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Una miradita no haría daño. Sabía que era un libro estúpido, y que la mayoría de las cosas que en él se decían eran tonterías, pero si pudiera encontrar cualquier pequeño consejo que la ayudara con su presente dilema…

Cogió el libro y empezó a hojearlo, sus hábiles dedos pasando las páginas con agilidad mientras ojeaba las palabras de la señora Seeton. Se saltó la parte del vestuario, y las tonterías sobre practicar. Tal vez hacia el final hubiera algo…

"¿Qué está haciendo? "

Levantó la vista, dolorosamente consciente de que su expresión era la de un ciervo mirando hacia el agujero del rifle de un cazador. "¿Nada? "

James cruzó la habitación a zancadas, sus largas piernas llevándolo a justo al lado de ella en sólo cinco pasos. “Está leyendo ese libro otra vez, ¿verdad? "

"No leyéndolo, exactamente," tartamudeó Elizabeth. Era una completa imbécil por sentirse tan avergonzada, pero no podía evitarlo, como si hubiese sido sorprendida haciendo algo muy desagradable. "Estaba más bien echando una ojeada. "

"No estoy interesado en sutilezas semánticas. "

Elizabeth decidió rápidamente que el mejor curso de acción era un cambio de tema. "¿Cómo sabía que yo estaba aquí? "

“Oí sus pasos. La próxima vez que quiera entrar en el juego del subterfugio, camine sobre la alfombra. "

"¡Lo hice! Pero la alfombra tiene un final, como bien sabe. Se han de andar unos pasos sobre el suelo para poder entrar en la biblioteca. "

Sus ojos negros se tornaron de un color extraño, con un brillo casi académico, cuando dijo, "Hay maneras de amortiguar… Oh, no importa. No es el tema en cuestión. " Extendió la mano y le arrebató Cómo casarse con un Marqués. “Creí que habíamos acordado que esto no eran más que tonterías. Una colección de simplezas y burradas diseñadas para convertir a las mujeres en descerebradas y lloriqueantes idiotas. "

“Tenía la impresión de que los hombres ya pensaban que éramos una descerebradas y lloriqueantes idiotas. "

"La mayoría lo son," gruñó él, asintiendo. "Pero usted no tiene que serlo. "

“Bueno, señor Siddons, me sorprende. Creo que eso ha sido un elogio. "

"Y dice que no sabe coquetear," se quejó él.

Elizabeth no podía contener la sonrisa que brotaba de su interior. De todos sus cumplidos, los hechos a regañadientes eran los que más le afectaban.

Él la miró con el ceño fruncido y su expresión se tornó de juvenil petulancia al colocar de golpe el libro sobre la estantería. "Que no la pille otra vez mirando este libro. "

"Sólo estaba buscando algo de consejo," explicó ella.

"Si necesita consejo, yo se lo daré. "

Sus labios se fruncieron durante un breve segundo antes de que ella contestara, "No creo que eso sea lo apropiado en este caso. "

"¿Qué demonios significa eso? "

"Señor Siddons…"

“James.” la interrumpió bruscamente.

“James.” se corrigió ella. “No se lo que lo ha puesto de tan mal humor, pero no aprecio su lenguaje. Ni su tono.”

Dejó salir un largo suspiro, horrorizado por cómo su cuerpo temblaba al hacerlo. Sus entrañas habían permanecido retorcidas en un nudo durante casi veinticuatro horas y todo por culpa de esta chiquilla. Por Dios, si apenas le llegaba al hombro.

Todo empezó con ese beso. No, pensó denodadamente, empezó mucho antes, con la anticipación, el anhelo, el soñar con cómo se sentían sus labios bajo los suyos.

Y desde luego no había sido suficiente. Ni de lejos. La tarde anterior consiguió aparentar despreocupación bastante bien -con la ayuda de su bien apuntado cubo de agua, que, por supuesto, había aplacado su necesidad.

Pero la noche lo había dejado a solas con su imaginación. Y James tenía una imaginación muy activa.

“Estoy furioso,” le contestó, finalmente, evitando mentir totalmente al añadir, “porque anoche dormí mal.”

“Oh.” Estaba asombrada por su sencilla respuesta. Abrió la boca como para seguir interrogándolo, pero la cerró sin decir nada.

Bien por ella, pensó con dureza. Si expresaba, aunque fuera el más mínimo interés en saber porqué no había dormido bien, se juró que se lo diría. Le describiría explícitamente su sueño, hasta el más mínimo detalle.

"Siento que sufra de insomnio," dijo ella, finalmente “pero creo que realmente deberíamos hablar de su oferta de ayudarme a encontrar marido. Estoy segura de que comprenderá que es muy poco convencional."

"Pensé que habíamos decidido que no íbamos a dejar a eso guiara nuestras acciones. "

Ella lo ignoró. “Necesito una cierta estabilidad en mi vida, señor Siddons. "

"James. "

"James." Ella repitió su nombre y la palabra salió como un suspiro. “No puedo estar constantemente en guardia, temiendo que se abalance sobre mi en cualquier momento. "

"¿Abalanzarme?" En la comisura de su boca se insinuó una sonrisa. Le gustó la imagen que la palabra abalanzar había hecho que le viniera a la mente.

“Y seguramente no puede ser beneficioso para nosotros ser tan, ah… "

"¿Íntimos? " le facilitó, solo para enojarla.

Funcionó. La mirada que ella le lanzó podría haber cortado el vidrio. "La cuestión es," dijo ella elevando la voz, como si así pudiera acallar sus intervenciones, "que nuestro objetivo es encontrarme un marido, y… "

"No se preocupe," dijo él, gravemente. "Le encontraremos un marido. " Pero justo mientras decía las palabras, él fue vagamente consciente de un extraño regusto en su boca. Podía imaginar sus lecciones particulares con Elizabeth-imaginar todos y cada uno de los perfectos minutos- pero el pensar en que realmente pudiera conseguir su objetivo de contraer matrimonio, lo hacía sentir enfermo.

"Eso me lleva a otro punto," dijo ella.

James cruzó los brazos. Un punto más y tendría que amordazarla.

“Sobre este plan, y su disposición a ayudarme a encontrar marido -no estoy segura de sentirme cómoda estando en deuda con usted. "

"No lo estará. "

"Sí," dijó Elizabeth, con firmeza, "lo estaré. E insisto en retribuirle. "

La sonrisa que él le dedicó fue tan potentemente masculina que le temblaron las piernas. "¿Y cómo," dijo, arrastrando las palabras, "tiene la intención de retribuirme? "

"Chantaje. "

Él parpadeó sorprendido. Se sintió orgullosa de ello. "¿Chantaje? " repitió.

"Lady Danbury me dijo que la está ayudando a desenmascarar a su chantajista, me gustaría ayudarle."

"No. "

"Pero… "

"He dicho que no. "

Lo fulminó con la mirada, y cuándo él no añadió nada más, ella dijo, “¿Por qué no? "

"Porque podría ser peligroso, por eso. "

"Usted lo hace. "

"Soy un hombre. "

"¡Oh! " exclamó, convirtiendo sus manos en dos puños a sus costados. "¡Es un hipócrita! Todo que dijo ayer sobre respetarme, y pensar que soy más inteligente que la mayoría de las mujeres- era todo una sarta de tonterías para conseguir que confiara en usted así podría… podría… "

"El respeto no tiene nada que ver con esto, Elizabeth. " Se puso las manos sobre las caderas, y ella automáticamente dio un paso atrás al percibir la extraña expresión de sus ojos. Era casi como si se hubiese convertido en otro hombre allí mismo, en cinco segundos -uno que había hecho cosas peligrosas, conocido a gente peligrosa.

"Me marcho," dijo ella. "Puede quedarse aquí, por lo que a mi respecta. "

La cogió por el lazo de su vestido. "No creo que hayamos concluido con esta conversación. "

"No estoy muy segura de desear su compañía. "

Él soltó un largo y frustrado suspiro, "Respeto no significa que esté dispuesto a ponerla en peligro. "

"Encuentro difícil de creer que el chantajista de Lady Danbury sea un individuo peligroso. No es como si la estuviese chantajeando por tener secretos de Estado o algo parecido. "