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Lo cierto es que ella no quería.

– Willow puede cuidar del pequeño Jesse por un tiempo, estará a salvo con ella y con Holt, pero no estoy tan segura con respecto a ti, pobre ganso patoso, necesitarás a alguien que te cubra las espaldas…

Bueno, hasta ahí había llegado después de tantos años, tantos, de jurar que nunca se rebajaría. Suplicando, cobarde, como una esposa asustada. Consciente de que él ya había cruzado el umbral, cual fugaz sombra, con aquel corpachón que ella amaba a pesar de su barriga cervecera, que ya tanto le daba. Dios, ella, que nunca rezaba, cómo re__diera seguir vivo, en alguna parte.zaba ahora para que quienquiera que fuese no hubiera llegado a la cima todavía, al menos quería aferrarse a la remota posibilidad de que pu

– El primer trueno en el este, cariño. Ese es el momento en que los zuñis dicen que termina el invierno, y entonces estaré de vuelta…

Jesse estaba dormido, así que Reef le besó con delicada suavidad en la cabeza antes de salir por la puerta.

Y así fue como Reef adoptó la identidad de Thrapston Cheesely III, un tipo neurasténico de la Costa Este, aprendió a parecer más perverso de lo que era, a vestir como un petimetre que no sabría montar un caballito de tiovivo, y entró a hurtadillas en Denver para tomar lecciones de baile de una tal Madame Aubergine, haciéndole jurar que le guardaría el secreto bajo pena de echarle una antigua mal_dición de un chamán ute. Empezó a usar agua de colonia y la misma marca de gomina que el Káiser Guillermo de Alemania, y guardaba la dinamita, los detonadores y material diverso de explosivos en un conjunto de maletas monogramadas de piel de cocodrilo a juego que le había dado la provocativa y voraz Ruperta Chirpingdon-Groin, una viajera inglesa fascinada por lo que tomaba como contradicciones en su personalidad y a la que no asustaban precisamente las señales de pe_ligro que reconocía.

– Querida, queridísima señorita Chirpingdon-Groin, no se enfa____________________ble, señorita Chirpingdon-Groin…sado un instante siquiera en su compañía, mi encantadora, mi deseaqueña Yup Toy, pero sencillamente debe perdonarme, pues qué puede significar una flor de loto todavía inmadura para alguien que haya pade conmigo. Admito que fui un chico malo en la cocina con esa pe

La propia Yup Toy, que esperaba junto a una inmensa máquina de hielo, entre una hilera de vendedoras orientales de cubitos en míni____________________bre del establecimiento, desbordados por el sólido a baja temperatura.partiendo cubos galvanizados, con membretes en relieve con el nomvaban y dispersaban vapores, reinaba una confusión de agua en todos los estados a la vez, a través de la cual las chicas-de-hielo, dirigidas por un maître con castañuelas, se deslizaban con patines entre las mesas, reble a cualquiera salvo a los que ejercían el desdén por hábito, como Ruperta. Para otros que valoraban mejor sus virtudes, su mente era un libro abierto, y muchos empezaron a apartarse, intuyendo problemas inmediatos. En las profundidades sin iluminar de la gran máquina, un martillo de vapor golpeaba sin parar bloques de hielo en crudo, se eleraba una uña escarlata y se la chupaba, incapaz de parecer inescrutamos atuendos de lentejuelas, con una cara tan maquillada que parecía una máscara de porcelana a la luz de nafta que fluía desde abajo, se mi

Reef se unió al lascivo séquito de neurasténicos de Ruperta, que recorrían las fuentes de aguas termales buscando la eterna juventud o huyendo del peso muerto del tiempo; y por el camino se iba encon____________________carse a él en el curso de sus viajes.dad que no?, pues eso habría embotado el filo del deseo, no sólo por Ruperta sino por cualquiera, Yup Toy o quien fuese, que pudiera acercho sentido echar demasiado de menos a Stray en ese momento, ¿verversaciones con su pene que le llevaron a concluir que no tenía mucas, una vez a la semana como media, con un alboroto memorable que hacía que todos salieran pitando, sin saber a qué distancia estarían a salvo. Entre estas riñas, Reef mantenía largas y deshilvanadas conli y esporádicos ramos de flores que la mantenían en la duda sobre él, pues lo había tomado por un hombre blanco salvaje que se hacía pasar por señoritingo exquisito. Lo que no les impedía enzarzarse en bronmitirle surtirse de habanos y champán a 3,50 la botella, y sorprender a Ruperta de vez en cuando con baratijas indias de plata y lapislázutrando con jugadores lo bastante impulsivos o descuidados para per

Finalmente se separaron en Nueva Orleans tras una larga y can__bieran inventado allí, no tenían ni punto de comparación, le parecía a Reef, con los que servían en el bar de Bob Scockton en Denver, por más que las absentassina noche de pesadilla que empezó en el establecimiento de Monsieur Peychaud, donde los cócteles Sazeracs, aunque supuestamente se hu frappés fueran otro cantar. Tras cargarse de com____________________ma hora.sultaban ser más que polvos zombi. Esa noche Ruperta llevaba un vestido estrecho de bengalina negra con cuello Medici y puños de chinchilla bastarda. Sin nada debajo salvo corsé y medias, como Reef tuvo ocasión de descubrir más tarde, en su habitual reunión de últibustible, el grupo se dirigió al Barrio Francés en busca de formas de intoxicación «más exóticas», las cuales, a poco que se ahondara, no re

En esa ciudad pronto les quedó claro que lo que se veía por la ca____________________leans se desarrollaba puertas adentro, en el interior de las manzanas de edificios, detrás de portales de hierro ornamentados y por pasillos vía siquiera para la ilustración de portada. La vida real de Nueva Orlle no sólo no daba para «la historia íntegra», sino que de hecho no serem_baldosados que, por lo que se veía, podrían extenderse a lo largo de kilómetros. Uno oía vagos fragmentos de música, un sonido alocado, banjos y cornetas, glissandi de trombones, pianos que, bajo las manos de profesores de prostíbulos, sonaban como si tuvieran más teclas en_tre las teclas. ¿Vudú? El vudú era lo de menos. Estaba por todas partes. Centinelas invisibles te lo hacían saber, y los cuellos más gruesos eran susceptibles de vigilar las comezones de lo Invisible. De lo Prohibido. Y además estaban los olores de la cuisine local, cheurice, gumbo, étouffé de cigalas y gambas cocidas en sassafrás, olores procedentes de ningún sitio a la vista, que se peleaban por lo poco que quedara del sentido común de cualquier paseante. Se veían negros por todas partes, divir__lianos», aparecidos a raíz del asesinato, supuestamente a manos de la mafia, del jefe de policía, todavía vivo en la memoria ciudadana, y de ahí que los niños abordaran a los desconocidos, italianos o no, con un «¿Quién mató al jefe?», por no mencionar eltiéndose por la calle. Y también estaban los llamados «incordios ita «Va fongool a tu hermana».

Acabaron en el Maman Tant Gras Hall, un local con música al lado de Perdido Street, en el centro mismo del barrio de los burdeles.

– ¡Sí, sin duda es una encantadora guinguette! -exclamó Ruperta-, pero, queridos míos, ¡menuda música!

«Dope» Breedlove y sus Merry Coons eran la banda del local, y todo el mundo se lo pasaba demasiado bien como para dejar que las Rupertas de este mundo les amargaran la velada. Algunos clientes lle__das, tras lo cual ella se volvía hacia Reef con disparatada indignación, por no decir presa de un pánico totaclass="underline" garon incluso a acercarse y pedirle un baile, lo que bastó para sumirla en una cataplexia sonriente que los alejaba con miradas desconcerta

– ¿Es que piensas quedarte ahí sentado mientras estos morenos pa_téticos nos humillan a los dos?

– ¿Cómo? -preguntó Reef con toda la cordialidad que pudo-. Mira, ¿ves lo que están haciendo? Se llama bailar. Y yo sé que tú bai_las, te he visto.