"¿Qué más has hecho? "
"Nada," confesó James. "No hay nada más que hacer. Como te he dicho, temo que el siguiente movimiento le corresponde al chantajista. "
Lady Danbury dio unos golpecitos con la punta de sus dedos. "O sea, ¿qué me estas diciendo que te ves obligado a permanecer aquí, en Danbury House, hasta que el chantajista haga otra demanda? "
James asintió.
"Ya veo. " Ella se recostó más cómodamente en su sillón. "Entonces parece que lo único puedes hacer es seguir trabajando como mi administrador para que nadie sospeche de tu verdadera identidad. "
"Agatha," dijo él, con voz amenazadora, "¿no me habrás traído aquí solamente para conseguir un administrador gratis? " Ante su mirada ofendida, añadió, "Sé lo tacaña que puedes llegar a ser. "
"No puedo creer que pienses eso de mí," bufó ella.
"Eso y más, querida tía. "
Ella sonrió con demasiada dulzura. "Siempre es agradable que a una la respeten por su inteligencia. "
"Tu astucia es algo que no subestimaría jamás. "
Ella se rió. “Oh, te eduqué bien, James. Realmente te quiero. "
Él suspiró mientras se ponía de pie. Era una vieja astuta, y no sentía remordimiento alguno por entrometerse en su vida y convertirla de vez en cuando en un infierno, pero la quería de verdad. "Entonces regreso a mis obligaciones. No queremos que nadie piense que soy un administrador incompetente. "
Ella lo fulminó con la mirada. Agatha nunca apreciaba el sarcasmo proveniente de cualquiera que no fuera ella.
James le dijo, "Tendrás que avisarme si recibes otra nota del chantajista. "
"En cuanto la reciba," le aseguró ella.
Él hizo una pausa en la puerta. "¿Tengo entendido que tienes planeada una reunión para mañana? "
"Sí, una pequeña recepción al aire libre, ¿por qué? " Pero antes de que él pudiera contestar, ella dijo, "Oh, por supuesto. No quieres ser reconocido. Déjame darte la lista de invitados. " Señaló con la mano al otro lado del salón. "Tráeme esa caja con papeles que está sobre el escritorio. "
James hizo lo que le ordenó.
"Hice bien en cambiarte el nombre, ¿eh? No sería bueno que alguno de los criados mencionara al señor Sidwell. "
James asintió con la cabeza mientras su tía revolvía entre sus papeles. Generalmente era conocido como Riverdale, y había sido así desde que accedió al título a la edad de veinte años, pero su apellido familiar era de conocimiento común.
Agatha soltó un "¡¡Ahá!! " y sacó una hoja del papel de color crema. Antes de entregárselo, lo examinó y murmuró, "Oh querido. Creo que conoces al menos a una de estas personas. "
James leyó rápidamente los nombres, haciendo creer a su tía que su interés en la lista radicaba en su deseo de preservar en secreto su identidad. La verdad, sin embargo, era que quería ver qué hombres figuraban en ella, de entre los cuales se suponía que él iba a elegir un maldito marido para Elizabeth.
Sir Bertram Fellport. Borracho.
Lord Binsby. Jugador empedernido.
Daniel, Lord Harmon. Casado.
Sir Christopher Gatcombe. Casado.
Doctor Robert Gifford. Casado.
Señor William Dunford. Demasiado libertino.
Capitán Cynric Andrien. Muy militar.
"Estos no servirán," gruñó James, resistiendo a duras penas la tentación de arrugar el papel hasta convertirlo en una diminuta e insignificante pelota.
“¿Hay algún problema? " preguntó Agatha.
Alzó la vista sorprendido. Había olvidado completamente que Agatha estaba en la habitación. “¿Te importa si hago una copia? "
"No me explico para que puedes querer una. "
"Solo para mis archivos," improvisó él. "Es muy importante mantener archivos fidedignos. " En realidad, James era de la creencia de que cuanto menos figurara por escrito, mejor. No había nada como un documento escrito para incriminar a una persona.
Agatha se encogió de hombros y le tendió un trozo de papel. "Encontrarás pluma y tinta en el escritorio junto la ventana. "
Un minuto más tarde, James había copiado con esmero la lista de invitados y esperaba a que la tinta se secara. Regresó junto a su tía, diciendo, "Siempre cabe la posibilidad de que el chantajista esté entre tus invitados. "
"Me resulta bastante difícil de creer, pero tú eres el experto. "
Esto hizo que él alzara las cejas asombrado. "¿Realmente te pliegas a mi criterio en un tema? Los milagros nunca cesan. "
"El sarcasmo no te sienta bien, jovencito. " Agatha estiró el cuello para ver el papel que tenia en sus manos. "¿Por qué has omitido los nombres de las mujeres? "
Más improvisación. "Ellas son menos factibles como sospechosas. "
“Tonterías. Tu mismo te pasaste los primeros días jadeando detrás de la señorita Hotchkiss, creyendo… "
"¡No jadeaba detrás de ella! "
"Hablaba metafóricamente, por supuesto. Simplemente quería indicar que al principio sospechaste de ella, así que no entiendo por qué ahora descartas a todas estas otras mujeres como sospechosas. "
"Me ocuparé de ellas una vez que haya terminado con los hombres," refunfuñó James con irritación. Nadie tenía tanta capacidad para arrinconarlo como su tía. "Realmente debo volver a mi trabajo. "
"Vete, vete. " Agatha agitó la mano en el aire, desdeñosamente. "Aunque es sorprendente ver al Marqués de Riverdale apresurándose a desempeñar un humilde trabajo con tal diligencia. "
James solamente sacudió la cabeza.
"Además, Elizabeth llegará de un momento a otro. Estoy segura de que ella será mejor compañía de lo que tú has sido. "
"Sin duda. "
"Vete. "
Se fue. Para ser sincero, no le apetecía en absoluto encontrarse con Elizabeth en ese momento. Necesitaba tiempo para repasar la lista primero, y preparar sus argumentos acerca de lo inconvenientes que la mayor parte -es decir, todos- los hombres eran.
Y eso le llevaría un poco de trabajo, ya que dos de ellos eran hombres a los que James siempre había llamado amigos.
Elizabeth iba de regreso a su casa por la tarde cuando se chocó con James, que salía de su pequeña vivienda. Se había sentido tentado de tomar una ruta alternativa al camino principal, pero la había descartado como una cobardía. Siempre pasaba por delante de la vivienda del administrador cuando ella regresaba a casa, y no iba a desviarse de su camino solo por si James pudiera estar en casa en vez de en los campos o visitando a un arrendatario, o cumpliendo con cualquiera de las mil obligaciones para las que había sido contratado.
Y entonces allí estaba él, saliendo por la puerta de su alojamiento, justo cuando ella pasaba por delante.
Elizabeth tomó nota mental de no volver a depender nunca de su suerte.
"Elizabeth," prácticamente ladró él. "He estado buscándote. "
Una mirada a su expresión colérica y decidió que era un momento excelente para inventar una emergencia de ‘vida-o-muerte’ en su casa. "Me gustaría charlar," dijo ella, intentando escabullirse por delante de él, "pero Lucas está enfermo, y Jane…"
"Él no parecía enfermo ayer. "
Ella trató de sonreír dulcemente, pero era difícil hacerlo con los dientes apretados. "Los niños pueden enfermar muy rápidamente. Si me disculpas. "
Él la agarró por el brazo. "Si estuviera realmente enfermo, no habrías venido a trabajar hoy."
Oh, demonios. Ahí la había pillado. "No he dicho que estuviera terriblemente enfermo," masculló, "pero me gustaría atenderle, y…- "
"Si no está demasiado enfermo, entonces seguramente puedes dedicarme un par de minutos. " Y entonces, antes de que ella tuviera oportunidad siquiera de negarlo, la había agarrado por el codo y metido de un tirón en su casa.
"¡Señor Siddons! " chilló ella.
Él dio una patada a la puerta, cerrándola. "Pensé que ya habíamos superado lo de señor Siddons. "