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—La Reina de la Oscuridad ya apareció allí en una ocasión —indicó Gilthanas.

—Mis socios se niegan a llegar a un acuerdo —siguió Palin, asintiendo—. Ninguno está dispuesto a tomar en cuenta la posición del otro. Casi han llegado a las manos sobre esta cuestión.

—Nuestras fuerzas son demasiado pequeñas para que nos dividamos —protestó el elfo.

—Y los dos lugares están muy separados uno del otro.

—¿Estás solo?

Palin movió la cabeza afirmativamente.

—Entonces dime en qué opinión confías más. Tal vez eso debería decidirlo.

—No lo sé. —Palin sacudió la cabeza, encogiendo los encorvados hombros. El Custodio era la personificación de la Torre de Wayreth, pensó, y la encarnación de la Alta Hechicería en forma humana. Podía lucir el rostro de cualquier hechicero que quisiera. También el Hechicero Oscuro estaba envuelto en un halo de misterio. Tal vez fuera un hombre, pero también podía ser una mujer. Palin había llegado a depender enormemente de ambos magos durante los últimos años. Pero no confiaba en uno por encima del otro.

—¿Cómo puedo ayudar? —preguntó Gilthanas.

—Tienes la magia de tu lado —siguió Palin—, y un dragón. Si Silvara está dispuesta a hacerlo, vosotros dos podríais explorar los alrededores de la Ventana una vez que hayáis llevado a Usha y a Ampolla a la costa, a Ak-Khurman. Buscad indicios y observad con atención por si descubrís algo inusitado.

—Khur es un territorio grande. Llevará tiempo.

—También necesitarán algún tiempo los otros para obtener la corona. Con la ayuda del Hechicero Oscuro, el Custodio ha conseguido por fin ponerse en contacto con Feril y Rig. No fue nada fácil. Se habían encerrado en una cueva, a varios kilómetros de distancia, para esquivar a docenas de dracs. El Custodio les dijo que habíais encontrado a Dhamon, y decidieron seguir camino hasta Ak-Khurman.

»Y no puedo arriesgarme a destruir más objetos con poderes arcanos para dar fuerza a un conjuro que los envíe a Ak-Khurman —suspiró.

—En Ak-Khurman... —empezó Gilthanas.

—Feril y los otros se reunirán con Ampolla y Usha allí. Luego se dirigirán juntos a Dimernesti. Usha lleva encima gran cantidad de acero para poder alquilar un barco.

—¿Y Dhamon?

—¿Qué pasa con él? —inquirió el hechicero.

Gilthanas dejó que la pregunta flotara en el aire. Rápidamente explicó cómo el misterioso Dragón de las Tinieblas y Silvara habían roto el vínculo de Dhamon con Malys, y cómo el antiguo Caballero de Takhisis parecía haber dejado de ser una amenaza.

—¿Confías en Dhamon? —preguntó el mago con voz ronca.

—Confío en Silvara.

—Si no existe una amenaza, podría resultar útil. —Palin ladeó la cabeza—. No obstante...

—Tu esposa y Ampolla son muy competentes, y creo que están a salvo en su compañía. Pero le quitaré la alabarda a Dhamon para estar más seguro. Es diferente, Palin, está cambiado. Pero supongo que cualquiera lo estaría después de lo que le ha sucedido. Silvara afirma que está totalmente fuera del control de la Roja. Y, como dije, confío en Silvara.

—En ese caso puede acompañar a Usha y a Ampolla. —Palin pareció relajarse un poco—. Nos ocuparemos del asunto de la muerte de Goldmoon más tarde. Ten cuidado en tu viaje, amigo. Los territorios salvajes de Khur son peligrosos.

—He aprendido a tener cuidado. ¿Y tú?

—Yo iré al Reposo de Ariakan.

—¿Qué señales debemos buscar?

—Reuniones de dragones —repuso él tras permanencer unos instantes en silencio con los labios fruncidos—. Donde sea que Takhisis pretenda hacer su aparición, habrá otros dragones y sus esbirros. Y habrá Caballeros de Takhisis.

—¡Mirad, allí hay más caballeros! —Ampolla agitó los retorcidos dedos en dirección al mercado, indicando un trío de caballeros de la Legión de Acero que interrogaban a un comerciante.

—Baja la voz —le instó Dhamon. Arrastró a Usha y a Ampolla bajo un toldo—. No queremos despertar sus sospechas. No hemos hecho nada malo, nada que los impulse a importunarnos —musitó—. De hecho, quizá puedan ayudarnos. Pero por si acaso...

Los caballeros se dirigieron a otro comerciante y sus compradores, situados en un tenderete más próximo a ellos.

—Vayamos al puerto por otra ruta, ¿no os parece? Por si acaso —sugirió Usha—. La Legión de Acero es honorable. Ha protegido a los habitantes de esta ciudad. Pero...

—Por si las moscas —terminó Ampolla por ella.

Los tres se escabulleron por una esquina y recorrieron las calles polvorientas que zigzagueaban entre casas y negocios dispersos. Los edificios eran grandes, algunos con tres pisos de altura, y construidos en piedra con tejados de tejas. La madera parecía ser escasa; incluso los letreros de los edificios y los postigos estaban hechos de pizarra. En una parcela estrecha situada entre dos construcciones más antiguas estaban construyendo una casa nueva. Desde su llegada a Ak-Khurman, habían observado varias construcciones nuevas.

—No parece que haya tantos habitantes —comentó Ampolla—. Desde luego no para todos estos edificios.

—Cuestión de previsión —dijo Usha—. Ésta es una de las ciudades más grandes de Khur, y la única con un puerto seguro.

—¿De modo que suponen que vendrá más gente? —inquirió la kender.

—Los bárbaros de Khur leales a Neraka están echando a la gente de las llanuras —respondió Usha—. Son gentes que no tienen ningún otro sitio al que ir, ningún sitio seguro.

—Y yo que creía que los dragones eran los únicos que realizaban acciones desagradables como ésa. Eh, Dhamon, cuando tú estabas... ya sabes... trabajando para Malystryx, ¿te hizo hacer ella cosas repugnantes?

Un expresión tirante apareció en el rostro de Dhamon, que hasta ahora, y muy hábilmente, había conseguido evitar tener que hablar sobre la época pasada bajo el control de la hembra de dragón, excepto para satisfacer la curiosidad de Gilthanas y conseguir ganarse un poco la confianza del elfo y de Silvara. Aumentó la longitud de sus zancadas, y Usha y Ampolla tuvieron que apresurar el paso para mantenerse a su altura.

—Susceptible —murmuró la kender a Usha—. No era tan susceptible antes, no lo era cuando sus cabellos eran rubios.

El trío dobló otra esquina. La parte superior de un faro sobresalía por encima de los edificios que se extendían frente a ellos. Construido en piedra, se elevaba hacia las alturas bajo el cielo de primeras horas de la mañana. El faro se denominaba Khurman Tor, y la ciudad había crecido a su alrededor. Los habitantes del lugar habían amurallado la ciudad para que los bárbaros y las tribus de saqueadores de Neraka los dejaran en paz, y habían dispuesto centinelas en el faro para protegerse de cualquier amenaza proveniente del mar o la tierra. La muralla que rodeaba la ciudad y descendía hasta el mar tenía seis metros de altura y era muy sólida, con puertas revestidas de hierro custodiadas por la Legión de Acero. Los caballeros recorrían también las calles y se dedicaban a conversar con los comerciantes y transeúntes, y a interrogar a aquellos que no conocían.

Usha sabía que se encontrarían con los caballeros. Palin había estudiado la ciudad y había sugerido que se encontraran allí con Rig y alquilaran un barco. No era el lugar más cercano al reino submarino de los elfos del mar, pero sí era la ciudad portuaria más próxima situada fuera de territorio de dragones, y además poseía un puerto de aguas profundas.

Se encaminaron a los muelles, eligiendo una calle que atravesaba un pequeño barrio comercial lleno de carniceros, panaderos y pescaderos, y Usha y Dhamon tuvieron que hacer grandes esfuerzos para impedir que Ampolla se introdujera en todas las tiendas para investigar los seductores aromas.

—Canela —anunció la kender, olfateando en un escaparate—. Pasas, también. Manzanas.