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Parecía estar tratando de deslizarse a lo largo del perímetro exterior de Danbury House, en dirección a la entrada. James cambió ligeramente de planes y fue en su dirección, su corazón retumbando con la certeza de que ella pronto estaría en sus brazos.

¿Cuándo se había convertido en un tonto romántico?

¿Quién sabía? ¿A quién le preocupaba? Estaba enamorado. Finalmente había encontrado a la mujer que completaba su corazón, y si eso lo convertía en un tonto romántico, que así fuera.

Mientras ella se dirigía hacia la parte delantera, se le acercó sigilosamente por detrás, y antes de que ella pudiera oír el crujido de sus pisadas sobre la grava, extendió la mano y la agarró por la muñeca.

Ella se giró con un grito sofocado de sobresalto. James vio con placer como el pánico de sus ojos se convertía en alegría.

"¡James! " grito, agarrando con su mano libre la de él. "Has vuelto. "

Él se llevó sus manos a los labios y las besó. "No podía permanecer lejos. "

El tiempo que llevaban separados la había vuelto tímida, y no pudo mirarlo a los ojos cuando susurró, "Te he echado de menos. "

Al infierno el decoro. La estrechó en sus brazos y la besó. Y cuando finalmente pudo obligarse a arrancar sus labios de los suyos, susurró, "Ven conmigo. "

"¿Dónde? "

"A cualquier parte. "

Y ella fue.

Capitulo 17

La noche estaba llena de magia. La luna refulgía, el aire estaba impregnado del delicado aroma de flores silvestres, y el viento era un romántico susurro contra la piel.

Elizabeth se sentía como una princesa. La mujer que corría a través del campo, con el pelo ondeando como una cinta de oro, no podía ser la ordinaria y sencilla Elizabeth Hotchkiss. Sólo por una noche, se había transformado. Sólo por una noche, su corazón no albergaba preocupaciones ni responsabilidades. Estaba bañada en risas y pasión, envuelta en pura alegría.

Cogidos de la mano, corrieron. Danbury House se perdió de vista, aunque los sonidos de la fiesta flotaban en el aire. Los árboles alrededor se hicieron más densos, y finalmente James se detuvo, con la respiración jadeante por el esfuerzo y de excitación.

"Oh, Dios mío," jadeó Elizabeth sofocada, casi chocándose contra él. "No he corrido tan rápido desde – "

Sus brazos se enroscaron alrededor de ella, y se quedó sin aliento. "Bésame," le ordenó.

Elizabeth estaba perdida en el encanto de la noche, y cualquier indecisión que hubiera podido sentir, cualquier noción de lo que era apropiado y lo que era escandaloso, se desvaneció. Arqueó el cuello, ofreciéndole los labios, y él los tomó, su boca capturo la suya con una dulce mezcla ternura y primitiva necesidad.

"No te tomaré. No ahora- no aún," juró él sobre su piel. "Pero déjame amarte. "

Elizabeth no sabía a que se refería, pero su sangre corría ardiente y veloz por sus venas, y no podía negarle nada. Alzó la mirada, vio el fuego en sus ojos color chocolate, y tomó su decisión. "Ámame," susurró. "Confío en ti. "

Los dedos de James temblaron cuando los acercó reverentemente a la suave piel de sus sienes. Bajo sus dedos su pelo era como seda dorada, y parecía tan dolorosamente pequeña y frágil bajo sus grandes, y de repente, torpes manos. Se dio cuenta de que podría lastimarla. Era pequeña y delicada, y era su responsabilidad protegerla. "Seré tierno," susurró, casi sin reconocer su propia voz. "Jamás te haría daño. Jamás. "

Ella confiaba en él. Esto era un poderoso regalo, un intercambio de almas.

Dejó vagar sus dedos suavemente por los ángulos de sus mejillas hasta la desnuda piel de su cuello. Su disfraz no se parecía a nada que ella hubiera llevado antes, provocándolo con la insinuación de sus hombros desnudos, amenazando con caerse solamente con el más leve empujón. Podía enganchar su dedo alrededor de la suave tela blanca y revelar un delicado hombro, y luego el otro, y luego podía tirar un poco mas hacia abajo, exponiéndola-

La sangre se le agolpó en las ingles. Dios santo, si solo con pensar en desnudarla tenia semejante erección, ¿qué demonios iba a pasar cuando la tuviera realmente desnuda y dispuesta en sus brazos? ¿Cómo lograría hacerle el amor con la gentileza y el cuidado que merecía?

El aliento se le atascó en la garganta, cuando lentamente deslizó el vestido por un hombro, sin despegar los ojos de la piel que iba exponiendo. Ella relucía a la luz de la luna como la perla más exquisita, y cuando inclinó la cabeza para acariciar con los labios la cálida y seductora curva donde el cuello se encontraba con el hombro, fue como llegar a casa por fin.

Mientras la besaba, su mano tejía la misma magia con el otro hombro, y oyó su jadeo cuando la tela poco a poco resbaló hacia abajo, revelando la suave curvatura de las cumbres de sus pechos. Ella murmuró algo -pensó que podía haber sido su nombre – pero no lo detuvo, así que desabrocho el botón que anidaba entre sus pechos, soltando el escote de su vestido lo suficiente para permitir que se abriera.

Sus manos se elevaron para taparse, pero él las cogió entre las suyas y las mantuvo apartadas mientras se inclinaba para depositar un beso ligero como una pluma sobre sus labios. "Eres preciosa," susurró James, la calidez de su voz invadiendo su boca. "Tan hermosa. "

Sujetando aún las manos de ella con una de las suyas, estiró la otra mano y suavemente la ahuecó sobre uno de sus pechos, dejando que le colmara la palma. Ella era sorprendentemente exuberante y firme, y James no pudo evitar un gemido de placer cuando notó endurecerse su pezón contra la palma de su mano.

La miró a la cara, necesitaba ver su expresión, necesitaba saber que le gustaba su caricia. Sus labios estaban entreabiertos y brillantes como si se los acabara de humedecer con la lengua. Sus ojos estaban aturdidos y desenfocados, y su respiración brotaba en entrecortados jadeos.

Deslizó una de sus manos sobre su trasero, sujetándola mientras se deslizaban al suelo. La hierba formaba una suave y fresca alfombra bajo ellos, el cabello de Elizabeth se extendía como un abanico dorado. James la contempló durante un momento, murmurando un dulce gracias para el Dios que lo había guiado hasta ese momento, y entonces bajó su cabeza a sus pechos, amándola con su boca.

Elizabeth soltó un sorprendido "¡Oh! " cuando los labios de James se cerraron alrededor de su pezón. Sentía su cálido aliento sobre su pecho, y su sangre ardía por su caricia. Su cuerpo se volvió extraño, casi como si quisiera salirse de su propia piel. Sentía la imperiosa necesidad de moverse, de estirar los dedos de los pies y frotar las plantas contra la hierba, de flexionar las manos y luego hundirlas en su grueso cabello castaño.

Arqueó la espalda bajo él, consumido por algún demonio apasionado que la instaba a tomar lo que fuera que él le ofrecía. "James", jadeó, y luego lo susurró otra vez. Su nombre fue la única palabra que vino a sus labios, y sonó a una súplica y una oración.

Le había bajado la parte superior del vestido todo lo posible, así que llevó una de sus manos a su pierna, acariciándole la pantorrilla antes de seguir subiendo por la parte exterior de su rodilla. Y después, tan lentamente que ella agonizó de anticipación, su mano abandonó su rodilla para apretar la suave piel de su muslo.

Gimió su nombre otra vez, pero su boca estaba sobre la suya, y sus palabras se perdieron en su beso. Su mano siguió ascendiendo a lo largo de su pierna, alcanzando la suave piel del interior de su muslo. Ella se tensó, sintiendo que se aproximaba al borde de algo, que se dirigía a algún lugar secreto del cual no había vuelta atrás.

James levantó la cabeza y la miró. Ella tuvo que parpadear varias veces antes de poder enfocar sus queridas facciones, y entonces, con una sonrisa libertina, James le preguntó, "¿Más?"

Que el cielo la ayudara. Asintió, y vio como su sonrisa se ensanchaba justo antes de que su boca descendiera hasta la piel bajo su barbilla, haciéndola alzarla hasta sus labios pudieron explorar la totalidad de su cuello.