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Oh, vaya, ahora viene el amante en persona, Vang Feeley, famo____________________miento del motor.nica de la moto, como la derivación del silenciador, pues, dadas las complejidades de la vida de Vang en ese mismo momento, cuando los múltiples desenlaces posibles de la noche solían concretarse en uno solo en cuestión de segundos de reloj, todo podía depender del funcionaba fuera un buen rato y hablaba con Zoltan, que se había recuperado de su ataque de hacía unas horas, de cuestiones relativas a la mecában el local, quienes empezaron a hacer comentarios, Frank no pudo evitar pensar que sobre él; cuando por fin remitieron, Vang ya llevapierna de los pantalones de Vang, bueno, al menos en esa dirección… Guau. Ese comportamiento podía haber pasado inadvertido al propio Vang, pero no a las inmisericordes y divertidas camareras que atestata de que había estado mirando, desde hacía ya un buen rato, la entrereció a Frank, para que tuviera también una vertiente carnal, con su atuendo negro de motorista, austero, intocable. Pasó sin decir palabra al lado de Frank, cuya actitud no mejoró mucho cuando se dio cuenso en toda la región, con unos aires casi demasiado legendarios, le pa

Stray se había demorado terminándose media taza de café, son____________________tación, Frank también salió para decirle adiós con la mano.cilación llevó consigo y distribuyó gabardina y faldas en un gesto tan complejo como una reverencia antigua, alzándolas, de hecho, y para goce de los mirones, lo bastante como para no engancharse con el tubo de escape del vehículo. Y uniéndose a la cola de otros admiradores atentos como una fila de vaqueros pasmados ante los trenes en la escogieran, y con una mano metida relajadamente en un bolsillo de la gabardina salió con un paso digno de admiración por la puerta para montarse detrás del maldito Vang, y en el mismo movimiento de osriendo vagamente a todos a su alrededor, incluido Frank, a quien no reconoció, si es que lo había visto, y cuando hubo acabado estiró el brazo para dejar la taza encima de los platos a la espera de que los re

Cuando regresó a Denver, seguía siendo la ciudad de Ed Chase, y Frank volvió a caer en su antigua costumbre de despilfarrar tiempo y dinero, hasta que una noche, paseando por Arapahoe en algún pun____________________niatura y campanas que tañían en la ducía un extraño tranvía sin caballos, con una aguja de iglesia en mirado Negro honorario, aunque no resultó ser más que una broma de dudoso gusto, Frank se topó con el Reverendo Moss Gatlin, que conto entre Tortoni's y Bill Jones s, donde había oído que le habían declaparte de atrás, y, sobre la ventana delantera, donde solía ir el rótulo con el destino, las palabras ilumina_das cielo anarquista. Moss estaba ocupado recogiendo a cuanto vagabundo, niño de la calle, opiómano, tirado, fiambre borrachuzo, en fin, a cuanto ciudadano que aparentase un mínimo desamparo, y su_biéndolo a su C.A. Express. Frank debía de ajustarse al perfil, porque el Reverendo lo divisó de inmediato e inclinó su sombrero.

– Buenas noches, Frank -le saludó como si se hubieran visto el día anterior. Tiró de una palanca y el vehículo redujo la velocidad lo su_ficiente para que Frank subiera de un salto.

– ¿Se olvida de alguna cara? -preguntó Frank asombrado.

– De las de un par de esposas, tal vez -dijo Moss Gatlin-. A ver, Frank, nunca llegué a contarte lo terrible que fue lo de tu padre. ¿Sa_bes algo de las pústulas infrahumanas que lo hicieron?

– Estoy en ello -dijo Frank, que, desde el medio segundo de con_tacto con lo sobrenatural en Coahuila, no había encontrado a nadie con quien hablar del tema.

– Me han llegado un par de historias, pero no puede decirse que corriera la voz.

– Ahora que lo dice, últimamente un par de tipos de los perió_dicos me han estado mirando raro, como si fueran a decir algo.

– Espero que no hayas tenido demasiadas dudas de esas que para_lizan a un hombre como si lo hubieran noqueado.

– Ni una duda ni dos -dijo Frank encogiéndose de hombros-. Lo hecho, hecho está, ¿no?

– ¿Cómo se tomó la noticia tu madre?

– Bien.

– Oh, vamos, tienes que contárselo a la esposa de Webb Traverse. Ella es la única persona en este mundo que tiene que saberlo, y ade_más de tu boca.

– Me avergüenza confesarlo, Reverendo, pero no sé ni dónde está ahora.

– Ha estado viajando un poco, pero lo último que sé es que se encuentra en Cripple. Y será porque Dios así lo quiere, pero da la ca__pañía…sualidad, Frank, de que voy en esa dirección, así que si quieres com

– ¿Va hasta allí en este armatoste?

– ¿En esto? Sólo lo pedí prestado para esta noche. En realidad…

Un individuo de pelo cano, chillando con cierto nerviosismo, los había estado persiguiendo por la calle en una calesa, al parecer desde hacía un rato.

– Por los badajos del infierno -murmuró el Reverendo-. Sabía que lo malinterpretaría.

– Esa palabra de ahí delante, «Anarquista» -recordó Frank en ese momento-, parece que alguien la haya escrito a mano, y con bastan_te tosquedad, lamento decirlo.

– Jephthah dirige un rancho cristiano junto a la carretera en Cherry Creek, y así es como reúne a su rebaño. Creí que esta noche estaba fuera, así que… ¡No pasa nada, Jeff -Redujo la velocidad-. ¡No dis_pares!

– Esas almas son mías, Moss.

– ¿Quién se las ha trabajado? Me llevaré cincuenta centavos por cabeza.

– Que me arranquen la sotana si te dejo sacar más de veinticinco.

– Cuarenta -dijo Moss Gatlin.

Los pasajeros miraban con interés.

– ¿Reverendo? -dijo Frank-, En cuando a mi fe religiosa…

– ¿No podemos hablar de eso más tarde?

Fueron en tren hasta Divide y cambiaron al de vía estrecha. El Re_verendo contó historias sobre Webb, algunas conocidas por Frank, otras imaginadas y un par nuevas para él.

– A veces -reconoció Frank- me siento raro por lo de Sloat. Ten_dría que haber sido el otro, porque papá no era el tipo de misión que le habrían encargado a Sloat ni tampoco la hubiera cumplido por sí solo.

– Sloat era un traidor a su clase, Frank, el peor tipo de siervo al servicio de los plutócratas, y nos has hecho un favor a todos, tal vez al propio Sloat más que a nadie. Te lo digo por si te preocupas por él. No irá al Cielo Anarquista, pero, vaya a donde vaya, le hará bien a su alma.

– ¿Al infierno de los plutócratas?

– No me sorprendería.

Nada más llegar a Cripple Creek, Frank se dio cuenta de lo de____________________culiares gorras de punto sudeslavas. Los guardias de los campamentos mineros pisaban con ganas esas calles que ahora eran suyas, a la busca de extranjeros que, como sabían de antemano, no hablaban inglés, y a los que acosaban para comprobar el nivel de docilidad general que se había impuesto en la ciudad.ra para remover basura, o, lo que era más probable, a emigrar de forma inminente. Había esquiroles por todas partes, que lucían aquellas penos acuerdos a que llegaran para ser contratados de nuevo, aunque fuera de honrados luchadores sin trabajo, dispuestos a aceptar los indigto invisible, si es que quedaba algo de él, aunque para Moss Gatlin era como si tan sólo se hubieran marchado y dejado una población entella. Habían ganado los propietarios, claro. El Sindicato se había vuelvastado y arrasado que había quedado aquel reciente campo de bata