—¡Ah! —dijo Clary—. ¡Ah, Dios mío!
—Eso fue lo que yo pensé —repuso Jocelyn en tono sombrío—. Quería decirle que no confiase en Valentine ni aceptara nada de lo que le diese, pero no podía. Su esposo era el amigo más íntimo de Valentine, y ella me habría delatado a él inmediatamente. Mantuve la boca cerrada. Y entonces…
—Ella se mató —dijo Clary, recordando la historia—. Pero… ¿se debió a lo que Valentine le hizo?
Jocelyn negó con la cabeza.
—Sinceramente, no lo creo. A Stephen lo mataron en una incursión, y ella se cortó las muñecas cuando se enteró de la noticia. Estaba embarazada de ocho meses. Se desangró… —Hizo una pausa—. Fue Hodge quien encontró el cuerpo. Y lo cierto es que Valentine sí pareció consternado por sus muertes. Desapareció durante casi todo un día después de eso, y regresó a casa con cara de sueño y tambaleante. Y sin embargo, en cierto modo, yo me sentía casi agradecida por su desconsuelo. Al menos significaba que no prestaba atención a lo que yo hacía. Cada día temía más y más que Valentine descubriera la conspiración e intentase sacarme la verdad a base de tortura: ¿quién estaba en nuestra alianza secreta?, ¿cuánto había traicionado yo de sus planes? Me preguntaba cómo soportaría yo la tortura, si podría resistirla. Temía terriblemente que no podría. Finalmente decidí tomar medidas para asegurarme de que esto no sucedería jamás. Fui a ver as Fell con mis temores y él creó una poción para mí…
—La poción procedente del Libro de lo Blanco —indicó Clary, comprendiendo—. Así que la querías para eso. Y el antídoto… ¿cómo fue a parar a la biblioteca de los Wayland?
—Lo oculté allí una noche durante una fiesta —respondió Jocelyn con un asomo de sonrisa—. No se lo quería decir a Luke; sabía que no le gustaría la idea de la poción, pero todas las demás personas que conocían estaban en el Círculo. Envié un mensaje a Ragnor, pero se marchaba de Idris y no quería decir cuándo regresaría. Dijo que siempre se le podía contactar con un mensaje…, pero ¿quién lo enviaría? Finalmente, comprendí que existía una persona a quién sí podía decírselo, una persona que odiaba a Valentine lo bastante para no delatarme jamás a él. Envié una carta a Madeleine explicándole lo que planeaba hacer y que el único modo de revivirme era encontrar a Ragnor Fell. Jamás recibí una respuesta de ella, pero tenía que creer que lo había leído y que lo comprendía. Era todo a cuanto podía aferrarme.
—Dos razones —dijo Clary—. Has dicho que había dos razones por las que te quedaste. Una era el Levantamiento. ¿Cuál era la otra?
Los ojos de Jocelyn estaban cansado, pero luminosos y muy abiertos.
—Clary —respondió—, ¿no lo adivinas? La segunda razón es que volvía a estar embarazada. Embarazada de ti.
—Ah —dijo la chica con un hilo de voz.
Recordó a Luke diciendo: «Volvía a estar embarazada, y hacía semanas que lo sabía».
—Pero ¿eso no hizo que quisieras huir aún más?
—Sí —dijo Jocelyn—. Pero sabía que no podía. De haber huido de Valentine, él habría movido cielo e infierno para conseguir recuperarme. Me habría seguido al fin del mundo porque yo le pertenecía y jamás me dejaría marchar. Y a lo mejor le habría permitido ir tras de mí, y arriesgarme, pero jamás le habría dejado ir tras de ti. —Se apartó los cabellos del rostro cansado—. Existía sólo un modo de que pudiera asegurarme de que jamás lo hiciera. Y era que muriese.
Clary miró a su madre sorprendida. Jocelyn seguía pareciendo cansada, pero su rostro brillaba con una luz ardiente.
—Pensaba que lo matarían durante el Levantamiento —dijo—. Por alguna razón, yo jamás habría podido matarle. No habría podido obligarme a hacerlo. Pero nunca pensé que sobreviviría a la batalla. Y más tarde, cuando la casa ardió, quise creer que estaba muerto. Me dije una y otra vez que él y Jonathan habían muerto quemados en el incendio. Pero sabía… —Su voz se apagó—. Por eso hice lo que hice. Pensé que era el único modo de protegerte: quitarte tus recuerdos, convertirte en tan mundana como pude. Ocultarte en el mundo de los mundanos. Fue estúpido, me doy cuenta ahora, estúpido y equivocado. Y lo siento, Clary. Sólo espero que puedas perdonarme…, si no ahora, en el futuro.
—Mamá.
Clary se aclaró la garganta. Se había sentido como si estuviese a punto de llorar durante la mayor parte de los últimos diez minutos.
—Está bien. Es sólo… hay una cosa que no entiendo. —Enredó los dedos en el tejido del abrigo—. Quiero decir, conocía ya algo de lo que Valentine le hizo a Jace… quiero decir, a Jonathan. Pero por el modo en que describes a Jonathan es como si fuese un monstruo. Y mamá, Jace no es así. No se parece en nada a eso. Si le conocieses…. Si pudieras simplemente verle…
—Clary. —Jocelyn alargó la mano y tomó la de Clary en la suya—. Hay más cosas que tengo que contarte. No te he ocultado nada más ni hay más mentiras. Pero hay cosas que nunca supe, cosas que acabo de descubrir. Y pueden ser muy duras de oír.
«¿Peores que las que ya me has contado», pensó la muchacha, y se mordió el labio y asintió.
—Sigue adelante y cuéntamelas. Prefiero saberlas.
—Cuando Dorothea me dijo que se había visto a Valentine en la ciudad, supe que estaba allí por mí… por la Copa. Quise huir, pero no conseguía tener el valor para decirte el motivo. No te culpo en absoluto por huir de mí aquella noche espantosa, Clary. Me alegré de que no estuvieses allí cuando tu padre…, cuando Valentine y sus demonios irrumpieron en nuestro apartamento. Sólo tuve tiempo para tragarme la poción; pude oírlos derribando la puerta… —Dejó de hablar, tensa—. Esperé que Valentine me dejara allí creyéndome muerta, pero no lo hizo. Me llevó a Renwick con él. Intentó varios métodos para despertarme, pero nada funcionó. Yo estaba en una especie de estado de sueño; era medio consciente de su presencia allí, pero no podía moverme ni responderle. Dudo que pensara que podía oírle o comprenderle. Y con todo se sentaba junto a mi cama mientras yo dormía y me hablaba.
—¿Te hablaba? ¿Sobre qué?
—Sobre nuestro pasado. Nuestro matrimonio. Cómo me había amado y yo le había traicionado. Cómo no había amado a nadie desde entonces. Creo que lo decía en serio, además. Yo siempre había sido una persona con la que había hablado sobre las dudas que tenía, la culpa que sentía, y en los años desde que lo había abandonado no creo que hubiese habido nunca nadie más. Creo que era incapaz de no hablarme, incluso aunque sabía que no debía. Creo que simplemente quería hablar con alguien. Uno habría pensando que lo que le preocupaba sería lo que les había hecho a aquellas pobres personas, convirtiéndolas en repudiados, y lo que planeaba hacer a la Clave. Pero no era así. De lo que quería hablar era sobre Jonathan.
—¿Qué tenía que decir sobre él?
Jocelyn apretó los labios.
—Quería decirme que lamentaba lo que le había hecho a Jonathan antes de que naciera, porque sabía que casi me había destruido a mí. Había sabido que yo había estado a punto de suicidarme por ello, aunque no sabía que yo también estaba desconsolada por lo que había descubierto de él. De algún modo, había conseguido sangre de ángel. Es una sustancia casi legendaria para los cazadores de sombras. Se supone que beberla te proporciona una fuerza increíble. Valentine la había probado en sí mismo y había descubierto que le daba no tan sólo una energía mayor sino una sensación de euforia y felicidad cada vez que se la inyectaba en la sangre. Así que tomó un poco, la deshidrató convirtiéndola en polvo, y la mezcló con mi comida, esperando que me ayudaría en mi desesperación.
«Yo sé de dónde sacó la sangre de ángel», se dijo Clary, pensando en Ithuriel con intensa tristeza.