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Entre las múltiples faenas, Dally encontró un momento para ha_blar con Erlys.

– ¿Estáis seguros de que hace falta que os acompañe?

– Dahlia. -Se quedó paralizada de golpe, el trapo del polvo a pun_to de escurrírsele entre los dedos.

– Quiero decir que presentándome como lo hice…

– No…, no, nosotros ya…, la verdad es que supongo que ya contá_bamos contigo. Dally, mujer, sencillamente llegaste… y, bueno, ¿qué pasaría con el Truco del Gong Chino?

– Oh, Bria ya sabe hacerlo hasta dormida.

– No sé si prefieres quedarte aquí, vamos a subarrendarle la casa a aquellos acróbatas rumelianos orientales, aunque puede que no sea la compañía ideal para ti.

– Ya me las apañaré en cualquier sitio. Con Katie, o con quien sea.

– Dahlia, mírame. -Era más fácil no hacerlo, pero la chica obede__te y esperar demasiado. Por parte de cualquiera de las dos.ció-. Sé que nunca quisiste quedarte con nosotros. Habría sido pedir

Un leve encogimiento de hombros.

– Nunca tuve la seguridad de que siquiera fuerais a aceptarme.

– Pero apareciste en la puerta, y a lo mejor, quién sabe, se suponía que debías estar con nosotros, no sé, de algún modo…

Un silencio, grave y antinatural, se había extendido por el inmen__gamente reprimido susurro:so apartamento, como si sugiriera que ése era el instante perfecto, sin un Zombini que lo pudiera oír, para manifestarse con un feroz y lar

– Apenas era un bebé… ¿cómo pudiste abandonarme así?

Una especie de sonrisa, casi de agradecimiento.

– Me preguntaba cuándo saldría.

– No he venido a buscar nada.

– Ya sé que no. -¿Lo que sonaba en su voz era un acento neoyor_quino?-. Bueno. ¿Cuánto te contó Merle?

– Nada malo de ti. Sólo que nos abandonaste.

– Pues eso ya es bastante malo, diría yo.

– El sabía que yo acabaría viniendo aquí. Nunca me lo impidió.

– Pero no te dio ningún mensaje para mí. Nada de «lo pasado, pa_sado está», ni nada por el estilo.

– Si hubo algo así, nunca lo supe. A lo mejor… -Levantó la mira_da hacia Erlys, insegura.

– A lo mejor pensó que debías escuchar la historia de mi boca.

– ¿Y bien? Eso significa que confía en que tú me cuentes la verdad.

Erlys se dio cuenta de que ambas estaban sosteniendo los extre__le, se acercaron, la doblaron, la redoblaron y se apartaron.mos opuestos de una sábana. Con la gracilidad de unos pasos de bai

– No tengo muy claro que sea el mejor momento para hablar de eso…

Dally se encogió de hombros.

– ¿Cuándo lo será?

– Muy bien. -Lanzó una última mirada alrededor con la esperan__ra-, Cuando Merle y yo nos conocimos, yo ya estaba embarazada de ti. Así que…za de que apareciera un Zombini pequeño, cualquiera, y lo pospusie

Ahí estaba. Dally se encontró inesperadamente sentada en el sofá cama. Se levantó polvo, los cojines resollaron y las enaguas suspiraron a su alrededor. Dos o tres posibles comentarios mordaces le pasaron por la cabeza.

– Muy bien, en ese caso -tenía la boca inexplicablemente seca-, mi verdadero padre… ¿dónde está?

– Dahlia -dijo asintiendo enérgicamente, como si no quisiera de____________________lo en dos palabras, me puso de patitas en la calle. Merle nos dio un hogar. Y en cuanto a tu «verdadero» padre, bueno, es Merle, mucho más de lo que lo hubiera sido el otro. Por si te sirve de ayuda.maba Bert Snidell. Ese pelo rojo tuyo es de él. Su familia, por decirjarse caer en un fácil distanciamiento-, murió. Un poco antes de que tú nacieras. Un accidente de tranvía en Cleveland. Fue rápido. Se lla

No de mucha.

– ¿Te parece que es eso lo que quiero escuchar? ¿Un hogar? ¿Tú me hablas de un hogar? Lo que hiciste fue huir en cuanto pudiste, ¿por qué no me tiraste al mierdoso vertedero de la ciudad de camino? -¿De dónde le habían salido esas palabras? No de ninguna parte en concre_to, sino de mucho más lejos que nada de lo que hubiera sentido hasta ese momento…

Pero, como era de esperar, antes de que pudiera empezar si____________________vieron a bordo delron que dejar las cosas por un tiempo Dally y Erlys. De hecho, dado el trabajo que requirieron los preparativos del viaje, hasta que estugaron Nunzi y Cici en trajes de zapa blancos a juego, practicando barajaduras hindúes y torniquetes, alegremente ajenos a la rabia y la consternación que reinaba en la habitación, sin pensar en más que en las últimas noticias sobre la inminente travesía. Y en ese punto tuviebernar esa casa decidieron intervenir por fin en la situación, y ahí llequiera a desfogarse, los semidioses del ritmo teatral que parecían go Stupendica y ya mar adentro.

La única vez que Mayva y Stray se vieron fue por pura casualidad, en Durango.

– No lo digo por nada, pero ¿no estaréis casados, verdad?

– Curiosa pregunta -empezó Reef, pero Stray intervino al mo_mento.

– Últimamente no mucho, señora Traverse.

Mayva se rió y la tomó de la mano.

– Me gustaría explicarte el chollo que te llevarías, pero necesitaría un poco más de tiempo.

– Oh, no podría echárselo en cara -dijo Stray-, una buena educa_ción da para lo que da.

– En el condado de Ouray había unos Briggs, ¿no será tu familia, verdad? ¿No trabajarían en la mina de Camp Bird?

– Es posible que fueran unos primos míos por el lado de mi tía Adelina que anduvieron por Lake City durante un tiempo…

Y Reef se dio la vuelta justo a tiempo para ver cómo las dos de__ros en un tejado.saparecían en una especie de patio, goleando como un par de pája

Al día siguiente, Reef y Stray estaban en el Denver & Rio Grande encaminándose por fin a Arizona, juntos al principio, pero no tarda__mellos importada años atrás en Virginia City, Nevada, para transportar sal y más tarde llevada a Arizona para realizar los trabajos habituales de carga de mineral, aunque con el tiempo se vio que los animales no eran rentables, así que los dejaron en libertad y a esas alturas habían vuelto a su estado salvaje y se esparcían por miles de kilómetros cuadrados del desierto de Sonora, donde, debido a razones de la Naturaleza no bien entendidas del todo, se habían reproducido a un ritmo vertiginoso.rían en separarse. Archie Dipple, un amigo de Stray, tenía el plan, no tan rematadamente descabellado como otros, de reunir la manada de ca

– Con que pueda sacarse, pongamos, medio dólar por cabeza, bas_taría para retirarse y vivir para siempre todo al este que quisieras, hasta en ese hotel Ritz donde los botones con sombreros cilíndricos te traen lo que les pidas, tanto de día como de noche…

Reef sólo tenía que hacer de acompañante, mientras que todas las tareas de investigación y los riesgos corrían a cargo de Archie, como principal interesado.

– Tareas desagradecidas todas ellas, pero si no hay riesgo no hay recompensa, ¿no es así?

– Siempre es así en el mundo de los negocios -coincidió Reef, in__gos de la extravagancia, pero no tanto como para resultar demasiado provocador, pues sabía por experiencia que estos jorobados dobles no eran tan retraídos como parecían, y, a decir verdad, algunos resultaban sumamente suspicaces.tentando mostrarse lo bastante socarrón como para insinuar los ries

A diferencia de los «amigos» de Reef, tanto los personales como los del trabajo, quienes solían andar casi todos metidos en líos, aun____________________ra, pero no, esas caras desconocidas que entraban y salían del pasado de Stray estaban resueltas a convertirlo en socio de diversas empresas misteriosas, siempre en proyecto, pocas de ellas razonables.do que fueran siempre asuntos tan sencillos como los que persigue la ley, o como aquellos que permiten huir a una jurisdicción más segujunto, seguían metiendo a Reef en muchos más problemas que los que cualquiera de los «amigos» de él le daba a ella. Y el cielo habría querirectas y, como comprobaría con frecuencia, encarnaban a varios tipos de buscavidas entrometidos. Enteradillos, intermediarios si se prefiere, y, naturalmente, no todos hombres. Estos «amigos» de Stray, en contenían más cerca de las sombras, tendían a optar por vías más indique nunca demasiado complicados de entender, los de Stray se man