—¿Crees que funcionó?
—Me pregunto si ése fue el motivo de que repentinamente encontrase el norte y la capacidad para seguir adelante y ayudar a Luke a frustrar el Levantamiento. Resultaría irónico si fuese así, teniendo en cuenta por qué lo hizo Valentine, para empezar. Pero lo que él no sabía era que mientras lo hacía, yo estaba embarazada de ti. Así que si a mí podía haberme afectado ligeramente, a ti te afectó sin duda mucho más. Creo que es el motivo de que puedas hacer lo que haces con las runas.
—Y tal vez —dijo Clary—, el motivo de que tú puedas hacer cosas como atrapar la imagen de la Copa Mortal en una carta del tarot. Y el motivo de que Valentine pueda hacer cosas como liberar de la maldición a Hodge…
—Valentine ha pasado años experimentando sobre sí mismo de muchas maneras —repuso Jocelyn—. Ahora es lo más parecido que un ser humano, que un cazador de sombras, puede llegar a ser a un brujo. Pero nada de lo que pueda hacerse así mismo tendría la clase de efecto profundo en él que pudo tener en ti o en Jonathan, porque vosotros erais pequeños. No estoy segura de que nadie haya hecho nunca lo que Valentine hizo; al menos, a un bebé antes de que naciese.
—Así que Jace… Jonathan… y yo en realidad fuimos experimentos los dos.
—Tú lo fuiste involuntariamente. Con Jonathan, Valentine quería crear alguna especie de súper guerrero, más fuerte, veloz y mejor que otros cazadores de sombras. En Renwick, Valentine me contó que Jonathan era realmente todas esas cosas. Pero que también era cruel y amoral y extrañamente vacío. Jonathan era leal a Valentine, pero supongo que éste se dio cuenta en algún momento durante el proceso de que al intentar crear a un niño que era superior a otros, había creado a un hijo que jamás podría amarle.
Clary pensó en Jace, en la expresión que había tenido en Renwick, en el modo en que había aferrado aquel pedazo de Portal roto con tanta fuerza que los dedos le habían sangrando.
—No —dijo—. No y no. Jace no es así. Él sí quiere a Valentine. No debería, pero lo hace. U no está vacío. Es todo lo contrario a lo que dices.
Las manos de Jocelyn se retorcieron en su regazo. Estaban recubiertas de finas cicatrices blancas, las delicadas cicatrices blancas que todos los cazadores de sombras lucían, el recuero de las Marcas que había desaparecido. Pero, en realidad, Clary nunca antes había visto las cicatrices de su madre. La magia de Magnus siempre se las había hecho olvidar. Había una, en el interior de la muñeca, que tenía una forma muy parecida a una estrella…
Su madre habló entonces, y cualquier otro pensamiento huyó de su mente.,
—No estoy hablando de Jace.
—Pero… —empezó Clary.
Todo se ralentizó, como si soñara. «A lo mejor estoy soñando —pensó—. A lo mejor mi madre no ha despertado y todo esto es un sueño.»
—Jace —continuó Clary—es el hijo de Valentine. Quiero decir, ¿qué otra persona podría ser?
Jocelyn miró a su hija directamente a los ojos.
—La noche que Céline Herondale murió estaba embarazada de ocho meses. Valentine le había estado dando pociones, polvos; probaba en ella lo que había estado probando en sí mismo, con la sangre de ángel, con la esperanza de que el hijo de Stephen sería tan fuerte y poderoso como sospechaba que sería Jonathan, pero sin las peores cualidades de éste. No podía soportar que su experimento se desperdiciase, así que con la ayuda de Hodge le abrió el vientre a Céline y sacó al bebé. Ella llevaba muerta muy poco tiempo…
Clary emitió un sonido como si fuese a vomitar.
—Eso no es posible.
Jocelyn siguió adelante como si su hija no hubiese hablado.
—Valentine cogió a la criatura e hizo que Hodge la llevara a su propio hogar de infancia, en un valle no lejos del lago Lyn. Por eso estuvo ausente toda la noche. Hodge se ocupó del bebé hasta el Levantamiento. Tras eso, puesto que Valentine fingía ser Michael Wayland, se trasladó a la casa de los Wayland y lo crió como si fuese el hijo de Michael Wayland.
—Entonces —susurró Clary—, ¿Jace no es mi hermano?
Sintió como su madre le oprimía la mano… un apretón compasivo.
—No, Clary. No lo es.
La visión de la muchacha se oscureció. Podía sentir el corazón latiendo violentamente en golpes separados y nítidos. «Mi madre me compadece —pensó vagamente—. Cree que para mí es una mala noticia.» Las manos le temblaban.
—Entonces ¿de quién eran los huesos del incendio? Luke dijo que eran los huesos de un niño…
Jocelyn meneó la cabeza.
—Ésos eran los huesos de Michael Wayland, y los huesos de su hijo. Valentine los mató a los dos y quemó los cuerpos. Quería que la Clave creyese que tanto él como si hijo estaban muertos.
—Entonces Jonathan….
—Está vivo —dijo Jocelyn, mientras el dolor pasaba como un relámpago por su cara—. Eso me contó Valentine en Renwick. Valentine crió a Jace en la casa solariega de los Wayland, y a Jonathan en la casa cerca del lago. Se las apañó para dividir su tiempo entre los dos viajando de una casa a la otra, en ocasiones dejando solo a uno de los dos durante largos periodos de tiempo. Parece ser que Jace jamás conoció la existencia de Jonathan, aunque Jonathan puede que sí supiera de Jace. Jamás se vieron, a pesar de que probablemente vivieran sólo a unos kilómetros uno del otro.
—¿Y Jace no lleva sangre de demonio en su interior? ¿No está maldito?
—¿Maldito? —Jocelyn parecía sorprendida—. No, no tiene sangre de demonio. Clary, Valentine experimento en Jace cuando era un bebé con la misma sangre que usó en mí y en ti. Sangre de ángel. Jace no está maldito. Más bien todo lo contrario. Todos los cazadores de sombras tienen algo de la sangre del Ángel en ellos, pero vosotros dos tenéis un poco más.
La mente de Clary estaba llena de confusión. Intentó imaginarse a Valentine criando a dos hijos al mismo tiempo, uno en parte demonio, el otro en parte ángel. Un chico que era oscuridad, y uno que era luz. Amando a ambos, quizás, tanto como era capaz de amar nada. Jace no había sabido nunca de la existencia de Jonathan, pero ¿qué había sabido el otro muchacho sobre él? Su parte complementaria, su opuesto. ¿Habría odiado pensar que existía? ¿Habría ansiado conocerlo? ¿Habría sentido indiferencia? Ambos habían estado tan solo. Y uno de ellos era su hermano… su auténtico hermano de sangre.
—¿Crees que él sigue siendo igual? Jonathan, quiero decir, ¿crees que podría haberse vuelto… mejor?
—No lo creo —respondió Jocelyn con suavidad.
—Pero, ¿qué hace que estés tan segura? —Clary se volvió para mirar a su madre, repentinamente ansiosa—. Me refiero a que a lo mejor ha cambiado. Han pasado años. Quizás…
—Valentine me contó que había pasado años enseñando a Jonathan cómo resultar agradable, incluso encantador. Quería utilizarlo como espía, no puedes ser un espía si aterras a todo el que se cruza en tu camino. Jonathan incluso aprendió una cierta facultad para proyectar glamoures sutiles, para convencer a la gente de que era simpático y digno de confianza. —Jocelyn suspiró—. Te cuento esto para que no te sientas mal por haberte dejado engañar. Clary, tú has conocido a Jonathan. Sólo que él no te dijo nunca su nombre autentico porque se hacía pasar por otra persona: Sebastian Verlac.
Clary se quedó mirando a su madre con asombro. «Pero él es el primo de los Penhallow», insistió parte de su mente, aunque desde luego Sebastian no había sido nunca quien afirmaba ser; todo lo que había dicho había sido una mentira. Pensó en el modo en que se había sentido ella la primera vez que le había visto, como si reconociera a alguien que había conocido de toda su vida, alguien tan íntimamente familiar para ella como su propio ser. Jamás se había sentido así con respecto a Jace.
—¿Sebastian es mi hermano?
El rostro de huesos menudos de Jocelyn estaba contraído, las manos apretadas una con otra. Las puntas de los dedos estaban blancas, como si las estuviera presionando con demasiada fuerza entre sí.