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– Capische.

En cuanto hubo colgado, Luc le preguntó:

– ¿Qué sucede con Piper?

Nic no se había dado cuenta de que su primo estaba detrás de él.

– Ha intentado regresar a Nueva York. Signore Galli la ha detenido en el aeropuerto de Génova.

Luc estudió a Nic durante un momento.

– No le has contado la verdadera razón por la que querías que se casara contigo así que, ¿por qué te sorprendes ahora? Sabías que este día llegaría tarde o temprano. El tío Carlos y tú sois iguales. Ambos sois demasiado orgullosos. Es ese maldito orgullo es que os impide mostrar vuestros sentimientos.

»En el fondo tío Carlos te quiere y necesita tu cariño, pero no puede dar su brazo a torcer y decirte que no hablaba en serio cuando de dijo que renunciaría a ti. Ahora tiene miedo de no oír la respuesta adecuada.

– ¿Crees que no lo sé?

– ¿Lo sabes? -lo retó Luc-. Entonces, ¿cómo es que has hecho que, de la misma forma, Piper se muestre tan fría contigo?

Tomando aire, Nic dijo:

– Le di a papá la respuesta correcta hace tan sólo unos minutos, aunque él no la hubiera pedido. Ha sido un momento aleccionador para ambos. Él se ha deshecho en sollozos y me ha rogado que lo perdonara. Nos abrazamos como debíamos haberlo hecho hace muchos años.

– Me alegro de oír eso -dijo Luc con voz ronca.

– En cuanto a Piper -Nic se aclaró la garganta-, tienes razón en todo lo que has dicho. El año pasado tuve que rechazarla por razones obvias, aunque esperaba que me entendiera y me siguiera amando de todas formas.

»Al ver que se me resistía con tanta fuerza, tuve miedo de haberle causado un daño irreparable. Por eso no le he permitido ver el fondo de mi corazón. No hay duda de que quiere dejarme, pero no permitiré que eso suceda. El viejo Nic ha muerto, Luc. El nuevo va de camino al aeropuerto de Génova para implorar piedad si es eso lo que hace falta.

– Odio tener que decirte esto, mon vieux, pero será necesario.

Un escalofrío paralizó el cuerpo de Nic.

– No puedo perderla. Ella es mi vida, Luc. Excúsame ante signore Barnizzi. Dile que ha me ha surgido algo mucho más importante que este caso que tengo que resolver de inmediato. Toda mi existencia depende de ello.

– Sé exactamente cómo te sientes. Cuando negocié con signore Tozetti el traer a Olivia de vuelta a Europa, todo mi mundo se tambaleó.

– Y el mío se tambalea ahora. Dile a Max que lo llamaré de camino al avión y le informaré de todo lo que está pasando.

– Será un gran alivio para él.

– Lo sé -murmuró Nic-. Cuando se trata de Piper, las chicas son como leonas defendiendo a sus cachorros. Estoy seguro de que su preocupación por Piper no os lo ha puesto fácil a ninguno de vosotros.

Luc le dedicó aquella vieja y familiar sonrisa de los Falcón.

– Soluciona el problema y todos te perdonaremos.

– Esa es mi intención.

Capítulo 10

Sólo eran las cinco de la madrugada y Piper aún permanecía allí, tumbada en la oscuridad con el corazón partido. Suponía que tendría que aguardar al menos otras doce horas antes de que Nic apareciera por aquella habitación sin ventanas en la que había sido arrestada.

Él encendió las luces. Aquello provocó que ella se echara la sábana por encima de la cabeza para evitar ver sus bellas facciones.

Piper escuchó como las patas de la silla se arrastraban por el suelo a medida que él se acercaba al catre.

– No tenía la menor idea de que signore Galli iba a detenerte, Piper. ¡Lo juro!

– Por favor, apaga la luz. Me hace daño a los ojos.

Al instante, todo quedó a oscuras.

– ¿Así está mejor? -le preguntó con tono grave.

Piper sabía que estaba sentado a su lado de nuevo.

– Mucho mejor.

– La última vez que quisisteis marcharos de Italia, él tenía orden de arrestaros. Nosotros le dijimos que creíamos que ibais a sacar las joyas fuera del país. Él no tenía forma de saber que todo ha cambiado desde junio.

Las lágrimas corrían por los ojos de Piper.

– Hace su trabajo muy bien. Tal y como el señor Carlson dijo una vez, los italianos pueden tener un sistema poco ortodoxo, pero funciona.

– Así es. Gracias a Dios lo hizo en tu caso -dijo con voz agitada.

– Una vez más has cumplido con tu objetivo evitando que me marche fuera del país.

– No me refiero a eso, Piper. Habría ido a buscarte dondequiera que hubieras ido. Estoy hablando del hecho de que la policía atrapara a Lars en el pasillo de la planta en que se encontraba tu habitación en el hotel Splendido. Golpeó al guardia de seguridad hasta dejarlo inconsciente y estuvo a punto de derribar tu puerta.

El cuerpo de Piper se congeló.

– ¿Lars estaba en el pasillo?

– Sí. Después de tu llamada telefónica alerté a la policía y siguieron a Erik hasta una pensión cerca de la estación. En unos cuantos minutos vi que Lars se marchaba en un coche. Estaba seguro de que se dirigía hacia el Splendido.

»Después de que la policía asaltara la pensión, Erik fue conducido a Roma junto con otro tripulante del Britannia. Yo volé en helicóptero hasta Portofino, pero hubo un retraso en el despegue debido a un fallo técnico. Cuando llegué al Splendido, Lars había sido apresado y yo era requerido en Roma.

Piper tembló y enterró la cara en la almohada.

– Respóndeme a una pregunta: ¿por qué no condujiste a Erik al barco? ¿No sabes que podía haberte protegido? ¿Tan poca fe tienes en tu marido? -dijo con voz vibrante.

Piper se levantó de nuevo.

– No fue por eso. Erik pensó que yo era Olivia. Cuando le conté que probablemente había conocido a mi hermana el verano pasado cuando había llegado a Monterosso a bordo del Gabianno, él dijo que Lars había estado intentado encontrar el barco durante varios meses. Tenía miedo de que viese el Olivier y se diera cuenta de que era el mismo barco. ¿Qué habría pasado si hubiera alertado a Lars y se hubiera escapado otra vez? Fingí estar en viaje de negocios y decidí tomar el tren.

»Me inventé la excusa de que necesitaba estar en Portofino a primera hora del día para captar la luz. Erik pareció tragarse mi historia y sugirió que quedáramos al día siguiente por la tarde. Dijo que le pediría a Lars que viniera con una amiga.

»No tengo ni idea de si se refería a Camilla o no pero, por supuesto, yo no dije nada. Él me repugnaba, pero no supe qué otra cosa hacer.

– Dadas las circunstancias fue una maniobra brillante -afirmó Nic-. Pero pusiste tu vida en peligro.

– Estoy contenta de que Lars haya sido arrestado. Eso es lo único que importa. Ahora puedo regresar a Nueva York y volver a mi trabajo.

– No, cariño.

Piper agarró la sábana con las manos.

– ¿Cómo acabas de llamarme?

– Lo que he estado llamándote todo este tiempo en español. Mi amor, querida mía, mi adorable esposa, amada mía, mi corazón, mi alma…

Los ojos le escocían.

– Por favor Nic, no. Ya es suficiente.

– De acuerdo. No más máscaras, no más juegos. Ahora por fin estamos los dos a solas. Lo único que está con nosotros es la verdad.

Piper levantó las cejas.

– Hablas de manera extraña.

– Eso es porque estás hablando con un hombre roto.

– El Nicolás de Pastrana que yo conozco es indestructible.

– Eso es sólo una apariencia que guardo para que nadie pueda ver qué hay realmente dentro de mí.

– En serio, Nic -dijo Piper enojada.

– Nunca he hablado más en serio en toda mi vida. Aprendí muy pronto que mientras cumpliera con los planes que mi padre tenía para mí, podría conseguir todo lo que quisiera y ser lo que quisiera.

»Dinero, posición, títulos…, todo estaba ahí. Teniendo además dos primos igual de bien dotados se nos permitía llevar una vida extraordinaria. No recuerdo haber envidiado nunca a ningún otro ser humano, hasta que mi padre me pidió un favor que ensombreció mi vida.