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Él empezó a marcar el paso de un lado a otro, dando ligeros toques con su dedo contra su mandíbula mientras trataba de decidir cómo sacar ventaja de esta situación.

"¿James"?

¡¡Ahá!! Él se giró velozmente, con los ojos encendidos de emoción ante una nueva idea. "¿Para quién practicaba usted? "

"No entiendo. "

Él se sentó a su lado y dejó que las manos colgaran entre sus muslos con los antebrazos apoyados en ellos mientras se inclinaba hacia delante. Esa mañana, más temprano, se había jurado que haría desaparecer la mirada de la desesperación de los ojos de Elizabeth. En realidad, aquella mirada no estaba allí ahora, pero sabía que volvería en cuanto ella recordara a los tres hambrientos hermanos que la esperaban en casa. Pero ahora él había encontrado un modo de ayudarla y disfrutar haciéndolo.

Iba a darle clases particulares. Ella quería hacer caer en la trampa del matrimonio a algún incauto-bien, nadie podía saber más sobre tales trampas que el Marqués de Riverdale. Había sido objeto de cada uno de los trucos, desde debutantes de tontas risitas persiguiéndolo por oscuros rincones, pasando por cartas amorosas horriblemente explícitas, hasta viudas desnudas que se colaban en su cama.

Pareció sensato suponer que si él había aprendido tan bien como evitar el matrimonio, debería ser capaz de aplicar su conocimiento en dirección contraria. Con un poco de practica, Elizabeth debería ser capaz de atrapar a cualquier hombre sobre la faz de la tierra.

Era esa parte-la de la práctica- la que hacía que su pulso se acelerara, y ciertas partes – menos mencionables- de su anatomía, se inflamaran. Cualquier clase de tutoría implicaría al menos un examen superficial de las artes amorosas. Nada, desde luego, que comprometiera a la muchacha, pero-

"¿Sr. Siddons? ¿James? "

Él alzó la vista, consciente de que se había distraído. Dios santo, pero es que ella tenía la cara de un ángel. Encontró casi imposible de creer que pensara que necesitaba ayuda para encontrar un marido. Pero realmente lo creía, y esto la brindaba la oportunidad más espléndida…

"¿Cuándo practicaba conmigo," preguntó con voz profunda y concentrada, "quién era su objetivo final? "

¿"Quiere decir para casarse? "

"Sí. "

Ella parpadeó y movió ligeramente la boca antes de decir, "Yo… no lo sé, en realidad. No había llegado tan lejos en mis pensamientos. Simplemente esperaba poder asistir a una de las reuniones de Lady Danbury. Parecía un lugar tan bueno como cualquier otro para encontrar un buen partido. "

"¿Va a celebrar una pronto? "

"¿Una reunión? Sí. El sábado, creo. Una pequeña recepción al aire libre. "

James se recostó. Maldición. Su tía no le había dicho que esperaba compañía. Si cualquiera de sus invitados fuera conocido suyo, tendría que escabullirse rápidamente. Lo último que necesitaba era que algún pisaverde de Londres le palmeara la espalda delante de Elizabeth y se dirigiera a él como Riverdale.

"No creo que nadie se quede a pasar la noche, sin embargo," añadió ella.

James asintió pensativamente. “Entonces esta será una excelente oportunidad para usted. "

"Ya veo," dijo ella, sin sonar tan ilusionada como él habría esperado.

"Todo lo que tiene que hacer es averiguar qué hombres están solteros y elegir al mejor del grupo. "

"Ya he revisado la lista de invitados, y hay varios caballeros libres. Pero" – soltó una risa frustrada – " ha olvidado una cosa, James. El caballero en cuestión debe elegirme también. "

Él ignoró su protesta, "El fracaso no es una posibilidad. Cuando hayamos terminado con usted – "

"No me gusta como suena eso. "

" – será imposible de resistir. "

Una de las manos de Elizabeth se posó inconscientemente en su mejilla cuando lo contempló con asombro. ¿Se estaba ofreciendo a entrenarla? ¿A volverla casadera? No sabía por qué estaba tan sorprendida por esto, después de todo, él nunca había dado la menor indicación – excepto por un dulce beso- de que estuviera interesado en ella para él. Y además, había dejado claro que no podía casarse con un administrador sin dinero.

Entonces, ¿por qué estaba tan deprimida porque él pareciera tan impaciente por casarla con el caballero rico y bien relacionado qué ella le había dicho que quería y necesitaba?

"¿Qué implica esa educación? " preguntó con recelo.

"Bien, no tenemos mucho tiempo," reflexionó él, "y no hay nada que podamos hacer sobre su vestimenta. "

"Qué amable por su parte el indicarlo," refunfuñó ella.

Él le dirigió una mirada ligeramente represiva. “Si no recuerdo mal, usted no tuvo reparo alguno en criticar mi vestuario antes. "

Ahí la había pillado, admitió ella. Los buenos modales la obligaron a decir, a regañadientes, "Sus botas son muy agradables. "

Él sonrió ampliamente y contempló su calzado, que, aunque viejo, parecía muy bien hecho. "Sí, lo son, ¿verdad? "

"Quizás un poco rayadas," añadió ella.

"Las puliré mañana," prometió él, mirándola como si le dijera que no iba a picar el cebo.

"Lo siento," dijo ella, quedamente. "No debí decirlo. Los elogios deberían ser dados libremente, sin restricciones ni salvedades. "

Él la miró con una extraña expresión evaluadora durante un momento antes de preguntar “¿Sabe lo qué me gusta de usted, Elizabeth? "

Ella no tenía ni idea.

"Es usted una persona amable y buena," dijo, "pero a diferencia de la mayoría de las personas amables y buenas, no predica o empalaga, o intenta hacer que todos los demás sean amables y buenos."

Se quedó boquiabierta Esta era la declaración más increíble.

"Y por debajo de toda esa bondad y gentileza, parece poseer un malvado sentido del humor, no importa con cuanta fuerza trate de vez en cuando de suprimirlo. "

Oh, Señor, si decía algo más, caería locamente enamorada de él allí mismo.

"No hay nada malo en burlarse de un amigo mientras no lo haga con malicia," dijo él, su voz convertida en una suave caricia. "Y creo que usted no sabría ser malévola ni aunque alguien le ofreciera una disertación sobre el tema. "

"Entonces supongo que eso nos hace amigos," dijo ella, con voz ligeramente ronca,

Él le sonrió, y su corazón dejó de latir. “Realmente no tiene ninguna otra opción que ser amiga mía," dijo él, acercándose más. “Después de todo, conozco sus más embarazosos secretos. "

Una risita nerviosa se le escapó de los labios. "Un amigo que va a encontrarme marido. Qué pintoresco. "

"Bueno, pienso que yo podría hacer mejor trabajo que la señora Seeton -si éste es en efecto -"

"No lo diga," le advirtió ella.

"Considérelo no dicho. Pero si quiere un poco de ayuda… " La miró fijamente. "Quiere ayuda, ¿verdad? "

"Er, sí.Creo. "

"Tendremos que comenzar en seguida. "

Elizabeth echó un vistazo al ornamentado reloj de mesa que Lady Danbury había traido importado de Suiza. "Tengo que estar en la salita en menos de una hora. "

James ojeó unas cuantas páginas de Cómo casarse con un Marqués, sacudiendo la cabeza mientras leía. "¡Um!, esto no nos deja mucho tiempo, pero – " Él alzó la vista bruscamente. “¿Cómo ha logrado escapar de Lady Danbury a esta hora del día? "

"Está durmiendo una siesta. "

"¿Otra vez? " Su cara mostró claramente su sorpresa.

Ella se encogió de hombros. “Lo encontré tan increíble como usted, pero ella insistió. Exigió absoluto silencio y me dijo que no la despertara durante setenta minutos. "

"¿Setenta? "

Elizabeth hizo una mueca. "Eso debe mantenerme alerta. La cito textualmente, a propósito. "

"De alguna manera no me sorprende. " James tamborileo con los dedos sobre la mesa principal de la biblioteca, y después alzó la vista. "Podemos comenzar cuando termine con ella esta tarde. Necesitaré algún tiempo para trazar un plan de estudio, y – "

"¿Un plan de estudio? " repitió ella.

"Tenemos que ser organizados. La organización hace accesible cualquier objetivo. "

Se quedo boquiabierta.

Él frunció el ceño. "¿Por qué me mira así? "

"Suena exactamente como Lady Danbury. De hecho, ella utiliza la misma frase. "

"¿De verdad? " James tosió, y luego se aclaró la garganta. Maldición, acababa de meter la pata. Algo en Elizabeth y en aquellos ojos azules de ángel suyos lo hizo olvidar que estaba de incógnito. Nunca debería haber usado una de las máximas favoritas de Tía Agatha. Habían sido machacadas en su cabeza con tanta frecuencia cuando era un niño que ahora eran también sus máximas.

Había olvidado que se dirigía a una persona que conocía cada uno de los matices del carácter de Agatha tan bien como él. "Estoy seguro de que es solamente una coincidencia," dijo, en tono firme. Según su experiencia la gente tendía a creer cualquier cosa que dijera mientras sonara como si supiera de lo que hablaba.

Pero, por lo visto, Elizabeth no. "Ella lo dice al menos una vez por semana. "

"Bien, entonces, estoy seguro que debo haberla oído en algún momento. "

Ella pareció aceptar aquella explicación, ya que abandonó el tema y en cambio dijo, "Decía algo sobre trazar un plan de estudios… "

“Correcto. Necesitaré una tarde para planearlo, pero quizás podríamos encontrarnos cuando haya acabado con Lady Danbury. La acompañaré a casa, y podemos comenzar por el camino. "

Ella sonrió débilmente. "Muy bien. Me encontraré con usted en la puerta principal a las cuatro y treinta y cinco minutos. Acabo a las cuatro y media," explicó ella, "pero me llevará cinco minutos llegar a la puerta. "

"¿No podemos simplemente encontrarnos aquí? "

Ella negó con la cabeza. “No, a menos que quiera que todos los criados de Danbury House chismorreen sobre nosotros. "

"Un razonamiento excelente. En la puerta principal, entonces. "

Elizabeth saludó con la cabeza y dejó el cuarto, sus piernas temblorosas apenas le alcanzaron para volver al banco almohadillado. Dios querido, ¿en que maldito lío se había metido?

Maullido.

Miró hacia abajo. Malcolm, el gato del demonio, estaba sentado a sus pies, contemplándola como si ella fuera un ratón.

"¿Qué quieres? "

El gato se encogió de hombros. Elizabeth no sabía que un gato pudiera hacerlo, pero claro, tampoco había creído jamás que se encontraría alguna vez sentada en el gran vestíbulo de Danbury House, hablando con su felina némesis.

"Piensas que soy ridícula, ¿verdad? "

Malcolm bostezó.

"He acordado dejar que el señor Siddons me entrene para encontrar marido. "

Las orejas del gato se irguieron.

"Sí, ya sé que te gusta más que yo. Todo el mundo te gusta más que yo. "

El gato se encogió de hombros otra vez, evidentemente poco inclinado a contradecir su declaración.

"Crees que no puedo hacerlo, ¿verdad? "

Malcolm movió su cola trazando un circulo. Elizabeth no tenía ni idea de cómo traducir esto, pero dado la bien documentada aversión del gato hacia ella, más bien pensaba que significaba, “Tengo mayores probabilidades de encontrar marido que tú. "

"¿Elizabeth? "

Se puso roja como una remolacha y volvió la cabeza hacia un lado. James había asomado la cabeza por la puerta de la biblioteca y la miraba socarronamente.

"¿Esta hablando con el gato? "

"No. "

"Podría haber jurado que la oí dirigiéndose al gato. "

"Bien, pues no lo hice. "

"Oh. "

"¿Por qué iba a hablarle yo al gato? Me odia. "

Los labios de James temblaron. "Sí. Me lo dijo. "

Trató de fingir que no se había dado cuenta de que sus mejillas ardían. "¿No tiene nada que hacer? "

"Oh, sí, el proyecto de lecciones. Le veré un poco más tarde de las cuatro y media. "

Elizabeth esperó hasta que oyó el chasquido de puerta de la biblioteca al cerrarse. "Dios santo," exhaló. "Me he vuelto loca. Completamente loca. "

Añadiendo el insulto a la herida, el gato asintió con la cabeza.