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«Además, la Biblia también habla para nuestro tiempo. Israel y los árabes, Rusia y los Estados Unidos, la guerra nuclear… todo figura en la Biblia. Cualquier persona sensata lo ve, sin necesidad de ser profesor universitario.

— Lo que pasa — replicó Ellie — es que ustedes tienen un problema de imaginación.

Casi todas esas predicciones son vagas, ambiguas, imprecisas, abiertas al engaño.

Puede interpretárselas de muchas maneras. Ustedes esquivan hasta las más directas, como por ejemplo la promesa de Jesús de que el Reino de Dios vendría durante la vida de algunas personas que integraban su auditorio. Y no me diga que el Reino de Dios está dentro de mí. Esa gente tomaba sus palabras de modo literal. Ustedes sólo citan los pasajes que creen ver cumplidos, y descartan el resto. Además, no se olvide de que había una tremenda necesidad de ver realizadas las profecías.

«Trate de imaginar que su dios — omnipotente, omnisciente, bondadoso — realmente quisiera dejar una señal para las futuras generaciones, para que pudieran confirmar su existencia… digamos los remotos descendientes de Moisés. Sería muy fácil. Bastarían unas pocas frases enigmáticas y la estricta orden de que se transmitieran sin modificación…

Joss se inclinó hacia delante en forma casi imperceptible.

— ¿Como por ejemplo?

— Por ejemplo, «El Sol es una estrella». O «Marte es un lugar descolorido, con desiertos y volcanes, igual que el Sinaí». O «Un cuerpo en movimiento tiende a permanecer en movimiento». O… — rápidamente escribió unos números en anotador —, «La Tierra pesa un millón de millones de millones de millones de veces de lo que pesa un niño». O… veo que ustedes dos tienen problemas con la relatividad especial, que todos los días se ve confirmada por los aceleradores de partículas y los rayos cósmicos… También podría ser «No viajarás más rápido que la velocidad de la luz.» Cualquier cosa que no pudieran haber sabido hace mil años.

— ¿Algún otro ejemplo? — preguntó Joss.

— Bueno, hay infinidades… al menos, uno por cada principio de la física. Veamos…

«Hasta en la más pequeña de las piedras se esconde luz y calor.» O si no, algo referente a la biología. — Señaló con la cabeza a Der Heer, quien parecía estar cumpliendo una promesa de no abrir la boca —: ¿Qué opina de «Dos hebras entrelazadas constituyen el secreto de la vida»?

— Ésa es interesante — dijo Joss —. Usted se refiere, por supuesto, al ADN. ¿Conoce el símbolo de la medicina? Se llama «caduceo». Los médicos del ejército suelen usarlo en la solapa: son dos serpientes entrelazadas. Una perfecta hélice doble. Desde la antigüedad, ha sido siempre el símbolo de la preservación de la vida. ¿No es ésta precisamente la clase de conexión que me sugiere?

— Bueno, a mí siempre me pareció una espiral, no una hélice, pero si hay suficientes símbolos, profecías, mitos y folklore, alguno de ellos va a coincidir en algún momento con cierta teoría científica sólo por casualidad. Reconozco que no estoy segura. A lo mejor usted tiene razón, y el caduceo es un mensaje de Dios. Por supuesto no se trata de un emblema cristiano ni de ninguna de las principales religiones de la actualidad. Supongo que no querrá sostener que los dioses les hablaban sólo a los antiguos griegos. Lo que yo digo es que, si Dios quería enviarnos un mensaje y la única forma que se le ocurría era mediante los escritos de la antigüedad, podría haberlo hecho mejor. Además, no tenía necesidad de limitarse a esos escritos. ¿Por qué no hay un crucifijo gigantesco que gire alrededor de la Tierra? ¿Por qué la superficie de la Luna no está cubierta con los diez mandamientos? ¿Por qué Dios tiene que ser tan claro en la Biblia y tan oscuro en el mundo?

Desde hacía unos instantes Joss estaba listo para responder, con una expresión de genuino placer en el rostro, pero era tal el entusiasmo que manifestaba Ellie con su fárrago de palabras, que quizá le pareció una descortesía interrumpirla.

— ¿Y por qué suponen que Dios nos ha abandonado? Solía conversar muy seguido con patriarcas y profetas, según dicen. Si es un ser omnipotente y omnisciente, no tiene que costarle nada recordarnos en forma directa, inequívoca, sus deseos al menos varias veces en cada generación. ¿Cuál es el motivo? ¿Por qué no lo vemos con diáfana claridad?

— Nosotros la vemos — aseguró Rankin, plenamente convencido —. Está alrededor de nosotros; responde nuestras plegarias. Decenas de millones de personas de este país han renacido, han sido testigos de la gloriosa gracia de Dios. La Biblia nos habla con la misma claridad hoy en día que en tiempos de Moisés y Jesús.

— Vamos, vamos. Usted sabe a qué me refiero. ¿Dónde está la gruesa voz que brama «Yo soy el que soy» desde los cielos? ¿Por qué Dios se manifiesta de maneras tan sutiles y discutibles en vez de hacer que su presencia sea irrefutable?

— Eso es precisamente lo que usted ha oído: una voz desde los cielos. — Joss hizo ese comentario al pasar, cuando Ellie se detuvo para recobrar el aliento.

— Exacto — sentenció Rankin —. Justo lo que iba a decir yo. Abraham y Moisés no tenían radios ni telescopios. No pudieron haber oído al Todopoderoso en frecuencia modulada. A lo mejor Dios en la actualidad nos habla por distintos medios que nos permiten llegar a una nueva comprensión. O quizá no sea Dios…

— Sí, Satanás. Ya he oído algo sobre eso, y me parece una locura. Dejemos este tema para más adelante, si me lo permiten. Ustedes sostienen que el Mensaje es la voz de Dios, de su Dios. Denme un ejemplo de su religión en el cual Dios conteste una plegaria repitiendo esa misma plegaria.

— Yo no llamaría plegaria a una película de los nazis — opinó Joss —. La explicación suya es que se trata de un modo de llamar nuestra atención.

— ¿Por qué, si no, Dios eligió hablarles a los científicos? ¿Por qué no a los predicadores como ustedes?

— A mí Dios me habla constantemente — expresó Rankin, golpeándose el esternón con la mano —. También al reverendo Joss. Dios me ha hecho saber que existe la revelación.

Cuando se aproxime el fin del mundo, sobrevendrá en nosotros el éxtasis, vendrá el juicio a los pecadores, la ascensión al cielo de los elegidos…

— ¿No le dijo si iba a hacer el anuncio en el espectro radioeléctrico? ¿Quedó registrada en alguna parte su conversación con Dios para que podamos comprobar si realmente existió? ¿O sólo debemos atenernos a lo que usted nos cuenta? ¿Por qué Dios prefiere anunciarlo a los radioastrónomos y no a los clérigos? ¿No le parece un poco extraño que el primer mensaje de Dios en dos mil años sean unos números primos… y la imagen de Hitler en las Olimpíadas de 1936? Su Dios debe de tener mucho sentido del humor.

— Mi dios puede tener cualquier sentido que desee.

Der Heer estaba sinceramente alarmado frente a los primeros indicios de verdadero rencor.

— Tal vez valdría la pena que recordáramos cuál era el propósito de esta reunión — dijo.

«Ya está Ken con sus ganas de apaciguar los ánimos», pensó Ellie. «En algunas ocasiones es valiente, sobre todo cuando no le cabe responsabilidad de acción. Tiene mucho coraje para hablar… en privado. Pero en lo relativo a la política científica, especialmente cuando actúa en representación de la Presidenta, es conciliador. Sería capaz de llegar a un arreglo hasta con el diablo mismo.»

— Ése es otro tema — polemizó Ellie, interrumpiendo su propio hilo de pensamiento, además del de Ken —. Si esa señal procede de Dios, ¿por qué parte de un solo punto de la esfera celeste, en las proximidades de una estrella cercana particularmente brillante?

¿Por qué no se origina en todo el cielo al mismo tiempo, con una suerte de radiación de fondo de cuerpo negro? Si proviene de una sola estrella, parece una señal de otra civilización. Si proviniera de todas partes, se asemejaría mucho más a un mensaje de Dios.