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De ser así lo habría dicho. Por supuesto que sí.

– ¿Y realmente Michelle no dijo nada cuando llegó a casa esta tarde?

– Nada. Ni una palabra. Es… es increíble.

– Es lo que me repito -Cal se puso de pie-. Mejor será que suba y hable con ella. No puede simplemente fingir que nada ocurrió.

Iba a salir del cuarto cuando June se levantó para seguirlo.

– Más vale que vaya contigo. Debe de estar horriblemente alterada.

Encontraron a Michelle tendida en su cama, con un libro apoyado en el pecho, su muñeca acomodada en la curvatura de su brazo izquierdo. Cuando sus padres aparecieron en la puerta, alzó la vista mirándolos con curiosidad. Cal fue directamente al grano.

– Michelle, creo que mejor nos dices que pasó esta tarde.

Michelle arrugó un poco la frente, después se encogió de hombros.

– ¿Esta tarde? No ocurrió nada. Volví simplemente a casa.

– ¿No te detuviste en el cementerio? ¿No hablaste con Susan Peterson?

– Tan solo un minuto -repuso Michelle.

Su expresión reveló a June que evidentemente no creía que valiera la pena hablar de eso. Cuando Cal empezó a exigir los detalles de la conversación, June lo interrumpió.

– No me dijiste que habías visto a Susan -dijo cuidadosamente, procurando no delatar nada.

Por alguna razón, parecía importante oír la versión de Michelle de lo sucedido desde su propio punto de vista y no como respuesta al impaciente interrogatorio de Cal.

– La vi solo durante uno o dos minutos -declaró Michelle-. Andaba correteando por el cementerio, y cuando le pregunte qué hacía, se puso a burlarse de mí. Me… me Ilamó lisiada y dijo que yo renqueaba.

– ¿Y qué hiciste tu? -preguntó June con suavidad. Sentándose en la cama, tomó en la suya la mano de Michelle, apretándola de manera tranquilizadora.

– Nada, iba a entrar en el camposanto, pero entonces Susan huyó corriendo.

– ¿Huyó corriendo? ¿Hacia adonde?

– No lo sé. Solo desapareció en la niebla.

Los ojos de June fueron hacia la ventana. Como durante todo el día, el sol resplandecía sobre el mar.

– ¿Niebla? Pero hoy no ha habido ninguna niebla.

Michelle miró perpleja a su madre; luego desvió la mirada hacia su padre. Parecía estar enojado. Pero ¿qué había hecho de malo? No lograba entender que pretendían de ella. Se encogió de hombros, desvalida.

– Lo único que sé es que cuando estaba en el cementerio, la niebla cayó de pronto. Era realmente espesa y no pude ver gran cosa. Y cuando Susan huyó corriendo, simplemente desapareció entre la niebla.

– ¿Oíste algo? -preguntó June.

Michelle pensó un momento; luego asintió con la cabeza.

– Hubo algo… una especie de grito. Creo que Susan debe de haber tropezado o algo así.

"Dios mío", pensó June. "No sabe. Ni siquiera sabe qué ocurrió".

– Entiendo -dijo con lentitud-. Y después de que oíste gritar a Susan, ¿qué hiciste?

– ¿Qué hice? Pues… pues me vine acá.

– Pero, querida -insistió June-. Si la niebla era tan densa ¿cómo pudiste encontrar el camino a casa.

Michelle le sonrió al responder:

– Fue fácil. Mandy me guiaba. La niebla no molesta a Mandy para nada.

Solo por pura fuerza de voluntad, June se contuvo de gritar.

CAPITULO 18

Esa noche, la cena fue casi intolerable para June. Michelle permanecía plácidamente sentada, evidentemente no afectada por lo que había sucedido esa tarde. El silencio de Cal, un silencio que había comenzado al contarle Michelle lo ocurrido esa tarde, flotaba sobre la mesa como una mortaja. Durante toda la comida la mirada de June voló desde su esposo a su hija mayor. Constantemente cautelosa, constantemente vigilante, a la espera de algo -cualquier cosa- que prestara a la atmósfera cierta normalidad.

Ese era el problema, comprendió mientras limpiaba la mesa cuando por fin terminó la comida… la situación se presentaba demasiado normal, y al parecer, era ella la única persona conciente de que no lo era. Mientras apilaba los platos en el fregadero, se encontró empezando a cuestionar su propia cordura. Dos veces se dispuso a salir de la cocina y se detuvo. Finalmente la tensión fue tanta, que no pudo soportarla.

– Creo que debemos hablar -dijo a Cal, entrando en la sala de recibo.

No se veía a Michelle en ninguna parte: June presumió que estaba en su habitación. Cal sostenía a Jennifer en las rodillas, haciéndola saltar suavemente y hablándole. Al oír a June, levantó la vista y observó cautelosamente a su esposa.

– ¿Hablar sobre que? -inquirió Cal, mirándola con fijeza. June pudo ver que ante sus ojos se alzaba un muro, un muro que amenazaba con dejarla totalmente afuera. El arrugó levemente el entrecejo, mientras la piel en torno a sus ojos se plegaba en profundas arrugas. Cuando habló lo hizo secamente.- No se que haya nada que hablar.

June movió un momento la boca; después recobró la voz.

– ¡Que no lo sabes! -exclamó, luego repitió la frase en voz más alta-. ¿Que no lo sabes? Dios mío, Cal, debemos buscar ayuda para ella.

¿Qué estaba haciendo él? ¿Acaso cerraba los ojos ante todo lo que estaba ocurriendo? Por supuesto que estaba haciendo eso. Ella pudo verlo en su expresión.

– No creo que haya nada tan terriblememente grave.

Eso era. Por eso él había estado tan silencioso desde que Michelle les relatara su versión de lo ocurrido por la tarde… simplemente estaba bloqueándolo todo. Pero June debía encontrar un modo de comunicarse con él.

– ¿Cómo puedes decir eso? -preguntó, esforzándose por mantener la voz calma y razonable -. Hoy Susan Peterson murió, y Michelle estuvo allí, lo vio, o por lo menos debió haberlo visto. Si realmente no lo vio, entonces tenemos más problemas de los que realmente yo misma pensé. No tiene ningún amigo, salvo Mandy, que es una muñeca, por amor de Dios. Y ahora está este asunto con la niebla. Cal, hoy no hubo ninguna niebla… lo sé, estuve aquí todo el día, y el sol brilló. ¡Cal, ella debe de estar perdiendo la vista! ¿Y dices que no crees que ocurra nada tan grave? ¿Acaso estás ciego tú? -June se interrumpió de pronto, dándose cuenta de que su voz se estaba poniendo chillona. Pero no importaba. Los ojos de Cal estaban helados ahora; June supo lo que iba a decir antes de que hablara.

– No quiero oír esto, June. Tú pretendes que crea que Michelle se ha vuelto loca. No es cierto. Ella está muy bien. Esta tarde sufrió un shock y lo bloqueó. Esa es una reacción normal. ¿Entiendes? ¡Es normal!

Aturdida, June se dejó caer en un sillón, mientras procuraba ordenar sus pensamientos con alguna coherencia. Cal tenía razón: no quedaba nada de que hablar… era necesario hacer algo.

– Ahora escúchame -oyó que decía Cal con voz calmada y palabras maniáticamente razonables-. Tú no estuviste allá esta tarde: yo sí. Oí lo que dijo Constance Benson, y oí lo que dijo Michelle, y no importa mucho a quién creas… Michelle nada tuvo que ver con lo ocurrido a Susan. Ni siquiera la señora Benson dijo que Michelle haya hecho algo… solo dijo que Michelle no reaccionó ante lo que pasaba. Y ¿cómo habría podido hacerlo? Debe de haberse hallado en estado de shock. ¿Cómo podía reaccionar entonces?

Con la mitad de su mente, June escuchaba lo que decía Cal, pero la otra mitad clamaba su protesta. El estaba deformando las cosas, obligándolas a parecer lo que él deseaba que parecieran.

– Pero ¿y la niebla? -insistió ella-. Michelle dijo que hubo niebla ¡y no la hubo! Maldito sea, no la hubo.

– No dije que la hubiera -respondió pacientemente Cal-. Tal vez Michelle sí vio lo que le pasó a Susan, y su reacción… la reacción que la señora Benson dijo que no huboo… fue simplemente cerrar su mente ante ello. Es posible que su mente haya inventado la niebla para ocultar lo que no quería ver.