Erlys estaba en todas partes a la vez, afanándose por las habitacio____________________tamento curiosamente ilimitado, el único público parecía ser la propia Dahlia. Algo se interponía entre ellas, como el azogue de un espejo. Si Dally hubiera querido lanzarse a aquellos brazos con sus mangas tan cuidadas, no se rición, la que se creerían hasta los públicos más escépticos. En este apardo también como Nueva York, y encontrado allí la verdadera desapacía mucho tiempo había sustituido a la Erlys real, quien en el pasado se habría introducido en el Gabinete de la Ilusión Definitiva, conocido, hablando poco, aunque los niños parecían conocer, y respetar, sus deseos más que los de su padre. Dahlia llegó a preguntarse si su omnipresencia no sería también uno más de sus «trucos», y si la persona a quien veía no sería una ayudante con un razonable parecido que hanes más remotas, ocupándose de las tareas casi invisiblemente, sonrienhabría visto rechazada, al menos de eso estaba conven__porta, no veía más que una ausencia de señales tan oscura como el terciopelo negro. ¿La tomaban por boba? ¿Esta gente era de verdad su familia, o se trataba más bien de una cida, pero aparte de eso, allá donde radicaba todo lo que de verdad imtroupe de actores del Bowery que, entre una función y otra, fingían ser una familia? ¿A cuál de ellos po_día plantearle sus dudas?
Desde luego, no a Bria. Ni siquiera cuando empezó a trabajar como su maniquí en el número de lanzamiento de cuchillos, le había parecido a Dally digna de tanta confianza. Se fijó en su mirada de in_diferencia cuando su padre la llamaba su «bella», aunque eso no evita_ba que él reincidiera. A todas luces, estaba embelesado con cada uno de sus hijos, desde el más obvio futuro delincuente al santo más radiante.
– No me tomes por uno de esos enrolladores de espaguetis napo_litanos -le dijo Nunzi en una conseguida imitación de su padre-. Vengo del Friul, en el norte. Somos un pueblo alpino.
– Jodecabras -aclaró Cici-. Ahí arriba comen salami de burro, es como Austria, pero con más gesticulación.
A Luca Zombini le gustaba explicar su profesión, en diversos mo__sos por aprender e incluso, algún día, proseguir sus números.mentos, a aquellos de sus hijos que, así quería creerlo, estaban ansio
– Los que se burlan de nosotros, y de sí mismos por pagar para que les engañemos, lo que nunca ven es el anhelo. Si fuera religioso, sería un anhelo de Dios, y nadie osaría faltarle al respeto. Pero como se tra_ta tan sólo del anhelo del milagro, un anhelo tan sólo de contradecir al mundo dado, lo desprecian.
«Recordad que Dios no dijo "Ahora haré la luz", sino "Que se haga la luz". Su primer acto fue dejar que la luz entrara donde no ha_bía habido Nada. Como Dios, vosotros también tenéis que trabajar siempre con la luz, hacer que se comporte exactamente como queráis.
Desplegó un fragmento de negrura absolutamente fluida.
– Terciopelo de mago, de primera calidad, absorbente perfecto de la luz. Importado de Italia. Muy caro. Teñido, tundido y cepillado a mano muchas, muchísimas veces. Acabado con un método secreto para aplicar negro platino. Las inspecciones de control en la fábrica son rigurosas. Lo mismo que los espejos, sólo que al contrario. El es_pejo perfecto tiene que devolverlo todo, la misma cantidad de luz, los mismos colores, con precisión; sin embargo, el terciopelo perfecto no debe dejar escapar nada, debe retener hasta la última gota de luz que in_cida sobre él. Porque si la menor cantidad de luz que podáis imaginar saliera rebotada de un único hilo, el número entero… affondato, vero? Todo tiene que ver con la luz, y si dominas la luz, dominas el efecto, capisci?
– Te pillamos, papá.
– Cici, un poco de respeto. Algún día voy a hacerte desaparecer a ti.
– ¡Ahora! -gritaron dos o tres de los pequeños Zombini saltando sobre la tapicería-, ¡que desaparezca ahora mismo!
Luca llevaba mucho tiempo interesado por la ciencia moderna y los recursos que ponía a disposición de los magos, entre ellos el pris_ma de Nicol y los usos ilusionistas de la doble refracción.
– Cualquiera puede partir a su asistente por la mitad -dijo-; es uno de los números más viejos de la profesión. El problema es que siem_pre se recompone, siempre hay un final feliz.
– ¿«Problema»? ¿Es que no debería haber un final feliz? -pregun_tó pasmada Bria-. ¿Como en esos sangrientos espectáculos de horror que hay en París, Francia?
– No exactamente. Ya conocéis esto. -Extrajo un pequeño cristal de espato de Islandia casi perfecto-. Dobla la imagen, las dos se sola_pan; con el tipo de luz apropiado, las lentes adecuadas, pueden sepa_rarse por fases, un poco más cada vez, paso a paso, hasta que de hecho es posible escindir a alguien por la mitad ópticamente, y en lugar de dos trozos distintos de un cuerpo, tenemos ahora dos individuos comple_tos andando por ahí, que son idénticos en todos los sentidos, capisci?
– No muy bien, pero…
– Pero ¿qué? -replicó un poco a la defensiva.
– Es un final feliz. ¿No vuelven a ser una persona otra vez?
Se miró fijamente los zapatos, y Bria comprendió que seguramen_te era la única en la casa de la que él podía esperar que le planteara esa pregunta.
– Pues no, y eso ha supuesto una especie de problema continuo. Nadie sabe cómo…
– Oh, papá.
– … revertir el proceso. He estado en todas partes, he preguntado a todo el mundo, a profesores universitarios, a gente de la profesión, incluso a Harry Houdini en persona, y ni idea. Mientras tanto…
– No me lo digas. -Sí.
– Y bien… ¿cuántos?
– No sé, puede que… ¿dos o tres?
– Porca miseria, eso quiere decir que son cinco o seis, ¿no? ¿Te das cuenta de que podrían demandarte por eso?
– Era un problema óptico. Creía que sería completamente rever____________________sos irreversibles de uno y otro tipo, y se abría un poco una especie de hueco, y eso bastaba para que fuera imposible volver atrás, al punto exacto del que se había partido.gamos, un par de segundos en los que el tiempo transcurría, procesible. Pero según el Profesor Vandequice, de Yale, se me pasó por alto el factor tiempo: no sucedía todo a la vez, de manera que había, di
– Y yo aquí pensando que eras perfecto. Imagina mi decepción. Así que esos sujetos tuyos andan por ahí llevando dobles vidas. No creo que les haga mucha gracia.
– Abogados, funciones interrumpidas, amenazas de violencia. Lo habitual.
– ¿Y qué hacemos nosotros?
– Sólo hay un lugar en el mundo donde se fabrican estas unidades: la Isla de los Espejos en la Laguna de Venecia. Puede que a estas al_turas no sea más que el nombre de un holding, pero todavía fabrican y comercializan los espejos de mago más finos del mundo. Es muy probable que allí alguien tenga cierta idea.
– Y casualmente nos ha contratado el Teatro Malibran de Venecia para dentro de un par de semanas.
Sí, Luca Zombini se había presentado ese día con la sorprenden_te noticia de que su número estaba contratado para una gira europea, y toda la familia, Dally incluida, iba a navegar en el transatlántico Stupendica ¡dentro de dos semanas! Como si acabara de abrirse una vál_vula en un remoto rincón del sótano, el apartamento entero se sumió en las turbulencias de la preparación para el viaje.