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"Por Dios, Elizabeth, ¿qué demonios he hecho que sea tan malvado y rastrero? "

Ella lo contempló incrédula "Ni siquiera lo sabes, ¿verdad? Me das asco. "

Los músculos de su garganta temblaron espasmódicamente de rabia, y necesitó de cada gramo de su autocontrol para no agarrarla por los hombros y sacudirla hasta que recobrara la sensatez. Su enfado y su dolor eran tan primitivos, estaban tan cerca de la superficie que temió que la más mínima muestra de emoción desencadenaría en su totalidad el espeluznante torrente de su furia. Finalmente, con un autocontrol que apenas podía creer que poseyera, logró escupir entrecortadamente: "Explícate. "

Ella permaneció inmóvil un instante más, y luego, con una patada en el suelo, cruzó la habitación y sacó de un tiron el ejemplar de Cómo casarse con un Marques que descansaba en su estantería. "¿Recuerdas esto? " le gritó ella, sacudiendo el pequeño libro rojo en el aire. “¿Lo recuerdas? "

"Creo recordar que me has pedido hace un momento no mencionar ese libro delante de los Ravenscroft. "

"No importa. Ya me has humillado profundamente delante de ellos, de todos modos. Así que terminare el trabajo. "

Caroline depositó una reconfortante mano sobre el brazo de Elizabeth. "Creo que eres muy valiente," dijo suavemente. "Por favor no pienses que has sido avergonzada de ninguna manera. "

"¿Oh, tú no lo crees? " arremetió Elizabeth, atragantándose con cada palabra. "Bueno, entonces, mira esto. " Puso el libro en las manos de Caroline.

Estaba boca abajo, así que Caroline murmuró su incomprensión hasta que le dio la vuelta y leyó el título. Un pequeño grito de alarma escapó de sus labios.

"¿Qué sucede, querida? " le preguntó Blake.

En silencio, le pasó el libro. Blake lo estudió, dándole unas cuantas vueltas en sus manos. Entonces ambos miraron a James.

"No estoy segura de lo que pasó," dijo Caroline, con cautela “pero mi imaginación me hace concebir toda clases de desastres. "

"Él me encontró con esto," dijo Elizabeth. "Sé que es un libro ridículo, pero tenia que casarme y no tenía a nadie a quien pedir consejo. Y entonces él me encontró con el libro, y temí que se burlaría de mí. Pero no lo hizo. " Hizo una pausa para recobrar el aliento, y a toda prisa se enjuago una lagrima.

"Fue tan amable. Y después -después se ofreció a darme clases. Estuvo de acuerdo en que no podía aspirar a casarme con un marqués – "

"¡Jamás dije eso! " aseguró James con pasión. "Eso lo dijiste tú. No yo. "

“Se ofreció ayudarme a entender el libro para que- "

“Me ofrecí a quemar el libro, por si no lo recuerdas. Te dije que era una completa tontería. " La miró enfurecido, y al no conseguir intimidarla, fulminó con la mirada a Blake y a Caroline. Tampoco pareció surtir ningún efecto, así que se volvió hacia Elizabeth y gritó, "Por el amor de Dios, mujer, sólo hay una regla en ese maldito libro que merece la pena seguir. "

"¿Y esa es? " preguntó Elizabeth desdeñosamente.

"¡Qué te cases con tu maldito marqués! "

Se quedó callada un largo momento, sus ojos azules clavados en los suyos, y luego, en un gesto que fue como un directo a su estomago, ella le dio la espalda.

“Me dijo que me ayudaría a aprender como cazar a un marido," dijo a los Ravenscroft. "Pero nunca me dijo quién era él. Nunca me dijo que era un maldito marqués. "

Nadie dijo una palabra, así que Elizabeth soltó un amargo suspiro y dijo, "y ahora ya conocen toda la historia. Como se burló de mí y de mis desafortunadas circunstancias. "

James cruzó la habitación en menos de un segundo. "Nunca me reí de ti, Elizabeth," dijo, con los ojos fijos en su rostro. "Debes creerlo. Nunca tuve intención de hacerte daño. "

"Bueno, pues me lo has hecho," dijo ella.

"Entonces casate conmigo. Déjeme pasar el resto de mi vida compensándote. "

Una gruesa lagrima escapo del rabillo de su ojo. "Tú no quieres casarte conmigo. "

"Te lo he pedido repetidas veces," dijo él, con un resoplido de impaciencia. “¿Qué más pruebas necesitas? "

"¿No se me permite tener un poco de orgullo? ¿O es una emoción reservada para la élite? "

"¿Es que soy una persona tan terrible? " La pregunta fue rematada por un vagamente desconcertado suspiro. "Bien, no te dije quién era. Lo siento. Perdóname por disfrutar – no, por deleitarme en el hecho que te enamoraste de mí, no de mi título, ni de mi dinero, ni de ninguna otra cosa. Solamente de mi. "

Un sonido estrangulado surgió de su garganta. “¿Era una prueba? "

"¡No! " prácticamente gritó él. "Por supuesto que no era una prueba. Ya te lo he dicho, tenía importantes motivos para ocultar mi identidad. Pero… pero… " Busco las palabras adecuadas, sin saber como expresar los sentimientos que colmaban su corazón. “Pero me hacía sentir bien. No tienes ni idea, Elizabeth. Ni idea. "

"No," dijo ella, quedamente, "no la tengo. "

"No me castigues, Elizabeth. "

Su voz estaba ronca y cargada de emoción, y Elizabeth sintió que su calido tono de barítono se hundía directamente en su alma. Tenia que salir de aquí, tenia que escapar antes de que él pudiera tejer mas mentiras alrededor de su corazón.

Soltando sus manos de un tirón, corrió hacia la puerta. "Tengo que irme," dijo, el pánico hizo que elevara la voz. "No puedo estar contigo ahora mismo. "

"¿A dónde vas? " preguntó James, siguiéndola despacio.

"A casa. "

Su brazo se extendió para impedirle marcharse. "No iras a casa sola. Está oscuro, y la zona esta llena de borrachos y juerguistas. "

"Pero – "

"No me importa si me odias," dijo él, en un tono de voz que no admitía protesta. "No permitiré que salgas de esta habitación sin acompañante. "

Ella miró suplicante a Blake. "Entonces puede hacerlo usted. ¿Me acompañara a casa? ¿Por favor? "

Blake permaneció inmóvil, y sus ojos se cruzaron con los James un segundo antes de asentir. "Será un honor. "

"Cuídala," dijo James bruscamente.

Blake asintió de nuevo. "Sabes que lo haré. " Tomó a Elizabeth del brazo y la escoltó fuera de la habitación.

James los miró salir, y luego se apoyo contra la pared, con todo el cuerpo temblando de las emociones que había tratado de mantener controladas durante toda la noche. Furia, dolor, exasperación, incluso maldita frustración – después de todo no había conseguido su propia liberación en el bosque, con Elizabeth.

Todas ellas bullían en su interior, devorándolo por completo, dificultándole la respiración.

Escuchó un pequeño cloqueo y alzó la vista. Demonios, se había olvidado completamente de que Caroline todavía seguía en la habitación.

"Oh, James," suspiró ella. "¿Cómo pudiste?"

"Ahórratelo, Caroline," le espetó bruscamente. "Simplemente déjalo estar. "

Y luego, se marchó furioso, chocando indiferentemente con la muchedumbre del pasillo. Tenia una botella de whisky en su casita y prometía ser la mejor compañía para esa noche.

Capítulo 19

Elizabeth no tardó mucho en decidir que Blake Ravenscroft -a pesar de ser el amigo del alma de James- era un hombre muy sabio. No hizo, mientras la acompañaba a casa, ni una sola tentativa de mantener una conversación, o de efectuar preguntas indiscretas, ni de ninguna otra cosa excepto ofrecerle una cariñosa y consoladora palmadita en el brazo y decirle, "Si necesita a alguien, estoy seguro de que Caroline estaría encantada de hablar con usted. "

Era propio de un hombre inteligente, en efecto, saber cuando debía mantener la boca cerrada.

El paseo a casa fue hecho en silencio, excepto por las ocasionales indicaciones de Elizabeth de cómo llegar a su hogar.

Sin embargo, cuando llegaron a la morada de los Hotchkiss, Elizabeth quedó sorprendida al ver la pequeña estructura desbordante de luz. "Cielos", murmuró. "Deben haber encendido cada una de la velas que tenemos en casa. "