Выбрать главу

Pero en el transcurso de una semana, su vida había dado un vuelco. Por primera vez en más de un año, quería algo.

Quería a alguien.

Quería a Elizabeth.

Se había sentido atraído por ella antes de esta tarde, atraído y obsesionado hasta el punto que había decidido que se casaría con ella. Pero algo muy extraño y mágico había ocurrido en el interior de los establos cuando había tratado de consolar a Elizabeth.

Se había encontrado contándole cosas que había guardado en secreto durante años. Y mientras le salían las palabras, había sentido que un vacío dentro de él se llenaba. Y supo que no era que se sintiera embrujado por Elizabeth. No era que lo atrajera, y lo obsesionara.

La necesitaba.

Y sabía que él no encontraría la paz hasta que no la hiciera suya, hasta que no conociera cada pulgada de su cuerpo y cada recoveco de su alma. Si esto era el amor, se rendía a ello de buen grado.

Pero no podía abandonar sus responsabilidades, y no rompería la promesa hecha a su tía. Solucionaría el misterio de ese maldito chantajista. Después de todo lo que Agatha había hecho por él cuando era un niño, él resolvería este misterio para ella.

Elizabeth amaba a Agatha. Ella lo entendería.

Pero eso no significaba que fuera a quedarse ocioso. Le había dicho a Agatha que el mejor modo de encontrar al chantajista era esperar a recibir otra nota, y era cierto, pero estaba cansado de esperar.

Contempló la cara de Elizabeth, miró aquellos ojos infinitamente azules y su piel impecable, y tomó una decisión. "Tengo que irme a Londres mañana," dijo repentinamente.

Ella lo miró al instante. "¿A Londres? " repitió. "¿Por qué? "

"Algunos desagradables asuntos de familia," contestó él, odiándose por no poder decirle toda la verdad, pero reconfortándose por el hecho de que sus palabras no eran una completa mentira.

"Entiendo," dijo ella, quedamente.

Por supuesto que no entendía, pensó él enfadado. ¿Cómo podría hacerlo? Pero no podía decírselo. Era improbable que el chantajista de Agatha se volviera violento, pero James no podía descartar totalmente aquella posibilidad. El único modo de salvaguardar totalmente a Elizabeth era mantenerla en la ignorancia.

"Regresaré pronto," dijo él. "Espero que en una semana. "

"No planearas perseguir a Fellport, ¿verdad? " preguntó ella, frunciendo el ceño con preocupación. "Porque si es… "

Él presionó suavemente su índice contra sus tiernos labios. "No planeo perseguir a Fellport."

Su expresión permaneció dudosa. "Si lo vuelves a atacar, te colgarán," insistió ella. "Seguramente sabes… "

James la hizo callar con un beso que fue breve pero lleno de promesas, "No te preocupes por mí," murmuró él contra la comisura de su boca. Retrocedió, tomándole la manos entre las suyas. "Hay cosas que tengo que hacer, asuntos de los que debo ocuparme antes de… "

Sus palabras se detuvieron, y vio en sus ojos una silenciosa pregunta. "Estaremos juntos," juró él. "Te lo prometo. "

Al final, tuvo que besarla una vez más. “Nos espera un maravilloso futuro," susurró las suaves y dulces palabras contra sus labios. "Maravilloso, en efecto. "

* * *

Elizabeth atesoraba aquellas palabras cerca de su corazón diez días después, aun cuando no había tenido noticias de James. No estaba segura de por qué era tan optimista respecto al futuro; ella seguía siendo dama de compañía y James un simple administrador, y ninguno de ellos poseía un centavo, pero de alguna manera confiaba en la capacidad de ambos de hacer que el futuro, como él había dicho, fuera maravilloso.

Tal vez, él esperaba recibir una herencia de un pariente lejano. Tal vez, conociera a alguno de los maestros de Eton y pudiera arreglar que Lucas asistiera a un coste reducido. Tal vez…

Tal vez, tal vez, tal vez. La vida estaba llena de inciertos “tal vez”, pero de repente "tal vez" sonaba muy prometedor.

Después de tantos años cargando responsabilidades, se sentía casi mareada al abandonar su constante sentimiento de preocupación. Si James decía que podía solucionar sus problemas, ella lo creía. Tal vez era tonta, creyendo que un hombre podía irrumpir en su vida y hacer que todo fuese perfecto. Después de todo, su padre no había sido, precisamente un modelo de fiabilidad y rectitud.

Pero, seguramente, ella merecía un poquito de magia en su vida. Ahora que había encontrado a James, ella no podía plantearse buscar escollos y peligros. Sentía el corazón más ligero que en muchos años, y ella se negaba a pensar que algo pudiera estropear aquella felicidad.

Lady Danbury confirmó que a James se le habían concedido un breve permiso para visitar a su familia. Esto era algo excepcional para concederlo a un administrador, pero Elizabeth asumió que James era tratado con mayor consideración debido a la antigua relación de su familia con los Danbury.

Lo raro, sin embargo, era el constante estado de irritación de Lady Danbury. Puede que le hubiera concedido tiempo a James para atender sus asuntos personales, pero, evidentemente, no lo había hecho de buen grado. Elizabeth no podía enumerar la cantidad de veces que había pillado a Lady D quejándose por su ausencia.

Últimamente, sin embargo, Lady Danbury había estado demasiado preocupada por su próximo baile de máscaras para calumniar a James. Iba a ser el baile más grande celebrado en Danbury House en años, y todo el personal- más los cincuenta criados extras contratados únicamente para el evento-zumbaban de actividad. Elizabeth apenas podía caminar del salón a la biblioteca (que estaba sólo a tres puertas de distancia) sin tropezar con uno u otro sirviente, que venía a asediar a lady Danbury con preguntas sobre la lista de invitados, o el menú, o los farolillos chinos, o los disfraces, o…

Disfraces. En plural. Para sorpresa de Elizabeth, Lady Danbury había encargado dos. Uno de Reina Elizabeth para ella, y otro de pastora para Elizabeth.

Elizabeth estaba muy contenta.

"No voy a llevar ese cayado toda la noche," juró ella.

"Cayado,¡ja!. Esto no es nada," se rió Lady D. "Solamente espera a ver las ovejas. "

"¿Quéééééé? "

"Bromeaba. ¡Santo cielo, muchacha!, debes desarrollar tu sentido del humor. "

Elizabeth balbuceó un gran número de sinsentidos antes de lograr mascullar, "¡Disculpe!"

Lady D agitó la mano desdeñosamente. "Lo sé, lo sé. Ahora vas a decirme que alguien que ha sobrevivido cinco años trabajando para mí debe estar en posesión de un excelente sentido del humor. "

"Algo así," refunfuñó Elizabeth.

"O tal vez que si no poseyeras un brillante sentido del humor la tortura de ser mi dama de compañía habría acabado contigo. "

Elizabeth parpadeó. "Lady Danbury, creo que es usted quien está desarrollando el sentido del humor. "

"Uf. A mi edad una tiene que tenerlo. Esto es el único modo de sobrellevar el día. "

Elizabeth simplemente sonrió.

"¿Dónde está mi gato? "

"No tengo ni idea, Lady Danbury. No lo he visto esta mañana. "

Lady D miró en todas direcciones, hablando mientras exploraba el cuarto buscando a Malcolm. "De todos modos", pontificó, "uno podría pensar que al menos sería tratada con más respeto. "

“No sé lo que quiere decir con semejante comentario. "

La expresión de Lady Danbury era sardónica. "Entre tu y James, ya nunca consigo salirme con la mía. "

Antes de que Elizabeth pudiera replicar, Lady D se dio la vuelta y dijo, "A mi edad, tengo derecho a salirme con la mía.”

“¿Y esa qué edad es hoy? "

Lady D la amonestó con el dedo. "No seas tan astuta. Sabes muy bien que edad tengo. "

"Hago todo lo posible por mantenerme al tanto de ella. "

"Hmmph. ¿Dónde está mi gato? "

Ya que ya había contestado esa pregunta anteriormente, Elizabeth, en cambio preguntó, "¿Cuándo, ah, espera usted que regrese el señor Siddons? "

Los ojos de Lady Danbury parecían demasiado perspicaces cuando preguntó, “¿Mi errante administrador? "