismo. ¿Por qué no vienes a la cama conmigo, mi amor? Eres una mujer muy atractiva. Me gustaría consumar nuestro matrimonio. Si quieres, podemos incluso intentar ir por el tercer bebé. Entre los seis formaríamos una nueva línea sucesoria, la casa Duchesse-Parma-Borbón -Nic se levantó-. Piensa en ello mientras me afeito.

Capítulo 9

Gracias a Dios que los platos eran irrompibles porque si no, Piper se habría visto obligada a comprar una vajilla nueva.

La posibilidad de que Greer estuviera embarazada tenía que haber tenido prioridad sobre cualquier otro asunto. Aun así, lo único en lo que Piper podía pensar era en que su esposo se había ido a la cama después de haber estado despierto durante toda la noche.

Él ya le había dicho que estaba enamorado de otra persona, pero Piper era la mujer con quien se había casado. Ahora Nic le había pedido que se entregara a él. Todo lo que tenía que hacer era recorrer unos pasos desde la cocina hasta el camarote. Finalmente podría echarse a sus brazos y disfrutar del amor hasta que Lars se viera entre rejas.

¿Por qué no?

Piper estaba cansada de luchar. Realmente no le importaba si su matrimonio terminaba en anulación o divorcio. Nic seguiría su camino de todas formas. Y ella seguiría el suyo. No todas las hermanas Duchess estaban destinadas a casarse felizmente y formar una familia. Amar a Nic hacía imposible amar a otra persona. Si aprovechaba aquella oportunidad, al menos se llevaría un buen recuerdo.

Totalmente decidida, fue a buscarlo. Nic estaba echado en la litera de arriba con unos pantalones como única vestimenta. Cuando Piper entró en el camarote, Nic giró la cabeza hacia la puerta. Después de haber estado navegando toda la noche, sus ojos parecían un poco vidriosos. Se recostó en la cama sobre el codo.

– ¿Bajo o quieres subir tú arriba? -preguntó en voz baja y ronca.

– Primero tenemos que discutir algo.

La sonrisa que le dedicó la hizo derretirse.

– Adelante.

– No quiero quedarme en estado, así que tendremos que tomar precauciones.

– ¿Por qué? -respondió tan rápido que ella se quedó aturdida.

– Ya sabes por qué.

Después de unos segundos en silencio, él dijo:

– Si eso fuera verdad no te lo habría sugerido.

– Después de nuestro divorcio no tengo intención de volver a verte excepto en reuniones familiares una o dos veces al año.

Una sombra cruzó por su cara. Él la estudió durante un momento, lleno de tensión.

– Incluso si tomáramos precauciones no hay garantía de que no te quedes embarazada. Ya que me has dejado clara cuál es tu postura, no me atreveré a tocarte. Un bebé necesita el cariño de unos padres que se amen. Despiértame a las tres, esposa mía. Para entonces la temperatura habrá subido y podremos disfrutar de un baño juntos.

El año pasado Nic había rechazado a Piper con la aparente excusa de que estaba guardando luto. Justo ahora lo había hecho de nuevo por haber encontrado un argumento que ella no podía rebatirle.