Era evidente que Vaygay sentía una enorme presión: había vuelto a fumar un cigarrillo tras otro.
— Entiendo que haya una adecuada superposición en longitud, pero hay otras cosas que me preocupan. Si se produce alguna falla a bordo del Marshal Nedelin o un corte de energía en Reykjavik, peligrará la continuidad del Mensaje. Supongamos que el Mensaje se prolongue durante dos años, tendríamos que esperar dos años más para completar lo que quede en blanco. Y no se olviden de que tampoco sabemos si el Mensaje habrá de repetirse. Si no hubiera repetición, jamás completaríamos los tramos que nos faltan. Creo que deberíamos prepararnos para cualquier contingencia.
— ¿Qué es lo que propone? — preguntó Der Heer —. ¿Grupos electrógenos de emergencia en todos los observatorios?
— Sí, además de amplificadores y espectrómetros independientes en cada estación.
También habría que organizar algún servicio de transporte aéreo rápido de helio con destino a observatorios remotos, si fuese necesario.
— Ellie, ¿estás de acuerdo?
— Totalmente.
— ¿Algo más?
— Pienso que deberíamos seguir observando a Vega en un margen muy amplio de frecuencias. Es preciso estudiar también otras regiones de la esfera celeste. A lo mejor la clave del Mensaje no proviene de Vega sino de otra parte…
— Permítanme recalcar por qué es tan importante lo que propone Vaygay — le interrumpió Valerian —. Éste es un momento excepcional. Estarnos recibiendo un mensaje pero no hemos adelantado nada en su decodificación puesto que no tenemos experiencia en esta materia. Por consiguiente, es preciso prever todas las eventualidades. No quisiéramos que dentro de un par de años nos entraran ganas de suicidarnos por habernos olvidado de tomar una mínima precaución o por algún minúsculo detalle que se nos pasó por alto. La idea de que el Mensaje se repetirá no es más que una conjetura. No hay nada en el Mensaje mismo que lo dé a entender. Si dejamos pasar ahora la oportunidad, quizá la hayamos perdido para siempre. Concuerdo además en que es necesario tomar otras medidas. Bien podría ser que hubiera un cuarto nivel en el palimpsesto.
— También está la cuestión del personal — continuó Vaygay —. Supongamos que este mensaje no continúa uno o dos años más, sino varias décadas, o que fuera sólo el primero de una larga serie de mensajes procedentes del cosmos. En el mundo hay apenas unos pocos cientos de radioastrónomos verdaderamente capaces. La cifra es muy reducida, teniendo en cuenta lo que está en juego. Los países industrializados deben comenzar a capacitar más radioastrónomos de excelente nivel.
Ellie advirtió que Gotsridze, que hablaba muy poco, tomaba nota de todo: Una vez más pensó cuánto más dominaban los soviéticos el inglés que los norteamericanos el ruso. A comienzos del siglo, los científicos del mundo entero hablaban — o al menos leían — el alemán. Antes había sido el francés, y aún antes, el latín. En el futuro, quizás hubiese algún otro idioma científico obligatorio, el chino tal vez. Por el momento era el inglés, y los científicos de todo el orbe se esforzaban por aprender sus ambigüedades y casos irregulares.
Encendiendo un nuevo cigarrillo con la colilla del anterior prosiguió Vaygay.
— Hay algo más que decir. Se trata apenas de una teoría, ni siquiera tan factible como la idea de que el Mensaje habrá de repetirse, idea que muy adecuadamente el profesor Valerian definió como una conjetura. Normalmente yo no me inclinaría por manifestar semejante hipótesis tan al comienzo, pero si fuera válida, habría que ir pensando de inmediato en futuras medidas. No tendría coraje para plantear esta posibilidad si el académico Arkhangelsky no hubiese llegado a la misma conclusión. Él y yo hemos discrepado respecto del corrimiento al rojo de los cuasar, respecto de la física del cuar en las estrellas de neutrón… muchas veces no hemos coincidido. Debo reconocer que en ocasiones tenía razón él, y a veces yo. Tengo la sensación de que casi nunca hemos estado de acuerdo en la etapa teórica de ningún tema. Sin embargo, en esto pensamos igual.
— Genrik Dmit'ch, ¿por qué no explica por favor?
Arkhangelsky parecía tolerante, casi divertido. Hacía años que tenía con Lunacharsky una rivalidad personal, traducida en acaloradas discusiones científicas y una celebrada controversia acerca del apoyo que debía prestársele a la investigación soviética sobre la fusión.
— Nosotros suponemos que el Mensaje contiene las instrucciones para fabricar una máquina. Por supuesto, no sabemos cómo hacer para descifrarlo, pero la prueba está en las referencias internas. Les doy un ejemplo. En la página 15441 hay una clara alusión a una página anterior, la 13097, que, por suerte, tenemos. Esta última página se recibió aquí, en Nuevo México, y la primera en nuestro observatorio de Tashkent. En la página 13097 hay otra referencia a algo que no conocemos porque en esa época no cubríamos todas las longitudes. Hay muchos casos de estas citas de páginas anteriores. En general, y esto es lo importante, vienen instrucciones complicadas en la página reciente, y otras más sencillas en la anterior. En un caso hay, en una sola página, ocho citas de material previo.
— A lo mejor — sugirió Ellie — son ejercicios matemáticos que se resuelven graduando progresivamente las dificultades. También podría ser una novela — deben de vivir una existencia mucho más larga que la nuestra — en la que los hechos se relacionen con las experiencias de la niñez, o como fuere que se llame en Vega el primer período de vida.
Tal vez sea incluso un manual religioso.
— Los Diez Millones de Mandamientos — acotó Der Heer, riéndose.
— Sí, puede ser — admitió Lunacharsky mirando por la ventana por entre una nube de humo. Los telescopios parecían contemplar anhelantes el firmamento —. Pero observando el esquema de tantas citas, convendrán conmigo en que se asemejan más a un manual de instrucciones para fabricar una máquina que quién sabe para qué será.
Capítulo nueve — Lo sobrenatural
El asombro es la base de la adoración.
Sostengo que el sentimiento religioso cósmico es la motivación más fuerte y noble para la investigación científica.
Recordaba el momento exacto en que, en uno de sus numerosos viajes a Washington, se dio cuenta de que estaba enamorándose de Ken der Heer.
Los arreglos para una reunión con Palmer Joss estaban retrasándose una eternidad. Al parecer, Joss era reacio a visitar las instalaciones de Argos. Lo que le interesaba, decía, era la impiedad de los científicos, no la interpretación que ellos dieran del Mensaje, y para indagar en su personalidad era preciso reunirse en terreno más neutral. Ellie estaba dispuesta a ir a cualquier lado y un asesor especial de la Presidenta se había hecho cargo de las negociaciones. No debía asistir ningún otro radioastrónomo pues la Presidenta deseaba que concurriese sólo Ellie.