Lo que ocurrió a continuación fue borroso. Hubo un furioso grito- que no pareció humano – y entonces la puerta de la caballeriza se abrió de golpe. Fellport desapareció de encima de ella, y Elizabeth gateó hacia una esquina.
James era un hombre poseído. Golpeó a Fellport con puños brutales, y sus ojos tenían una mirada salvaje y enloquecida mientras sujetaba su cara contra en el heno.
"¿Te gusta como sabe el heno? " siseó James. "¿Te gusta tener la cara aplastada contra el suelo?"
Elizabeth contempló a los dos hombres con horrorizada fascinación.
"¿Te hace sentir poderoso dominar y abusar de alguien de la mitad de tu tamaño? ¿Es eso? ¿Hacer con alguien lo que te de la gana, solo porque eres más grande y más fuerte? " James empujó la cabeza de Fellport más abajo, aplastando su cara contra el heno y la suciedad. "Ah, pero yo soy más grande y más fuerte que tú. ¿Cómo se siente uno, Fellport? ¿Cómo te sientes estando bajo mi merced? Podría partirte en dos. "
Hubo un áspero silencio, sólo interrumpido por la ahogada y desigual respiración de James. Miraba intensamente a Fellport, pero sus ojos parecían extrañamente distantes cuando susurró, "He estado esperado este momento. He estado esperando durante años para hacértelo pagar. "
"¿A mi? " chilló Fellport.
"A ti," masculló James. "Hasta la última pulgada de ti. No pude salvar… " Se atragantó con sus palabras, y nadie respiró mientras se le contraían los músculos del rostro.
"Puedo salvar a Elizabeth," susurró. "No te dejaré robar su dignidad. "
"¿James? " susurró Elizabeth. Dios santo, iba a matarlo. Y Elizabeth, Dios se apiadara de su alma, quiso mirar. Quiso que James partiera al hombre en dos.
Pero no quería que ahorcasen a James, lo cual sería, sin duda, el resultado. Fellport era un baronet. Un simple administrador no podía matar a un baronet y salir indemne. "James", dijo ella, en voz más alta, " debes detenerte. "
James hizo una pausa, apenas el tiempo suficiente para que Fellport pudiera echarle un buen vistazo a su cara. "¡Tú! " gruñó Fellport.
El cuerpo de James temblaba, pero mantuvo la voz firme y controlada cuando dijo, "Pide perdón a la señora. "
"¿A esa puta? "
La cabeza de Fellport golpeó contra el suelo.
"Pide perdón a la señora. "
Fellport no dijo nada.
Entonces, con un movimiento tan veloz que Elizabeth no podía creer lo que sus ojos veían, James sacó un arma.
Elizabeth contuvo la respiración, y se tapó la boca con mano temblorosa.
Sonó un fuerte chasquido, y James presionó la boca del cañón contra la cabeza de Fellport.
"Pide perdón a la señora. "
"Yo…yo… " Fellport comenzó a temblar incontrolablemente, y no le salían las palabras.
James movió lentamente la pistola, casi amorosamente, contra la sien de Fellport.
"Pide perdón a la señora. "
"James," dijo Elizabeth, con evidente terror en su voz, "debes parar. Está bien. No necesito… "
"¡No está bien! " rugió él. "¡Nunca estará bien! Y este hombre te pedirá perdón o yo… "
"¡Lo siento! " Las palabras brotaron de la boca de Fellport, agudas y aterradas.
James lo agarró por el cuello de la camisa y lo levantó del suelo. Fellport jadeó al sentir que la tela se le clavaba en la piel. "Te iras de la fiesta," dijo James con voz mortífera.
Fellport emitió un sonido ahogado.
James se volvió hacia Elizabeth, sin aflojar su apretón sobre Fellport. "Enseguida vuelvo. "
Ella asintió tímidamente, con las manos apretadas en un intento de contener sus temblores.
James arrastró Fellport hacia el exterior, dejando el Elizabeth a solas en el establo. A solas con mil preguntas.
¿Por qué llevaba James un arma? ¿Y dónde había aprendido a luchar con semejante y letal precisión? Los puñetazos de James no se parecían a los de un combate amistoso; habían sido diseñados para matar.
Y había preguntas más horrendas, aquellas que impedían que su corazón dejara de latir desbocado y que su cuerpo dejara de temblar. ¿Y si James no los hubiese descubierto a tiempo? ¿Y si Fellport hubiera reaccionado brutalmente? ¿Y si…?
La vida no podía ser vivida basándose en "¿y si…? " y Elizabeth sabía que tan sólo prolongaba su agonía al recrearse en lo que podría haber pasado en vez de en lo que pasó, pero no podía dejar de repasar en su mente el ataque una y otra vez. Y siempre que llegaba al momento en que James la salvaba, él no aparecía, y Fellport la maltrataba aún más, arrancándole la ropa, magullándole la piel, tomando…
"Basta," dijo en voz alta, presionándose las sienes con los dedos mientras se dejaba caer al suelo. Sus temblores se convirtieron es espasmos, y los sollozos que no había permitido evidenciar comenzaron a brotar de su garganta. Respiró profundamente, a grandes bocanadas, tratando de controlar su cuerpo traicionero, pero no era lo bastante fuerte para contener las lágrimas.
Dejó caer la cabeza entre sus manos, y comenzó a llorar. Y entonces, ocurrió lo más extraño. Malcolm avanzó lentamente hasta su regazo y comenzó a lamer sus lágrimas. Y por alguna razón esto la hizo llorar más.
La charla de James con sir Bertram Fellport fue breve. No necesitó muchas palabras para explicar que le ocurriría al baronet si alguna vez volvía a poner un pie en la propiedad de Lady Danbury. Y mientras Fellport temblaba de miedo y resentimiento, James amplió su amenaza detallando lo que le sucedería si alguna vez se encontraba a más de veinte yardas de Elizabeth, sin importar donde estuviera.
Después de todo, si James conseguía llevar a cabo su proyecto de hacerla su esposa, sin lugar a dudas sus caminos se cruzarían en Londres.
"¿Nos entendemos? " preguntó James, con voz espantosamente calmada.
Fellport asintió.
"Entonces lárguese de la propiedad. "
"Tengo que recoger mis cosas. "
"Se las haré enviar," dijo James, con la mandíbula apretada. “¿Ha traído carruaje? "
Fellport negó con la cabeza. "Vine con Binsby. "
"Bueno. El pueblo está apenas a una milla de distancia. Allí puede contratar a alguien que le lleve a Londres. "
Fellport asintió.
"Y si dice una palabra de esto a alguien," dijo James con voz letal, “si tan solo menciona mi presencia aquí, le mataré. "
Fellport asintió de nuevo, con aspecto de no desear nada tanto como acatar las órdenes de James y marcharse, pero James aún lo tenía agarrado por el cuello.
"Una cosa más," dijo James. "Si me menciona, como ya le he dicho, lo mataré, pero si menciona a la señorita Hotchkiss…"
A Fellport se le descontroló la vejiga.
"Lo haré despacio."
James soltó el cuello de Fellport, y el baronet trastabilló unos pasos antes de escaparse. James observó como desaparecía por la suave ondulación de la colina, y luego regresó a zancadas a los establos. No le había gustado marcharse dejando a Elizabeth a solas después de una experiencia tan traumática, pero no había tenido otra opción. Tenia que encargarse de Fellport, y no creyó que Elizabeth quisiera estar en la misma habitación que el sinvergüenza más tiempo que el estrictamente necesario.
Por no mencionar que Fellport podría haber revelado la verdadera identidad de James en cualquier momento.
En el instante en que James entró en los establos, oyó su llanto.
"Maldita sea," susurró, dando un medio traspiés mientras corría hacía ella. No sabía cómo consolarla, no tenía la más mínima idea de qué hacer. Lo único que sabía era que ella lo necesitaba, y rezó a Dios para no fallarle.
Llegó hasta la última caballeriza, la puerta todavía colgaba oscilante de sus bisagras. Elizabeth estaba acurrucada contra la pared, sus brazos rodeando sus piernas y su frente descansando sobre sus rodillas. El gato se había colado en el hueco entre lo muslos de Elizabeth y su torso, y, para asombro de James, parecía tratar de consolarla.