Pero Lucas se apartó. "No podemos permitírnoslo. Intentas ocultarlo, pero yo sé la verdad. No puedo ir. Nunca podré ir. "
"Eso no es verdad. Tal vez esto" – hizo un vago gesto hacia a la carta – "signifique algo diferente. " Sonrió débilmente. Sus palabras carecían de convicción, y hasta un niño de ocho años podía ver que mentía.
Los ojos de Lucas se clavaron en los suyos durante el instante más agónico y largo de su vida. Y después, simplemente tragó y dijo, "Me voy a la cama. "
Elizabeth no trató de detenerlo. No había nada que pudiera decir.
Jane lo siguió sin una palabra, su pequeña coleta rubia parecía decididamente lacia.
Elizabeth miró a Susan. "¿Me odias? "
Susan negó con la cabeza. "Pero no te entiendo. "
"No podemos aceptar esto, Susan. Quedaríamos endeudados con nuestro benefactor para el resto de nuestras vidas. "
"¿Pero qué importa eso? ¡No sabemos ni siquiera quién es! "
"No quedare en deuda con él," dijo Elizabeth ferozmente. "No lo haré. "
Susan retrocedió un paso abriendo mucho los ojos. “Tú sabes quién es," susurró. "Tú sabes quién ha enviado esto. "
"No," dijo Elizabeth, pero ambas sabían que ella mentía.
"Si que lo sabes. Y por eso no lo aceptas. "
"Susan, no voy a seguir discutiendo esto. "
Susan retrocedió, sujetándose al marco de la puerta cuando llegó al pasillo. "Voy a consolar a Lucas," dijo. "Necesita un hombro sobre el que llorar. "
Elizabeth se estremeció.
"Un golpe bastante directo," murmuró Blake, una vez que Susan empezó a subir por las escaleras.
Elizabeth se dio la vuelta. Se había olvidado completamente de que estaba allí. "¿Perdón? "
Él negó con la cabeza. "No merece la pena repetirlo. "
Ella se dejo caer sobre el sofá, hundiéndose contra el respaldo, sus piernas se negaban a sostenerla un segundo más. "Parece que ha sido testigo de todas mis conversaciones privadas esta noche. "
"No todas. "
Ella sonrió sin humor. "Supongo que volverá junto al marqués y se lo contará todo. "
"No. Se lo contaré todo a mi esposa, pero no a James. "
Elizabeth lo miró confusa. "¿Entonces qué le dirá? "
Blake se encogió de hombros mientras se dirigía a la puerta. "Que es un idiota si la deja escapar. Pero sospecho que eso ya lo sabe. "
Elizabeth despertó la mañana siguiente, consciente de que iba a ser un día horrible. No había nadie a quien quisiera ver, absolutamente nadie con quien quisiera hablar, y eso la incluía a si misma.
No quería enfrentarse a sus hermanos y a sus caras decepcionadas. No quería ver a los Ravenscroft -los extraños que habían sido testigos de su total y completa humillación. Se negaba a visitar a Lady Danbury; no creía ser capaz de pasar el día en compañía de la condesa sin convertirse en un mar de lagrimas y preguntarle como había podido participar en el engaño de James.
Y, por supuesto, no quería ver a James.
Se levanto, se vistió, y después simplemente se quedo tumbada en la cama. Un extraño malestar la envolvía. El día anterior había sido tan agotador en todos los sentidos que sus pies, su mente, su corazón – todo se negaba a funcionar ahora. Seria feliz si simplemente pudiera permanecer allí tumbada sobre la cama, sin ver a nadie y sin hacer nada, durante una semana.
Bueno, feliz no. Eso era una exageración. Pero seguramente se sentiría mejor así que si alguien llamara a la puerta y-
Knock, knock, knock.
Elizabeth alzó la vista. "Solamente por una vez," se quejó en dirección al techo, "solamente por una vez ¿no podrías concederme un pequeño favor? " Se puso de pie, dio un paso, y luego volviendo a mirar hacia arriba, sus facciones adquirieron una expresión decididamente descontenta. "En lo que se refiere a la concesión de favores, éste habría sido diminuto. "
Abrió la puerta de golpe. Susan estaba en el pasillo con la mano levantada para golpear otra vez. Elizabeth no dijo nada, sobre todo porque tenía la impresión de que no se sentiría orgullosa de su tono de voz si lo hiciera.
"Tienes una visita," dijo Susan.
"No quiero verlo. "
"No es un hombre"
La cara de Elizabeth se desencajo por la sorpresa. "¿No? "
"No. " Susan le tendió una cremosa tarjeta de visita. "Ella parece una dama bastante agradable."
Elizabeth bajo la mirada hacia la tarjeta, notando distraídamente que parecía estar hecha con el más fino y caro de los papeles.
Sra de Blake Ravenscroft.
"¿Deduzco que es la esposa del hombre que conocimos ayer? " preguntó Susan.
"Sí. Su nombre es Caroline. " Elizabeth se pasó una mano por el pelo, que no se había recogido aún. " es una persona muy agradable, pero realmente, no estoy para visitas en este momento, y – "
"Perdona," la interrumpió Susan, "pero me parece que ella no se marchará. "
"¿Disculpa? "
"Creo que sus palabras exactas fueron, 'imagino que no tendrá ganas de recibir invitados, pero estaré encantada de esperar hasta que cambie de opinión.' Y entonces se ha sentado, ha sacado un libro – "
"Dios querido, no será Cómo casarse con un Marqués, ¿verdad? "
"No, era negro, y creo que debe ser alguna clase de diario porque ha comenzado a escribir en él. Pero como te decía," añadió Susan, "entonces ha alzado la mirada hasta mí y me ha dicho, ‘No tiene que preocuparse por mi. Puedo entretenerme sola. ' "
"¿Ha dicho eso? "
Susan asintió y se encogió de hombros. "Así que no me he preocupado. Parece totalmente feliz garabateando en su libro. Sin embargo, he puesto una tetera al fuego, por no perder los buenos modales. "
"No va a marcharse, ¿verdad? "
Susan negó con la cabeza. "Parece una mujer muy obstinada. No creo que se marche hasta que no te vea. No me sorprendería que hubiera traído una muda de ropa. "
"Supongo que debería arreglarme el pelo y bajar," dijo Elizabeth con un suspiro.
Susan se acercó al pequeño tocador de Elizabeth y cogió el cepillo. "Te ayudaré. "
Elizabeth supuso que era una estratagema para sonsacarle información; Susan nunca se había ofrecido a arreglarle el pelo antes. Pero el hirsuto cepillo resultaba tan agradable sobre su cuero cabelludo, que Elizabeth decidió dejarse hacer. Era algo raro que alguien la esperara a ella.
Elizabeth contó las pasadas del cepillo por su pelo antes de que Susan comenzara a hacerle preguntas. Una pasada, dos, tres, cuatro – ah, Susan hizo una ligera pausa antes de la quinta, debía estar preparándose…
"¿Tiene la visita de la señora Ravenscroft algo que ver con los acontecimientos de anoche? " preguntó Susan.
Cinco pasadas. Elizabeth estaba impresionado. Nunca había pensado que Susan duraría más de tres.
Susan pasó el cepillo por el pelo de Elizabeth de nuevo. "¿Lizzie? ¿Me has oído? "
"La verdad es que no sé la razón de la visita de la señora Ravenscroft," mintió Elizabeth.
"Hmmph. "
"¡Ow! "
"Lo siento. "
"¡Dame eso! " Elizabeth le arrebató el cepillo a su hermana. "Y las horquillas, también. No confío en ti cuando tienes objetos punzantes. "
Susan retrocedió, se cruzó de brazos, y frunció el ceño.
"Es difícil concentrarse contigo frunciéndome el ceño así," refunfuñó Elizabeth.
"Bien. "
"¡Susan Mary Hotchkiss! "
"No me hables como si fueras mi madre. "
Elizabeth soltó un largo y cansado suspiro, frotándose una ceja con la mano. Justo lo que le hacia falta esta mañana. "Susan", dijo tranquilamente, "te contare lo que tengas que saber cuando me vea capaz. "
Susan la contempló durante varios segundos, aparentemente sopesando sus palabras.
"Es lo único que te puedo decir," añadió Elizabeth, clavando la última horquilla en su peinado. "Así que podrías ceder un poco y tratar de entender mi posición. "