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"Sí. "

“No lo sé, maldito hombre. Todo está convirtiéndose en ruinas. "

Elizabeth echó un vistazo por la ventana a los interminables y prístinos jardines de Danbury House. "Podría estar exagerando ligeramente. "

Lady D comenzó a decir algo, pero Elizabeth alzó la mano y dijo, "y no me diga que a su edad está en su derecho de exagerar. "

"Bueno, pues así es. Hmmph.¡Malcom! "

Los ojos de Elizabeth fueron hacia la puerta. El rey de Danbury House entraba en el salón, sus gordezuelas patas moviéndose silenciosamente sobre la alfombra.

"Aquí estas, dulzura," lo arrulló Lady Danbury. "Ven con mamá. "

Pero Malcolm ni siquiera movió su cola color café con leche hacia ella. Mientras Lady D lo contemplaba horrorizada, su gato trotó directamente hasta Elizabeth y saltó sobre su regazo.

"Gatito bueno," ronroneó Elizabeth.

"¿Qué ocurre aquí? " exigió Lady D.

"Malcolm y yo hemos llegado a un entendimiento. "

"¡Pero si te odia! "

"Pero, Lady Danbury," dijo Elizabeth dijo, fingiéndose sobresaltada. "Si durante todos estos años usted ha insistido en que él es un gatito muy amistoso. "

"Por supuesto que es un gatito muy amistoso," refunfuñó Lady D.

"Por no mencionar todas la veces que me dijo que todo eran figuraciones mías. "

"¡Mentí! "

Elizabeth se palmeó una mejilla con fingida incredulidad. "¡No! "

"Quiero que me devuelvas a mi gato. "

Elizabeth se encogió de hombros. Malcolm se puso de espaldas y se estiró con las patas sobre su cabeza.

"Felino miserable y traidor. "

Elizabeth le sonrió al gato mientras le rascaba la piel bajo la barbilla. “La vida es buena, ¿eh, Malcolm? La vida es muy, muy buena. "

Malcolm ronroneó en acuerdo, y Elizabeth supo que tenía que ser cierto.

* * *

De vuelta en Londres, James sentía una frustración de mil demonios. Había malgastado más de una semana investigando la vida de Agatha y no había dado con nada. No pudo encontrar ni un alma que conociera a alguien que sintiera al menos un poco de rencor contra su tía. Oh, mucha gente tenía mucho que decir sobre su mordaz ingenio mordaz y sus bruscos modales, pero nadie realmente la odiaba.

Además, no había ni el más leve indicio de escándalo en su pasado. Por lo que se refería a Londres, Agatha, Lady Danbury, había llevado una vida ejemplar. Honrada y fiel, era laureada como el perfecto ejemplo de la impecable dama inglesa.

Para ser sincero, no podía recordar haber llevado a cabo alguna vez una investigación tan aburrida.

Sabía que era improbable que encontrara algo sustancioso; después de todo, el chantajista había buscado a su tía en Surrey. Pero no había encontrado ninguna pista en Danbury House, y Londres le pareció el siguiente paso lógico. Si el enemigo de Agatha había descubierto algo sobre su pasado secreto a través de los brillantes e intensamente eficientes círculos de chismorreo de la alta sociedad londinense, entonces era razonable suponer que alguien en Londres sabría algo.

James quedó amargamente decepcionado.

No había nada más que hacer ahora excepto regresar a Danbury House con la esperanza de que el chantajista hubiese hecho otra demanda. Esto, sin embargo, parecía improbable; seguramente su tía se lo habría notificado si hubiese sucedido. Sabía donde localizarlo; él le había dicho exactamente donde iba y lo que esperaba conseguir.

Agatha se había opuesto vehementemente a que se marchara. Estaba convencida que su chantajista sería encontrado en Surrey, merodeando alrededor de Danbury House. Cuando James se marchó finalmente, Agatha se había comportado según su estilo,, gruñona, malhumorada y más irritable que su gato.

James se estremeció al pensar en la pobre Elizabeth, encadenada a la hosca compañía de su tía durante toda la semana pasada. Pero si alguien podía sacar a Agatha de su mal humor, él estaba convencido de que era Elizabeth.

Tres días más. No dedicaría más que ese tiempo a su investigación en Londres. Tres días y volvería a Danbury House, anunciaría su fracaso a su tía y sus intenciones a Elizabeth.

Tres días más y podría comenzar su vida de nuevo.

* * *

Llegado el viernes por la tarde, Danbury House estaba sitiada. Elizabeth se encerró en la biblioteca durante una hora solamente para escapar de las hordas de criados que daban los últimos retoques a la mansión para la celebración del baile de aquella noche. No había modo de sustraerse a la frenética actividad, sin embargo; Lady Danbury había insistido en que Elizabeth se vistiera en Danbury House. Esto era una propuesta sensata, eliminando la necesidad de Elizabeth de regresar a su casa para cambiarse y luego volver de nuevo a la mansión. Pero también le hacia imposible escabullirse durante unos minutos en busca de un poco de paz.

El momento en la biblioteca no contaba. Como podía contar cuando no menos de cinco criados aporrearon la puerta, solicitando su opinión sobre los más triviales asuntos. Finalmente Elizabeth se rindió y grito, “¡Pregúntenle a Lady Danbury! "

Cuando el primero de los carruajes apareció por el camino, Elizabeth huyó escaleras arriba a la habitación que Lady Danbury le había asignado para esa velada. El temido traje de pastora colgaba en el armario, acompañado del cayado que se apoyaba contra la pared.

Elizabeth se dejó caer pesadamente sobre la cama. No tenía ningún deseo de llegar temprano. Esperaba pasar la mayor parte de la noche sola. No le desagradaba su propia compañía, y lo último que quería era llamar la atención. Llegar cuando la fiesta estuviese en su apogeo significaba que podría mezclarse con la muchedumbre. Para entonces, los invitados de Lady Danbury deberían estar demasiado inmersos en sus propias conversaciones para prestarle atención.

Pero los invitados llegaron como una inundación más que como un lento flujo, y Elizabeth conocía a Lady Danbury lo bastante bien como para saber que la condesa la arrastraría abajo por el pelo si ella demoraba mucho más su aparición. Así que se puso el disfraz de pastora, se colocó la máscara emplumada que Lady D había comprado también para ella, y se miró al espejo.

"Parezco ridícula," dijo ella a su reflejo. "Completamente ridícula. " Su vestido blanco era una masa de pliegues y volantes, adornado con más encaje del que cualquier pastora podría permitirse, y el corpiño, si bien no era indecente, estaba cortado más bajo que cualquier otro que ella hubiera lucido anteriormente.

"Como si una pastora pudiera caminar por los campos llevando puesto esto," refunfuñó, tirando del escote hacia arriba. Desde luego también era improbable que una pastora llevara puesta una máscara emplumada, pero eso no tenia importancia en comparación con la extensión de pecho que mostraba.

"Ah, no me importa," declaró. "Nadie sabrá quién soy, de todos modos, y si alguien intenta algo indecente, al menos tengo el maldito cayado. "

Con esto, Elizabeth lo agarró y lo blandió en el aire como una espada. Satisfactoriamente armada, ella salió de la habitación y caminó por el pasillo. Antes de que alcanzara la escalera, sin embargo, una puerta se abrió de golpe, y una mujer vestida como una calabaza salió disparada, colisionando con Elizabeth.

Ambas cayeron sobre la alfombra con un ruido sordo y una ráfaga de maldiciones. Elizabeth se puso en pie y después miró hacia la calabaza, quién aún estaba sentada sobre su trasero.

"¿Necesita que la ayude? " preguntó Elizabeth.

La calabaza, quién sujetaba una máscara verde en su mano, asintió. "Gracias. Estoy un poco patosa últimamente, me temo. "

A Elizabeth le llevó un par de parpadeos percatarse de lo que quería decir la cala-¡la dama!; tenia que dejar de pensar en ella como una calabaza. "¡Oh, no! " dijo Elizabeth, poniéndose de rodillas a su lado. "¿Se encuentra bien? Esta su… " Señaló hacía el centro de su figura, aunque resultaba difícil discernir dónde se encontraba el centro bajo el disfraz de calabaza.