No, se dijo con firmeza, agarrándose al terciopelo castaño del banco para impedirse levantarse. No iba a tener nada más que ver con la señora Seeton y sus edictos. Iba a quedarse allí sentada, como si la hubiesen pegado al banco, hasta que decidiera como emplear sus setenta minutos libres.
Sin entrar en la biblioteca. Independientemente de lo que fuera a hacer, no iba a entrar en la biblioteca.
"¿Elizabeth? "
Alzó la vista y se encontró con James -o más bien, con la cabeza de James, que asomaba por la puerta de la biblioteca.
“¿Podría venir un momento? "
Se puso de pie. “¿Sucede algo malo? "
"No, no. Al contrario, en realidad. "
"Suena prometedor," murmuró ella. Hacia mucho tiempo que nadie la llamaba para darle buenas noticias. ‘¿Podría venir un momento?’ podía ser un modo cortés de decir, ‘Su cuenta está atrasada y si no paga inmediatamente tendré que notificarlo las autoridades.’
Él le hizo señas con la mano. "Tengo que hablar con usted. "
Ella se le unió entrando en la biblioteca. Mira donde quedaba su firme resolución. “¿Qué sucede? "
Él le mostró Cómo casarse con un Marqués y frunció el ceño. "He estado leyendo esto. "
Oh, no.
"Es realmente fascinante. "
Ella gimió y se tapó los oídos con las manos. "No quiero oírlo. "
"Estoy convencido de que puedo ayudarle. "
"No estoy escuchando. "
Él le cogió las manos y tiró de ellas hasta que Elizabeth quedó extendida como una estrella de mar. "Puedo ayudarle," dijo él otra vez.
"Estoy más allá de toda ayuda. "
Él se rió, un rico sonido que calentó a Elizabeth hasta los dedos de los pies. "Venga, venga" dijo él, "no sea pesimista. "
"¿Por qué está leyendo esto? " le preguntó. Por el amor del cielo, ¿qué podría este o cualquier otro hombre tan apuesto y encantador encontrar interesante en tal libro? Si uno quería ser brutalmente sincero, esto no era más que un tratado para mujeres desesperadas. ¿Y no equiparaban los hombres a las mujeres desesperadas con la cicuta, la intoxicación alimentaria, y la peste bubónica?
"Atribúyalo a mi curiosidad insaciable," contestó él. "¿Cómo podría resistirme, habiendo sido obligado a adoptar tales medidas heroicas para recuperarlo esta mañana? "
"¿Medidas heroicas? " exclamó ella. "¡Lo sacó de un tirón de debajo de mí! "
"La palabra 'heroica' está siempre abierta a la interpretación," dijo él alegremente, dirigiéndole otra de aquellas sonrisas peligrosamente masculinas.
Elizabeth cerró los ojos y soltó un cansado y desconcertado suspiro. Esta tenía que ser la conversación más rara de su vida, y, sin embargo, de alguna manera parecía bastante natural.
Lo más extraño era que ella no se sentía realmente avergonzada. Oh, seguramente sus mejillas estaban un poco sonrosadas, y no podía creer algunas de las palabras que salían de su boca, pero para ser sincera, no corría el riesgo de perecer de un ataque de mortificación aguda por ahora
Era James, descubrió. Algo en él la hacia sentirse a sus anchas. Tenía una sonrisa tan natural, una risa tan reconfortante. Podría tener un lado peligroso e incluso misterioso, y a veces realmente la miraba de una forma tan ardiente, de una manera tan extraña que hacia que el aire se espesara, pero a pesar de esto era casi imposible sentirse incómoda en su compañía.
"¿En qué piensa? " lo oyó preguntar.
Ella abrió los ojos. "Pensaba que no puedo recordar la última vez que me sentí tan ridícula. "
"No sea tonta. "
"A veces," dijo ella, con un autodespectivo gesto de la cabeza, "simplemente no puedo evitarlo. "
Él no hizo caso de su comentario y alzó el libro, sacudiéndolo con pequeños giros de su muñeca. "Esto tiene inconvenientes. "
"¿ Cómo casarse con un Marqués? "
"Muchos inconvenientes. "
"Estoy deseando oírlos. Debo decir que parece prodigiosamente difícil cumplir los edictos. "
James comenzó a pasear de un lado a otro, sus ardientes ojos negros evidentemente concentrados en sus pensamientos. "Es obvio para mí," anunció él, "que esa señora Seeton -si este es en efecto su verdadero nombre- nunca, ni una vez consultó a un hombre para preparar sus edictos. "
Elizabeth encontró esto tan interesante que se sentó.
"Puede ofrecer tantas reglas y regulaciones como le guste," expuso él, "pero su metodología es errónea. Afirma que si sigue sus edictos, se casará con un marqués – "
"Por ‘marqués,' pienso que ella simplemente quería decir un buen partido," interrumpió Elizabeth. "Imagino que solamente aspiraba a la aliteración en el título de libro. "
Él sacudió la cabeza. “No marca ninguna diferencia. Marqués, buen partido-todos somos hombres."
"Sí," dijo ella, despacio, resistiendo a duras apenas al impulso de verificar este hecho dejando que su mirada vagara de arriba abajo por el cuerpo de él, "supongo que sí. "
James se inclinó, mirándola atentamente a la cara. “Y yo le pregunto: ¿Cómo, le ruego que me diga, puede la señora Seeton -si este es en efecto su verdadero nombre -juzgar si sus reglas son efectivas? ”
"Bien," Elizabeth se paró, "supongo que ella podría haber trabajado de acompañante de algunas señoritas y – "
"Lógica defectuosa," la interrumpió él. "La única persona que puede juzgar realmente si sus reglas son verdaderamente adecuadas es un marqués. "
"O un buen partido," acotó ella.
"O un buen partido," concedió el, con un ligero asentimiento de la cabeza. "Pero puedo asegurarle, como caballero moderadamente elegible, que si una mujer se acercara a mí siguiendo todos estos edictos – "
"Pero ella no se acercaría a usted," lo interrumpió Elizabeth. "No si siguiera las instrucciones de la señora Seeton. Iría contra las reglas. Una señora debe esperar hasta que un señor se acerque a ella. No puedo recordar qué edicto lo dice pero sé que está en el libro. "
“Lo cual sólo viene a demostrar lo necio que es la mayor parte de esto. El punto que yo trataba de recalcar, sin embargo, es que si encontrara a una protegida de nuestra querida señora Seeton -si este es en efecto su verdadero nombre – "
"¿Por qué sigue diciendo eso? "
James se lo pensó un momento. Debían de ser todos esos años como espía. Todo lo que dijo, sin embargo, fue, "No tengo la menor idea. Pero como decía, si conociera a una de sus protegidas, saldría huyendo en dirección contraria. "
Tras un instante de silencio, Elizabeth dijo, con un asomo de sonrisa traviesa, "No huyó de mí."
La cabeza de James giró bruscamente. "¿Qué quiere decir? "
La sonrisa de ella se ensanchó, y casi parecía un gatito ronroneando complacida por haberlo sorprendido. "¿No leyó el edicto que habla sobre la práctica de los edictos? " Ella se inclinó hacia delante para mirar detenidamente entre las páginas de Cómo casarse con un Marqués, las cuales estaba asaltando, en busca del edicto mencionado
Él la contempló con incredulidad durante al menos diez segundos completos antes de inquirir, "¿Usted practicó conmigo? "
"Suena muy a sangre fría, lo sé, y sentí realmente una o dos punzadas de remordimiento por ello, pero realmente no tenía ninguna otra opción. Después de todo, ¿si no era usted, quién? "
"Quién, en efecto," murmuró James, no muy seguro de por qué estaba irritado. No era porque ella hubiera estado practicando con él; era bastante divertido, en realidad. Más bien, pensó que podía ser porque no se había dado cuente de que ella lo había estado haciendo.
Para un hombre que estaba orgulloso de si mismo por su instinto y percepción, era bastante mortificante, en efecto.
"No lo haré más," prometió ella. "Probablemente fue bastante injusto por mi parte. "