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"No veo por qué no," dijo él suavemente. "La considero una amiga, y – "

"¿Cómo diablos podría ayudarme? " inquirió ella, preguntándose qué demonios le sucedía para continuar con el tema. "Es nuevo en el distrito. No puede presentarme a ningún candidato conveniente. “Y,” añadió, gesticulando hacia él, "evidentemente no está muy versado en el arte de vestir elegantemente y a la moda. "

Él dio un par de pasos hacia atrás. "¡Perdone! "

"Sus ropas son de calidad, pero evidentemente son de hace varios años. "

"También lo son las suyas," dijo él con una sonrisa satisfecha.

"Lo sé," dijo ella, con irritación. "Por eso necesito la ayuda de alguien que sepa de lo que estamos hablando. "

James ladeó la cabeza tensamente a un lado y luego la enderezó, tratando de suprimir una réplica. La impertinente chiquilla debería ver su armario en Londres. Lleno en abundancia de trajes, todos impecablemente cortados y a la última moda, y nada de esos trajes de ‘petimetre’ llenos de rayas, volantes y ridículos estampados. "¿Por qué tiene tantas ganas de casarse? " le preguntó, decidiendo que era más importante clarificar su situación que defender su atuendo.

"Eso no es de su incumbencia.”

"No estoy de acuerdo. Si voy a ayudarla, ha de ser de mi incumbencia. "

"No he accedido a permitir que me ayudara," replicó ella.

Sus ojos se fijaron en el libro. “¿Tiene que ser un marqués? "

Ella parpadeó, perpleja. "¿Perdón? "

"¿Tiene que ser un marqués? " repitió él. "¿Debe tener un título? ¿Es eso muy importante para usted?"

Ella retrocedió un paso y dijo en tono estridente. "¡No!".

James sintió que sus músculos se relajaban. No se había percatado de lo tenso que estaba, o de lo importante que su respuesta negativa era para él. Durante toda su vida, había sido dolorosamente consciente que era su posición lo que importaba, no su personalidad. Su padre nunca lo había llamado su hijo, sólo su heredero. El anterior marqués no sabía relacionarse con un niño; había tratado a James como un adulto en miniatura. Cualquier trasgresión infantil era vista como un insulto al título, y James había aprendido rápidamente a ocultar su personalidad, normalmente exuberante, encubierta bajo una máscara de sosegada obediencia cuando estaba en compañía de su padre.

En la escuela había sido popular -los chicos con su encanto y su capacidad atlética por lo general lo eran – pero le había llevado algún tiempo distinguir a los verdaderos amigos de aquellos que lo veían como un medio para mejorar de vida y posición social.

Y luego en Londres -¡Dios bendito! Podría haber tenido dos cabezas y joroba por lo que respectaba a todas aquellas señoras. "El marqués, el marqués," había oído que susurraban. "Es un marqués. Tiene una fortuna. Vive en un castillo. " Su aspecto y su juventud habían sido resaltados como una bendición, pero nunca, ni una vez, había oído a alguien hace mención de su ingenio, su sentido del humor, o siquiera a su sonrisa.

Pensándolo bien, Elizabeth Hotchkiss era la primera mujer con la que se había topado en mucho tiempo a quién parecía gustarle por él mismo.

Volvió la vista a ella. "¿Nada de marqueses? " murmuró. "¿Por qué, entonces, el libro? "

Sus manos, convertidas en puños, temblaron a sus costados, y lo miró como si fuera a darle una patada al suelo en cualquier momento. “Porque estaba aquí. No tengo ni idea de porque no lo titularon Cómo casarse con un caballero sin título, pero con algo de fortuna y razonablemente buen caracter."

James tuvo que reírse de eso.

"Pero, dudo que yo pudiera atraer a un caballero con título en primer lugar," añadió ella. "No tengo ninguna dote, y ciertamente no soy un diamante de primera agua.”

Discrepaban en eso, pero él sospechó que ella no lo creería aunque se lo dijera. “¿Tiene a algunos candidatos en mente? " preguntó.

Ella hizo una pausa durante un largo y revelador instante antes de contestar, "No".

"Entonces sí tiene a un hombre en mente," dijo él, con una sonrisa.

Otra vez, ella permaneció silenciosa durante varios segundos antes de contestar, en un tono que le dijo que su vida estaría en peligro si insistía en el tema, "No es adecuado. "

"¿Y en qué consiste ser adecuado? "

Ella suspiró cansadamente. "No quiero sufrir maltratos, ni que me abandonen – "

"Vaya, vaya, somos ambiciosos. "

"Olvide que he dicho algo," estalló ella. "No sé por qué estoy hablando de todo esto con usted, de todos modos. Obviamente no tiene ni idea de lo que es sentirse desesperado, carecer de opciones, saber que no importa lo que hagas- "

"Elizabeth," dijo él, suavemente, extendiendo la mano y agarrando sus dedos. "Lo siento. "

"Tiene que tener dinero," dijo ella, apagadamente, bajando la mirada a sus manos cogidas. "Necesito el dinero. "

"Ya veo. "

"Dudo que lo haga, pero probablemente es suficiente para usted saber que soy pobre."

"¿Lady Danbury no le paga lo bastante para mantenerse? " le preguntó, con calma.

"Si lo hace, pero no es bastante para mantener a mis hermanos menores. Y Lucas debe ir a Eton. "

"Sí," dijo él, distraídamente "el muchacho debería ir. Es baronet, ¿no me dijo eso? "

"No, no se lo dije, pero sí, lo es. "

"Debe habérmelo dicho Lady Danbury. "

Ella se encogió de hombros y exhaló un gran suspiro mezclado con una risita burlona. "Eso es de conocimiento general. Somos el ejemplo oficial del distrito de la pequeña nobleza empobrecida. Así que ya ve, no soy precisamente casadera. Todo lo que tengo que ofrecer es el linaje de mi familia. Y ni siquiera este es terriblemente impresionante. No es como si fuera de los más encumbrados de la nobleza. "

"No," reflexionó él, "pero uno pensaría que muchos hombres estarían deseosos de casarse y emparentar con la pequeña nobleza local, sobre todo con una rama titulada. Y tiene la bonificación de ser bastante hermosa. "

Ella alzó la vista bruscamente. "Por favor no sea condescendiente. "

Él sonrió con incredulidad. Evidentemente ella no tenía ni idea de sus encantos.

"Me han dicho que soy razonablemente bonita – " comenzó ella.

Bien, quizás alguna idea sí.

" – pero hermosa es una verdadera exageración. "

Él agitó la mano, desechando su protesta. "Tendrá que confiar en mí en este aspecto. Como decía, estoy seguro de que deben haber varios hombres en el distrito a los que les gustaría casarse con usted. "

"Hay uno," dijo ella, con desagrado. "Un hacendado local. Pero es viejo y gordo, y mezquino. Mi hermana más pequeña ya me ha dicho que se escapará a un orfanato si me caso con él. "

"Ya veo. " James se frotó la barbilla, buscando una solución para su dilema. Era un delito que tuviera que casarse con algún viejo hacendado asqueroso que le triplicara la edad. Quizás había algo que él pudiera hacer. Él tenía bastante dinero como para enviar a su hermano a Eton mil veces.

O más bien, el Marqués de Riverdale lo tenía. James Siddons, un Simple Caballero, se suponía que tenía poco más que la ropa que vestía.

Pero quizás pudiera arreglar algún tipo de donación anónima. Seguramente Elizabeth no sería tan orgullosa como para rechazar un inesperado golpe de suerte. No dudó que rechazaría un regalo por sus principios, pero no cuando el bienestar de su familia estaba en juego.

James tomó nota mental de ponerse en contacto con su abogado cuanto antes.

"De este modo," dijo ella, con una risa incómoda, "a menos que usted tenga una fortuna escondida, realmente no veo como puede ayudarme. "

"Bien," él dijo, evitando mentir rotundamente, "había pensado en ayudarla de una manera diferente. "

"¿Qué quiere decir? "

Él eligió sus palabras con cuidado. “Conozco un poco el arte del flirteo. Antes de buscar empleo, yo era… bien, no exactamente parte, pero sí intervine en la escena social. "