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– Oh, mierda, Lake, no -dijo con una voz demasiado lenta para lo que se le venía encima. Ya se había golpeado la cabeza con algo. Era un objetivo fácil.

Más adelante, ella se preguntaría si por eso dudó y buscó alrede__vió a la posición horizontal.dor otra arma más piadosa. Cuando Deuce se puso en pie y miraba ya el cuchillo de trinchar con cierto interés, Lake acababa de decidirse por la pala de la estufa. Funcionó bastante bien, a lo cual ayudó que a esas alturas ella hubiera asumido una rabia más fría y eficaz. Deuce vol

Tace y Eugene aparecieron en la puerta, el Sheriff todavía medio dormido y peleándose con los tirantes, Tace con los párpados oscu_ros y con una escopeta Greener, cargada y preparada.

– Basta ya -empezó Tace, y entonces vio que era Deuce el que ha____________________lante de su marido, que fingió no darse cuenta.pado-. Oh, Dios. -Se encendió un cigarrillo y empezó a fumar debía sido derribado y que estaba manchando de sangre el hule estam

Más tarde, cuando los chicos salieron en busca de whisky medi_cinal, Lake comentó:

– Bueno, al menos no fue fatal.

– ¿Fatal? ¿Y qué tendría de malo? La única razón de que no lo fue__jalata. ¿Es que el pequeño cabrón se ha redimido? ¿Cuándo?ra es que te portaste como una niña tonta al escoger esa pala de ho

Tace caminaba arriba y abajo.

– Una va a acabar pensando -dijo al cabo de un rato sin ninguna reticencia, como si se permitiera un lujo que no se daba desde hacía mucho- que tú eres tan mala como tu maridito. Que los dos habéis andado por ahí impíamente conchabados desde el principio, que tu ta__lante, cuidar de que salga y permanezca indemne de la venganza de todos los demás, incluidos tus propios hermanos.rea consistía en hacer todo lo posible para limpiar sus huellas y, en ade

Lake no respondió, y después de eso nadie le habló a nadie duran_te un tiempo, salvo cuando era imprescindible.

– Bueno, quizá lo hicieras, pero yo le vi el izquierdo, ¿no es ver_dad? -dijo Neville.

– No me cabe la menor duda -dijo Nigel sonriéndose-. Pero a ver, ¿a la izquierda del escenario o a la izquierda del público?

Nigel bajó la mirada.

– Este. -Señaló un pezón-. ¿Correcto?

Los dos jóvenes se encontraban en los baños de Great Court, ha_blando de la señorita Halfcourt, y sus desolados suspiros se fundían con el siseo del vapor.

– Ahora se rumorea que está ocupada con una especie de embrión de Apostolillo de Cambridge llamado Cyprian Latewood.

– ¿Latewood? ¿Como el de Papeles Pintados Latewood? No pue_de ser.

– El mismísimo descendiente casquivano.

– Estas muchachas mahometanas se enamoran de un sodomita -opi_nó Neville-. Es por la mentalidad del harén, la historia esa de ser ama_ble con los eunucos. Siempre que se trate de alguien así de imposible.

– Pero si ella no es… mahometana, ¿verdad que no? -se quejó Nigel.

– Bueno, pero sí una especie de mora del Oriente, Nigel.

– ¿Cómo dices?

– Oh, mi querido amigo -rezumó Neville-, no puede ser que to_davía te lo tomes como algo tan personal.

– Pero en cualquier caso es mejor que tomárselo públicamente, ¿no? -Era una referencia al largo soliloquio lloroso del propio Nevi____________________tornado joven con gran gasto y esfuerzo.prada en los alrededores de Clerkenwell por el temporalmente traslle en el Germán Sea, así como en otros establecimientos mucho más lejanos donde también se vendía alcohol, después de que Yashmeen le devolviera una joyita, de dudoso gusto en el mejor de los casos, com

Se repantigaron, humeando como pudines, mientras cada uno con____________________sidad como por lascivia. Y allí, bajo el resplandor de la luna, estaba Yashmeen entre sus sirvientas. Y su presencia provocaba una amplia variedad de comentarios, que iban de los latiguillos de la época, como «¡Div!», «Guachi» o «Allas para bañarse, por encima del Estanque de Byron, y cuanto más brillaba la luna más audaces se volvían. La noticia llegó a oídos de un grupo de chicos que también decidieron acercarse, tanto por curiotos los gitanos y los matemáticos que trabajan, se había extendido la tradición entre las chicas más temerarias de acercarse al río a hurtaditemplaba el pene del otro con letárgica irritación. Su charla sobre la desnudez de la señorita Halfcourt se debía a una furtiva excursión de la noche anterior. A la desconsolada hora en que sólo siguen despier eso me refería yo», a rapsodias que se alargaban toda la noche en las habitaciones de los amigos o sonetos apuntados más tarde, cuando la locura se había mitigado lo bastante para permi_tir al menos sostener una pluma, o sencillamente causaba un brusco tránsito a un embobamiento paralizante tras haberla espiado a ella, o a alguien que podría ser ella, en Cloisters Court.

Tanta atención pública, a los dos Enes -ostensiblemente dedica____________________sideraba un cabrón y, menos explicablemente, objeto del interés de Yashmeen.vaba una generación de arribismo socio-acrobático, y al que se concala conocida. Y ahora aparecía el tal Latewood, cuya familia sólo llete podían desembocar en una colaboración conyugal, pero ciertamente no se imaginaba a una chica de la belleza exótica y extravagante y la serenidad que presentaba Yashmeen. Eso era epatar a los burgueses, por no mencionar las creencias matemáticas, más allá de cualquier escas del estilo de la legendaria Philippa Fawcett, incluso romances con los tutores, como el de Grace Chisholm y Will Young, que con suerra con el encargo adicional de no quitarle ojo a Yashmeen, no sólo para el CRETINO sino también para ciertos despachos de Queen Anne's Gate- les resultaba un peculiar inconveniente. En Newnham y Girton, uno esperaba encontrar excelsas estudiantes de matemátidos al estudio de la filosofía y los clásicos en el King's College, y aho

– Nigel, el otro día descubrí la receta más tremendamente prome_tedora de cerveza de opio. Se fermenta opio con levadura de cerveza, casi como si fuera malta o cebada o algo así. Y se añade bastante azúcar, claro.

– Vaya. Pues me parece una verdadera degeneración, Neville.

– Pues lo es, Nigel; la inventó el duque de Richelieu en persona.

– ¿El tipo de la cantárida?

– El mismo.

Eso bastó para despertarlos de su laxitud húmeda y devolverlos a la importante tarea educativa de conseguir drogas suficientes para pa_sar el trimestre.

– Mando en plaza y Estado Mayor -recordaba Cyprian Latewood haber oído a su padre instruir a los niños-; cuartel general y puesto de mando avanzado, y el enemigo allá donde se os ocurra.

– ¿Estamos en guerra, padre?

– Ciertamente.

– ¿Eres un general?

– Digamos que más bien un coronel. Sí, por el momento al me_nos, así se estipula en el regimiento.

– ¿Tenéis uniformes tus hombres y tú?

– Venid a la City un día, y veréis los uniformes.

– ¿Y el enemigo?

– El enemigo, triste es decirlo, viste a veces el mismo uniforme que nosotros.

– Y por eso no siempre puedes estar seguro de…