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Por lo tanto tachó a Stern de su lista, pero luego, mientras se tomaba el café, aún en Mojave, repasó cuidadosamente los demás nombres. Todos eran americanos. Todos hablaban alemán.

Además del hecho de conocer a Harper, o poder haberlo conocido, ése era el rasgo común. Pero en realidad, decidió, el mejor modo de hacer la selección era en términos de destreza lingüística. Todos eran científicos y, como el mismo Tannis, mayores que Harper. Formaban parte de una generación para la que el alemán había sido todavía el idioma de la ciencia y de las matemáticas, de modo que todos ellos lo hablaban un poco. Pero él buscaba unos conocimientos que fueran más allá de lo rudimentario. Al repasar sus recuerdos, aquel dato consiguió mermar la lista. Pero aún quedaba otra consideración pendiente. Tenía que ser alguien que estuviera en aquella zona, puesto que Buhler había viajado hasta allí. Volvió pues al teléfono y marcó el número de información para pedir los nombres de todas las ciudades y condados de la zona, desde Los Ángeles hasta Bakersfield y Bishop. Le llevó más de una hora y exasperó a varias operadoras de larga distancia, pero al final consiguió reducir la lista a cinco nombres, cinco hombres que probablemente habían conocido a Harper, que hablaban alemán y que aún vivían en aquella parte del desierto.

El siguiente paso era fácil. Sencillamente, se limitó a llamar a cada uno de ellos por turno, dirigiéndose a la persona que contestó al teléfono en su excelente alemán. De los cuatro primeros, sólo dos consiguieron responder, y uno de ellos era en realidad el hijo del hombre al que buscaba, un antiguo especialista en cargas de «barra» que ahora estaba postrado en cama. Así llegó al candidato final, después de Stern, el más probable de todos, motivo por el cual lo había dejado para el finaclass="underline" Kenneth Helmsley, un eminente químico que había ofrecido su amistad a Harper, amistad que, al recordar Tannis los detalles, demostraba lo brillante que había sido Harper, puesto que, a pesar de su juventud y el hecho de que no fuera americano, Harper había sido nombrado miembro del Grupo de Trabajo sobre Medios de Infrarrojos (WGIRB), un comité de élite formado por las fuerzas armadas americanas en 1954 para estudiar las aplicaciones militares y problemas de los rayos infrarrojos. Dos científicos de China Lake habían formado parte de este grupo, uno de ellos era Helmsley. Hablaba un alemán excelente porque había estudiado en Alemania; era la relación viviente con los primeros trabajos sobre los infrarrojos que se había realizado en Alemania entre guerras, lo cual tenía su importancia (se dio cuenta Tannis) por otros motivos. Helmsley había estudiado en la Universidad de Frankfurt con un profesor llamado Czerny, cuyo trabajo había sido dirigido hacia la Zeiss Company de Jena en los años cuarenta. En esa compañía, un equipo había desarrollado un dispositivo de rayos infrarrojos, conocido como Kiel IV, que podía montarse en un avión de combate para detectar bombarderos enemigos de noche. Por lo tanto, ahí existía una pequeña línea de investigación. ¿Habría tocado esa línea a Buhler? Jena estaba en el Este (una buena parte del complejo Zeiss había sido desmantelada y enviada a Rusia). Además, como Tannis había descubierto durante su época en la Misión Técnica, la mayor parte del resto del trabajo de investigación alemán sobre la radiación infrarroja había acabado en las zonas central y orientales de la Alemania que los rusos habían ocupado. En cualquier caso, cualesquiera que fueran los vínculos que lo relacionaran con Buhler, no cabía la menor duda de que existía una relación entre Helmsley y Harper: se conocían ya antes de que Harper llegara a China Lake. Y lo que resultaba más intrigante de todo, Helmsley aún vivía en Ridgecrest. Así que Tannis marcó su número con cierta esperanza, pero tras cinco minutos de escuchar la respuesta desconcertada y balbuceante (aunque con un acento pasable) de Helmsley, estuvo completamente seguro de que Buhler no había hablado nunca con él.

El día llegaba a su fin, era lo bastante tarde como para decidir que su suerte se había esfumado, lo bastante tarde como para volver a casa. Pero no estaba desanimado y seguía convencido sobre el punto esenciaclass="underline" Buhler había ido a China Lake para hablar con alguien que sabía alemán. Se mantendría firme en esta convicción.

A la mañana siguiente, aunque sin abandonar definitivamente su lista inicial, decidió abordar el problema desde otro punto de vista. En lugar de investigar a partir de Harper y de la base hacia el Panamint, le daría la vuelta al problema; repasaría todos los nombres de la zona del Panamint y seleccionaría los que sonaran a alemán. Para estrechar un poco el campo de acción, supuso que el lugar de la muerte de Buhler no había sido casual y que el asesino vivía en algún lugar del Valle del Panamint a lo largo de la carretera de Trona, es decir, en la zona sudeste del condado de Inyo. Tannis sabía que no era necesariamente una elección defendible. Estaba seguro de que la carretera de acceso había sido escogida como lugar de encuentro porque el cercano radar hacía muy difícil todo tipo de vigilancia electrónica y, por lo tanto, lo más probable era que el misterioso comunicante viviera en realidad en otra parte. Pero la conveniencia, derivada de la peculiar complejidad administrativa de la zona, hizo que ignorara este punto. Casualmente, China Lake se sitúa casi exactamente en el punto de intersección de las fronteras de tres condados. Ridgecrest y la mayor parte de las secciones residenciales de China Lake caían dentro del condado de Kern, que se extiende hasta Bakersfield y tiene una población de alrededor de medio millón de habitantes; de modo que a un hombre le resultaría muy difícil encontrar algo en los registros del condado. Pero la situación era aún peor en cuanto a Trona, la población más cercana al lugar del crimen, porque se halla situada exactamente en el condado de San Bernardino, que se extiende hacia el sur hasta la periferia misma de Los Ángeles. En consecuencia, el condado de Inyo era la elección más fácil. Aunque este condado cubre un área enorme a través del Valle de la Muerte hasta la frontera con Nevada, al norte, hasta el Parque Nacional Yosemite, tiene una población de menos de veinte mil habitantes. En cualquier caso, ese viernes por la mañana muy temprano, recorrió los ciento sesenta kilómetros por la carretera 395 que lo separaban de Independence, la sede del condado, a donde llegó hacia las nueve de la mañana. Examinando exhaustivamente los registros de hacienda, el censo electoral y el listín telefónico, empezó a reunir una lista de todos los nombres que sonaran a alemán en la sección del Panamint del condado y hacia el mediodía, cuando llegó al número nueve, dio con un nombre que le sonaba.