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—Es bastante horrible, ese Virek, creo... —Marly vaciló.

—Tal vez —dijo Andrea, bebiendo otro sorbo de café—. ¿Esperabas que alguien tan rico fuese un tipo simpático y normal?

—En un momento sentí que no era del todo humano. Lo sentí con mucha fuerza.

—Pero no lo es, Marly. Estabas hablando con una proyección, un efecto especial...

—De todos modos... —Hizo un gesto de impotencia, que de inmediato hizo que se sintiera disgustada consigo misma.

—De todos modos, es muy, muy rico, y te está pagando una gran cantidad de dinero para hacer algo que quizá sólo tú seas capaz de hacer. —Andrea sonrió y volvió a ajustar un puño color carbón elegantemente  doblado.— Y no  tienes  muchas  opciones, ¿verdad?

—Lo sé. Supongo que es por eso que me siento in cómoda.

—Bueno —dijo Andrea—, pensé que podría esperar un poco más para decírtelo, pero hay otra cosa que puede hacerte sentir un poco más incómoda. Si es que «incómoda» es la palabra.

—¿Qué?

—Consideré la posibilidad de no decírtelo, pero estoy segura de que él te alcanzará tarde o temprano. Supongo que puede oler el dinero.

Marly apoyó con cuidado su taza vacía entre el desorden de la mesita de caña.

—En ese sentido, él es muy agudo —dijo Andrea.

—¿Cuándo?

—Ayer. Comenzó, creo, más o menos una hora después de que te entrevistaras con Virek. Me llamó al trabajo. Le dejó un mensaje al conserje. Si desconectara el programa de filtrado —hizo un gesto señalando el teléfono—, pienso que llamaría en menos de media hora.

El recuerdo de los ojos del conserje, el ruidito metálico de la cadena de bicicleta.

—Según él, sólo quiere hablar —dijo Andrea—. Y tú, ¿quieres hablar con él, Marly?

—No —respondió, y su voz era la voz de una niña pequeña, alta y ridícula. Luego—: ¿Dejó un número?

Andrea suspiró mientras negaba lentamente con la cabeza, y entonces dijo: —Sí, claro que lo hizo.

Capítulo 9

En los Proyectos

La oscuridad estaba llena de dibujos color sangre que parecían panales. Todo estaba caliente. Y suave, además, mas que nada suave.

—Qué desastre —dijo uno de los ángeles con una voz lejana pero baja, profunda y muy clara.

—Debimos haberlo sacado del Leon's —dijo el otro ángel—. Arriba no les gustará esto.

—Debe de haber tenido algo en este bolsillo grande, ¿ves? Se lo tajearon, al sacarlo.

—No es todo lo que tajearon, hermana. Cristo. Aquí.

Los dibujos oscilaron cuando algo movió su cabeza. La palma de una mano fresca contra su mejilla.

—Que no te manche la camisa —dijo el primer ángel.

—Esto no le va a gustar a Dos-por-Día. ¿Por qué crees que le dio ese ataque y salió corriendo?

Lo molestaba, porque quería dormir. Estaba dormido, de acuerdo, pero de alguna manera los sueños de enchufe de Marsha manaban como sangre en su cabeza, de forma tal que caía dando tumbos entre secuencias inconexas de Gente Importante. La novela se emitía sin interrupción desde antes de su nacimiento; la trama era un gusano de mil cabezas que se enroscaba devorándose a sí mismo cada pocos meses, para luego generar nuevas cabezas hambrientas de tensión y arrojo.

Podía verlo retorcerse, todo él, como Marsha no lo vería jamás: una espiral extendida de ADN de la Senso/Red, ectoplasma barato y frágil enviado a innumerables soñadores hambrientos. Marsha, por ejemplo, recibía el POV de Michele Morgan Magnum, la protagonista femenina, la heredera de la corporación Magnum AG. Pero el episodio de hoy se apartaba de una forma extraña de los increíblemente complejos enredos románticos de Michele —que de todos modos Bobby nunca se había molestado en seguir—, e insistía en dar minuciosas descripciones socioarquitectónicas de las arcologías de mentráfico inspiradas por Soleri. Algunos de esos detalles parecían sospechosos, incluso para Bobby; dudaba, por ejemplo, de que existiesen niveles enteros dedicados a la venta de sofás de terciopelo afeitado color azul hielo, con hebillas de diamantes en las articulaciones, o de que hubiera otros niveles, siempre a oscuras, y exclusivamente habitados por bebés famélicos. Esto último, le pareció recordar, constituía para Marsha artículo de fe; ella veía los Proyectos con horror supersticioso, como si fuesen una especie de imponente infierno vertical al que algún día podía ser obligada a ascender. Otros fragmentos del sueño de enchufe le recordaban el canal de Conocimiento que la Senso/Red transmitía gratis con cada suscripción de simestin; eran elaborados diagramas animados de la estructura interior de los Proyectos, y aburridas conferencias a cargo de voces en off sobre los estilos de vida de diversos tipos de residentes. Éstos, cuando pudo concentrarse en ellos, parecían aún menos creíbles que las fugaces imágenes de terciopelo azul hielo y funestos bebés arrastrándose en silencio por la oscuridad. Vio a una joven y feliz madre de familia cortar porciones de pizza con una inmensa cuchilla de agua en el rincón-cocina de un inmaculado apartamento de un ambiente. Una pared entera se abría a un estrecho balcón y a un rectángulo de cielo azul de historieta. La mujer era negra sin ser negra, le pareció a Bobby, como una versión muy, muy oscura y juvenilmente maternal de una de las muñecas porno de la unidad que tenía en su dormitorio. Y tenía, o así lo parecía, los mismos e idénticos pechos, pequeños pero perfectos, como de historieta. (En ese momento, para aumentar su opaca confusión, una voz demasiado elevada y muy poco parecida a las de la Senso/Red dijo: —Bueno, a eso le llamo yo una inconfundible señal de vida. Jackie . Si la prognosis todavía no está muy alta que digamos, por lo menos hay algo que sí lo está.) Y luego volvió a toda velocidad al lujoso universo de Michele Morgan Magnum, quien luchaba desesperadamente para prevenir la absorción de Magnum AG por parte del siniestro clan industrial Nakamura, cuya base de operaciones estaba en Shikoku, representado en este caso por (y aquí una complicación de la trama) el político-niño del Nuevo Soviet, Vasily Suslov, quien tenía un sorprendente parecido con los Gothicks del Leon's y se vestía como ellos.

El episodio parecía estar llegando a una especie de clímax —un antiguo BMW modificado a célula de combustible, acababa de ser bombardeado en la calle junto a los Covina Concourse Courts por unos helicópteros en miniatura de Alemania Occidental servopilotados; Michele Morgan Magnum estaba golpeando con su pistola Nambu bañada en níquel a su secretaria personal por haberla traicionado, y Suslov, a quien Bobby reconocía cada vez más, estaba por marcharse tranquilamente de la ciudad con una fabulosa guardaespaldas femenina que era japonesa pero que le recordaba mucho a otra de las chicas de su unidad holoporno cuando gritó.

Bobby nunca había oído a nadie gritar así, y la voz tenía algo que resultaba espantosamente familiar. Pero antes de que pudiese empezar a preocuparse por ello, los paneles rojos como sangre volvieron a aparecer flotando ante él, e hicieron que se perdiese el final de Gente Importante. De todos modos, pensó mientras el rojo se transformaba en negro, siempre estaría a tiempo de preguntarle a Marsha qué había pasado.

—Abre los ojos, viejo. Muy bien. ¿La luz está muy fuerte?

Lo estaba, pero no cambiaba nada. Blanco, blanco; recordaba su cabeza estallando a años de distancia, una inmaculada granada blanca en la fría oscuridad del desierto. Sus ojos estaban abiertos, pero no podía ver. Sólo blanco.

—Bueno, por lo general a un chico en tu estado lo dejo que duerma, pero los que me pagan por esto dicen que me apure, así que te despierto antes de tiempo. Te estás preguntando por qué no ves nada, ¿verdad? Sólo luz, es lo único que puedes ver, eso mismo. Se trata de un bloqueo neural. Bueno, entre nosotros, lo conseguí en una sex-shop, pero no hay razón por la cual no deba usarse en medicina si queremos. Y sí lo queremos, porque todavía te duele mucho, y de todos modos, te mantiene quieto mientras yo sigo adelante. —La voz era serena y metódica.— Bueno; tu gran problema fue la espalda, pero me encargué de eso con una grapadora, y algunos decímetros de garra. Puede que no sea una cirugía plástica, ¿entiendes?, pero los bombones encontrarán que estas cicatrices son muy interesantes. Lo que estoy haciendo ahora es limpiar ésta que tienes en el pecho; luego colocaré un poco de garra allí y ya estarás listo, sólo que durante unos días no podrás hacer ningún movimiento brusco o soltarás una grapa. Te he puesto un par de dennos, y te colocaré algunos más. Mientras tanto, conectaré tu sensorio a un circuito de audio y vídeo para que te acostumbres a estar aquí. No te preocupes por la sangre; es toda tuya pero ya no habrá más.