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Sin embargo, aquello no bastaba por sí mismo para generar la clase de terror que perseguía Mao. El 18 de agosto se convocó un gigantesco mitin en la plaza de Tiananmen, situada en el centro de Pekín, al que asistieron más de un millón de jóvenes participantes. Lin Biao apareció por primera vez en público como brazo derecho y portavoz de Mao. Pronunció un discurso en el que exhortaba a la Guardia Roja a que saliera de sus colegios y «pusiera fin a las cuatro antigüedades», en otras palabras, «a las antiguas ideas, la antigua cultura, las antiguas costumbres y los antiguos hábitos».

En respuesta a aquella incierta llamada, la Guardia Roja se lanzó a la calle en todas las poblaciones chinas para dar rienda suelta a su vandalismo, fanatismo e ignorancia. Arrasaron las casas particulares, destrozaron sus antigüedades y rompieron sus pinturas y obras caligráficas. Se encendieron hogueras en las que ardían los libros. Muy pronto, casi todos los tesoros conservados en colecciones privadas resultaron destruidos. Numerosos escritores y artistas se suicidaron tras haber sido cruelmente apaleados, humillados y forzados a contemplar cómo su obra era reducida a cenizas. Se tomaron por asalto los museos. El saqueo alcanzaba a todo aquello que fuera antiguo, incluyendo palacios, templos, sepulcros antiguos, estatuas, pagodas y murallas. Las pocas cosas que sobrevivieron, tales como la Ciudad Prohibida, lo lograron gracias a que Zhou Enlai había enviado el Ejército a defenderlas con órdenes específicas de que debían ser protegidas. La Guardia Roja sólo insistía en su empeño si se veía incitada a ello.

A las acciones de la Guardia Roja, Mao respondió con un «¡Muy bien hecho!», y ordenó a la nación que los apoyara.

Animó a la Guardia Roja a que ampliara su abanico de objetivos a fin de aumentar el terror ya existente. Destacados escritores, artistas, eruditos y profesionales reconocidos que habían gozado de una consideración privilegiada bajo el régimen comunista, se vieron categóricamente condenados como autoridades burguesas reaccionarias. La Guardia Roja comenzó a atacarlos con la ayuda de aquellos de sus colegas que les odiaban, ya fuera por envidia o fanatismo. Estaban, además, los viejos «enemigos de clase»: antiguos terratenientes y capitalistas, personas relacionadas con el Kuomintang y aquellos que habían sido condenados por derechistas en anteriores campañas políticas… todos ellos, y sus hijos.

Había numerosos «enemigos de clase» que no habían sido ejecutados ni enviados a campos de trabajo, sino que habían permanecido bajo observación. Antes de la Revolución Cultural, a la policía sólo le estaba permitido proporcionar información acerca de ellos al personal autorizado. Dicha política, sin embargo, cambió. Xie Fuzhi, jefe de policía y uno de los vasallos de Mao, ordenó a sus hombres que entregaran a los «enemigos de clase» a la Guardia Roja y le informaran de aquellos crímenes que hubieran cometido, tales como intentar derrocar el Gobierno comunista.

A diferencia del tormento legal, la tortura había permanecido abolida hasta el comienzo de la Revolución Cultural. Ahora, Xie ordenó a sus policías «que no se sintieran limitados por las antiguas normas, independientemente de que éstas hubieran sido dictadas por las autoridades policiales o por el Estado». Tras anunciar que «Yo no estoy a favor de apalear a las personas hasta la muerte», añadió: «Sin embargo, si algunos [guardias rojos] detestan tanto a los enemigos de clase que desean su muerte, no hay necesidad de detenerles.»

El país se vio asolado por una ola de palizas y torturas, la mayor parte de las cuales tenían lugar durante los saqueos domiciliarios. Casi invariablemente, las familias eran obligadas a arrodillarse en el suelo y saludar a los guardias rojos con un kowtow, tras lo cual eran azotadas con los cinturones de cuero de los guardias rojos, rematados por hebillas de latón. Por fin, se afeitaba a todos sus miembros un lado de la cabeza, lo que se consideraba un humillante castigo conocido con el nombre de «cabeza yin y yang» debido a que recordaba el símbolo clásico chino del lado oscuro (yin) frente al lado iluminado (yang). La mayor parte de las pertenencias eran destrozadas o confiscadas.

En Pekín, donde la Autoridad de la Revolución Cultural podía incitar de cerca a los jóvenes, la situación fue incluso peor. Varios cines y teatros del centro fueron transformados en cámaras de tortura. Las víctimas eran arrastradas hasta ellos desde todas las zonas de Pekín, y los peatones evitaban pasar demasiado cerca, pues en las calles resonaban continuamente sus alaridos.

Los primeros grupos de guardias rojos se componían de hijos de altos funcionarios. Tan pronto como a éstos se unieron personas procedentes de otras categorías, algunos de los primeros ingeniaron el modo de conservar sus propios grupos especiales, tales como los denominados Piquetes. Mao y su camarilla adoptaron ciertos pasos calculados para incrementar su sensación de poder. En la segunda asamblea de masas de la Guardia Roja, Lin Biao apareció luciendo su brazalete, con lo que quería indicar que se sentía como uno de ellos. El 1 de octubre, Día Nacional, la señora Mao los nombró guardias de honor frente a la Puerta de la Paz Celeste de la plaza de Tiananmen. Como resultado, algunos de ellos desarrollaron una infame «teoría de la estirpe sanguínea» claramente resumida en la letra de una canción: «El hijo de un héroe siempre es un gran hombre; ¡un padre reaccionario no produce otra cosa que bastardos!» Armados con aquella «teoría», algunos hijos de altos oficiales se dedicaron a tiranizar e incluso torturar a aquellos jóvenes que tenían antecedentes «indeseables».

Mao permitió todo aquello con objeto de generar el clima de caos y terror que necesitaba. No se mostraba escrupuloso acerca de quiénes ejercían o sufrían la violencia. Aquellas primeras víctimas no eran su verdadero objetivo, y por otra parte Mao no apreciaba especialmente a su Guardia Roja ni tampoco confiaba en ella. Sencillamente, se limitaba a utilizarlos. Los vándalos y torturadores, por su parte, no siempre eran devotos de Mao sino que simplemente se dedicaban a disfrutar del permiso recibido para poner en práctica sus peores instintos.

Tan sólo una pequeña proporción de guardias rojos fue directamente responsable de actos de crueldad y violencia. Muchos pudieron evitar tomar parte en ella gracias a que la Guardia Roja era una organización aún tan desdibujada que no podía forzar físicamente a sus miembros a cometer atrocidades. De hecho, el propio Mao nunca ordenó a la Guardia Roja que matara, y sus instrucciones con referencia a los procedimientos violentos fueron siempre contradictorias. Uno podía admirar a Mao sin necesidad de cometer actos de maldad o violencia, y aquellos que gustaban de hacerlo podían, sencillamente, no echarle la culpa a él.

Sin embargo, el insidioso estímulo de Mao para la comisión de aquellas atrocidades era innegable. El 18 de agosto, con motivo del primero de una serie de ocho gigantescos mítines a los que, en total, asistieron trece millones de personas, el líder preguntó a una guardia roja cómo se llamaba. Cuando ésta respondió «Bin-bin», que significa «amable», Mao repuso en tono desaprobatorio, «Sé violenta» (yao-wu-ma). Mao rara vez hablaba en público, y aquella observación, ampliamente difundida, fue por supuesto aceptada como un evangelio. En el tercer mitin, celebrado el 15 de septiembre, en un momento en que la barbarie de la Guardia Roja se hallaba en su punto culminante, el portavoz oficial de Mao, Lin Biao, anunció situado junto al líder: «Soldados de la Guardia Roja: vuestras batallas siempre han seguido la dirección correcta. Habéis castigado como se merecían a los seguidores del capitalismo, a las autoridades burguesas reaccionarias, a las sanguijuelas y a los parásitos. ¡Habéis hecho lo correcto! ¡Y lo habéis hecho maravillosamente bien!» Al oír aquello, la multitud que llenaba la enorme plaza de Tiananmen prorrumpió en vítores histéricos, gritos ensordecedores de «Viva el presidente Mao», lágrimas incontrolables y juramentos de lealtad. Mao agitó la mano con ademán paternal, aumentando aún más el frenesí.