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– Aquí nadie puede pegar ojo…

– Siempre supe que ahí había un gran secreto. Por cómo se mira_ban cuando decían ciertas cosas de cierto modo… Y ahora por fin me estoy enterando…

– Oh, hija -dijo Tace Boilster-. Ahora estás segura.

Lake miró a la esposa del Sheriff. A sus pies, los bebés de Boilster gateaban, tropezaban, y tiraban, recogían y volvían a tirar las cosas.

– Lo único que tienes que hacer -prosiguió Tace- es dejarte ir, que eso te sirva de apoyo para seguir adelante, todo está así de claro porque ya no te resistes, las nubes de rabia se han disipado en tu cara, ves más lejos y más claro de lo que jamás pensaste que podrías… -Sí.

– Pise con cuidado, señora Kindred, por aquí está cada vez más hondo.

– El puede cambiar, Tace.

– ¿Y eres tú el ángel de la maldita piedad que va a cambiarlo?

– Sé que puedo.

– Claro -asintió risueña hasta que creyó que la chica se había tran_quilizado, y entonces le espetó-: ¿y en qué lo vas a cambiar?

Lake bajó un poco la cabeza fingiendo docilidad, pero sin apartar la mirada de la de Tace.

– Déjame adivinar. Vas a convertirlo en alguien mucho mejor de lo que es ahora, tanto que no tendrás que pensar más en lo que hizo. Pues ahórrate todas esas molestias.

– ¿Por qué no? -susurró Lake-. ¿Qué tiene de malo querer eso?

– ¿Querer? Bueno, querer… Si yo fuera tú, querría cambiarlo para que fuera aún peor. Más débil, más tonto, alguien con tan poco jui_cio que yo pudiera devolvérsela cuando quisiera.

Lake negó con la cabeza.

– Chiss. Ya se nota que estás casada con un hombre de la Ley. Cla__cho, ¿verdad?ro, no creas que no lo he pensado: ir a buscar su pistola una noche, apoyarla sobre su cabecita cuando está roncando -dio una palmada-, amén. Incluso a pesar de la sangre y todo lo demás que habría que limpiar después, y tu señor B. preocupado, claro…, pero no lo he he

Tace creyó atisbar una mirada, una sombra atravesando tan rápido el rostro de la joven, procedente de una fuente más profunda de pena, que más tarde no podría jurar haberla visto siquiera. Y mientras tan_to, Lake, puede que más animada de lo que cabía esperar, proseguía:

– Pero supongamos que… lo que él hizo… fue una especie de error, ya sabes, sólo un error, ¿acaso tú no te equivocas nunca?

– Acepta dinero por matar a tu padre, sí, ya, menudo error.

Sí, una de las grandes preguntas, que flotaba siempre en el am____________________ro para todo? ¿O tal vez para ir a por Webb en concreto?cerlo? ¿Había firmado sencillamente un contrato para ser su pistoleplicación al respecto, a saber: ¿cuánto sabía en realidad él antes de habiente, y ella no formulaba, y Deuce sin duda no daría ninguna ex

– Te crees que es muuuy bueno -siguió Tace-, sólo un niño extra__grar una especie de gracia redentora para los dos. Chorradas, jovencita.viado, ¿no? Y que puedes devolverlo al camino correcto, que lo único que tienes que hacer es amarlo lo bastante, amar a tu enemigo para lo

– Tace, si hubieras pisado alguna vez esas malditas montañas, lo comprenderías, era muy duro, nunca se bajaba el ritmo, trabajabas sin parar, y trabajabas para ellos. Ellos…, de eso se trataba. Ellos te decían que te fiaras de su juicio, ¿y qué podías hacer? Incluso si era algo malo, la gente hacía lo que podía. Deuce estaba más que dispuesto a hacerlo; yo no estaba allí y tú tampoco, a lo mejor creyó ver a papá con algo en la mano, en aquellos días de desesperación los mineros morían a tiros a todas horas, pero si aceptabas un puesto de ayudante, solían darte carta blanca.

Pero eso no era un tribunal ni Tace un juez. No había motivos para que Lake se esforzara tanto por convencer a nadie. ¿Iba Webb arma_do aquel día? ¿Era imaginable que Webb fuera a por Deuce primero y que éste sólo reaccionara para defenderse?

Saber que Webb se había ido para siempre ya era bastante duro, pero peor aún era esa extraña frialdad, ese camino perdido hacia lo que deberían haber sido recuerdos inmaculados, hacia su infancia entera, a la que se había puesto fin tan brutalmente, y mientras tanto vivir con alguien del que lo había acabado odiando todo, salvo cuando la toca_ba, y entonces, oh, entonces.

Y no puedo dejarle, escribió en el pequeño cuaderno escolar que utilizaba como diario, me da igual lo que me haga, tengo que que____________________sa, como si fuéramos figuras famosas de la vida pública tara despertarme y no pudiera…, y yo ya sabía que no podría, ¿verdad?, y también sabía, mucho antes de que nos casáramos, quién era él, qué fue lo que hizo, y aun así seguí adelante y me casé. No lo sabía, pero lo sabía…, tal vez desde la primera vez que lo sorprendí mirándome, llevaba inscrita una disculpa en sus ojos brillantes en forma de sonridarme, es parte del trato. No puedo huir…, a veces es como si inteny se supusiera que ambos nos conocíamos, y no movimos ni un dedo, ninguno, pese a todo lo que sabíamos. Hicimos un trato. Y así abrí un vacío perma____________________do y que no puedo despertarme…dre o que procuraba mantenerme ocupada, me decían que el tiempo pasaría y que volvería a la vida normal…, pero creo que estoy soñannente entre cómo se suponía que me debería sentir y qué me traía en realidad entre manos, que era escabullirme a Silverton una y otra vez, y nadie se daba cuenta, creían que era sólo el dolor por lo de mi pa

Ojalá esto fuera Denver…, ojalá fuera una corista… Tachó las palabras, pero siguió soñando despierta, y soñó novelas baratas enteras llenas de tramas lascivas. Candelabros y champán. Hombres cuyos rostros nun____________________to. Y su rostro joven, recordado por un centenar de inútiles a lo largo y ancho de las San Juan a causa de su nítida delicadeza, desprotegido ante los días y lo que el tiempo le estaba haciendo.lle. Amigas que yacían a su alrededor en lencería cara, compartiendo láudano en las largas y lentas noches de invierno. Una soledad que nada podía alterar. Un abrazo de habitaciones vacías y distantes, que el viento que las atravesaba eternamente mantenía limpias. Una escasez de luz propia de la alta montaña, una casa con una estructura de una pureza rectilínea absoluta, seca, blanqueada, silenciosa salvo por el vienca se veían con claridad. Dolor placentero, imaginado con todo deta

En cuanto a él le quedó claro que ella lo sabía, y a ella que él sa__ra muy interesada, y menos lo estaría a medida que pasara el tiempo.bía que lo sabía y demás, en cuanto se encontraron, por así decir, al otro lado de la puerta fatal que ambos tanto habían temido, abierta por unos guardianes invisibles y ahora cerrada a sus espaldas, y ella siguió como siempre y no dio ningún indicio de que planease pegarle un tiro ni nada por el estilo, a Deuce debió de resultarle más sencillo dejar de hacerse el duro, y así adoptó una actitud de súplica impotente y poco viril, y ya no pudo parar de dar explicaciones aunque ella no estuvie

– Me dijeron que era un dinamitero del Sindicato. ¿Es que tenía que preguntarle si era verdad? Ellos decían que tenían pruebas, que él llevaba una vida secreta que nadie conocía. Por supuesto, lo creí. Anar_quista, sin asomo de conciencia. Mujeres, niños, mineros inocentes, daba igual. Ellos dijeron…

– No te puedo ayudar, Deuce, yo nunca supe muy bien en qué andaba metido. ¿Por qué no hablas con un abogado? -¿Era ésa su pro_pia voz?

Pero incluso en los silencios de Lake, él creía oír algo.

– Era para salvar vidas, así lo veían ellos. Yo sólo era su instru_mento…

– Oh, ya estamos con el gimoteo otra vez…

– Lake…, por favor, perdóname… -Arrodillado de nuevo, con otra exhibición hidráulica de los globos oculares, algo que en un hombre no resultaba muy favorecedor, tal como ella había descubierto, al con_trario de lo que quieren hacerte pensar con los cuentos románticos de las revistas femeninas. Es más, a veces podía resultar repelente.