Y entonces su mano se desplazó más arriba.
Estaba casi en lo más alto de su muslo ahora, casi rozando su núcleo más intimo. La proximidad era desconcertante, y sus piernas comenzaron a temblar de anticipación.
"Confía en mí," le susurró él. "Solamente confía en mí. Te prometo que haré que lo disfrutes. "
Su temblor no se detuvo, pero sus piernas se separaron ligeramente, permitiendo que su cuerpo se acomodara entre sus muslos. Hasta ese momento no se había dado cuenta de que él había estado manteniéndose apartado de ella, usando sus poderosos brazos para aguantar su peso.
Pero todo eso cambio cuando acomodó su cuerpo sobre el suyo. Su peso era excitante, la longitud y el calor. Era mucho más grande que ella; hasta que no habían estado tan íntimamente en contacto no se había percatado por completo de la verdadera magnitud de su poder y su fuerza.
Su mano se extendió, abarcando la anchura de su muslo y su pulgar quedó peligrosamente cerca de los rizos que protegían su feminidad. Apretó y jugueteo.
Y entonces la tocó.
Elizabeth no estaba preparada para la descarga de pura electricidad que recorrió su columna. Nunca había imaginado que pudiera sentirse tan caliente, tan estremecida, tan desesperada por el contacto de otro ser humano.
Sus dedos juguetearon con ella hasta que estuvo segura de que no podría aguantar más, y entonces él insistió. Sentía su cálido aliento contra su oído hasta que estuvo segura de que le ardería, y entonces él empezó a susurrar; palabras de amor y palabras de pasión. Cada vez que creía haber alcanzado su límite, él la llevaba más alto, conduciéndola a un nuevo nivel de pasión.
Se aferraba a la hierba, temerosa de que si ponía los brazos alrededor de James, desgarraría su camisa en dos. Pero entonces, cuando su dedo se deslizó en su interior, él susurró, "Tócame. "
Vacilante, asustada de su propia pasión, levanto las manos hasta el cuello de su camisa. El botón superior estaba desabrochado; deslizó rápidamente el siguiente por el ojal en su afán de tocar su piel.
"Dios santo, Elizabeth," jadeó James. "Vas a matarme. "
Ella se detuvo y sus ojos se elevaron hacia los de él.
"No," dijo él, riéndose a pesar suyo. "Está bien. "
"¿Estás seguro? Porque- ¡Ohhhhhhhhh! "
No tenia ni idea de lo que él había hecho, cómo movió exactamente sus dedos, pero la presión que había estado acumulándose dentro de ella de repente explotó. Su cuerpo se tensó, luego se arqueó, tembló, y cuando finalmente, estremecida, se deslizó de nuevo al suelo, estaba segura de haberse deshecho en mil pedazos.
"Oh, James," suspiró. "Me haces sentir tan bien por dentro. "
Su cuerpo estaba aún tan duro como una roca, y estaba tan tenso de deseo que sabía que se quedaría insatisfecho esa noche. Sus brazos comenzaron a temblar bajo el peso de su cuerpo, así que rodó hacia un lado, acoplándose junto a ella sobre la hierba. Apoyó la cabeza sobre un codo, recreándose en la exquisita visión de su rostro. Tenia los ojos cerrados, los labios entreabiertos, y él estaba seguro de no haber visto nunca nada tan hermoso en toda su vida.
"Hay tantas cosas que necesito decirte," susurró, retirándole el cabello de la frente.
Elizabeth entreabrió los ojos. "¿Qué? "
"Mañana," prometió él, subiéndole dulcemente el corpiño. Era una lastima cubrir una belleza tan perfecta, pero sabía que ella sentía todavía timidez sobre su desnudez. O la sentiría, cuando recordara que estaba desnuda.
Ella se ruborizó, confirmando su teoría de que, tras la pasión, había olvidado su estado de desnudez. “¿Por qué no puedes decírmelo esta noche? " le preguntó ella.
Eso era una buena pregunta. Tenia en la punta de la lengua revelarle su verdadera identidad y pedirle que se casara con él, pero algo lo contenía. Solo iba a proponerle matrimonio a una mujer una vez en su vida, y quería que fuera perfecto. Nunca había soñado que encontraría a una mujer que capturara su alma por completo. Ella merecía rosas y diamantes, y a él sobre una rodilla.
Y sentía que le debía a Agatha decirle que daba por terminaba su farsa antes de finalizarla de hecho.
"Mañana," prometió otra vez. "Mañana".
Pareció quedar satisfecha, ya que suspiró y se sentó. "Supongo que deberíamos regresar."
Él se encogió de hombros y sonrió ampliamente. "No tengo ninguna cita urgente. "
Eso le valió un amable ceño. “Sí, pero a mi me esperan. Lady Danbury se ha pasado toda la semana fastidiándome para que asistiera a su mascarada. Si no hago acto de presencia, nunca me dejara olvidarlo. " Le lanzo una irónica mirada de reojo. "Ya de por si está a un paso de volverme loca. Un interminable sermón por mi no asistencia probablemente acabaría con mi cordura. "
"Sí," murmuró James, "es muy hábil manejando la culpabilidad. "
"¿Por qué no vienes conmigo? " le pregunto Elizabeth.
Una mala idea. Innumerables personas podrían reconocerlo. "Me gustaría," mintió él, "pero no puedo. "
"¿Por qué? "
"Er, estoy bastante polvoriento del viaje, y – "
"Te cepillaremos. "
"No tengo disfraz. "
"¡Bah! La mitad de los hombres se niegan a llevar disfraz. Estoy segura de podemos encontrarte una máscara. "
Desesperado, soltó, "Simplemente no puedo mezclarme con la gente en mi actual estado."
Eso hizo que ella se tragara cualquier respuesta que tuviera pensada. Después de varios segundos de embarazoso silencio, finalmente preguntó, "¿A qué estado te refieres? "
James gruñó. ¿Es que nadie le había explicado como funcionaban los hombres y las mujeres? Probablemente no. Su madre había muerto cuando ella solo tenía dieciocho años, y le resultaba difícil imaginarse a su tía haciéndose cargo de una tarea tan delicada. Miró a Elizabeth. Sus ojos lo miraban expectantes. "Supongo que no te conformaras con que te diga que lo que me gustaría seria lanzarme de cabeza a un lago helado y dejarlo así," dijo él.
Ella negó con la cabeza.
"Ya suponía que no," refunfuñó él.
"Tú no… ah… "
El se aferró a su balbuceo. "¡Exactamente! Yo no. "
"El problema," dijo ella, evitando sus ojos, "es que no se exactamente lo que tú no. "
"Te lo enseñare más tarde," prometió él. "Que Dios me ayude, si no te lo enseño más tarde, estaré muerto antes de que acabe el mes. "
"¿Un mes entero? "
¿Un mes? ¿Estaba loco? Iba a tener que conseguir una licencia especial. "Una semana. Definitivamente una semana. "
"Ya veo. "
"No, no lo haces. Pero lo harás. "
Elizabeth tosió y se sonrojó. "Independientemente de a lo que te refieras," masculló ella, "tengo la sensación de que debe ser bastante atrevido. "
Él se llevó su mano a los labios. "Todavía eres virgen, Elizabeth. Y yo me siento infernalmente frustrado. "
"¡Oh! Yo… " Sonrió tímidamente. "Gracias. "
"Te podría decir que no importa en absoluto," dijo, tomándola del brazo, "salvo que sería una descarada mentira. "
"Y supongo," añadió ella, de manera traviesa, "que también mentirías si dijeras que ha sido un placer para ti. "
"Sería una enorme mentira. De inmensas proporciones. "
Ella se rió.
"Si no empiezas a mostrarme el debido respeto," refunfuñó él, "puede que tenga que tirarte al lago conmigo. "
"Seguramente puedes soportar una pequeña provocación. "
"Me parece que por esta noche he soportado toda la provocación que mi cuerpo puede aguantar. "
Ella soltó otras cuantas risitas. "Lo siento," jadeó. "Mi intención no es reírme de ti, pero -"
"Sí que lo es. " Intentó no sonreír, pero no tuvo éxito.
"Muy bien, sí. Pero es sólo porque-"Dejó de caminar y alzó la mano hasta rozar su querido rostro. "Es sólo que me hace sentir tan feliz y libre. No puedo recordar la última vez que me sentí capaz de simplemente reír. "
"¿Y cuando estás con tu familia? " preguntó él. "Sé que los adoras. "