– Estás quemando incienso en el altar equivocado -susurró ella, sa__dilla de idiotas, todos.bedora del efecto que ejercía su voz sobre él cuando susurraba-. Pan
Cyprian jamás hubiera creído que la voz de ninguna chica, sólo la voz, al decir cualquier cosa, pudiera producir una erección. Pero allí estaba, innegable. «Ay, ay…» Pero ella ya se había dado media vuelta y se encaminaba hacia la Girton Gatehouse, y él se quedó con aquella poco elástica incomodidad que no daba signos de mitigarse. Ni siquiera con__cos, algo tan eficaz en otras circunstancias, parecía funcionar.jugando verbos griegos para sus adentros en oscuros tiempos gnómi
– ¡Cómo! ¿No baila?
– Ni un paso.
– Que lo deje plantado -aconsejaron al unísono Lorelei, Noellyn y Faun.
– Sinceramente, no puedo imaginarme que ve en él Pinky -se que_jó Faun-, ¿y tú, Lorelei?
– «Si ella se da por satisfecha con un amor vegetal…» -trinó Lo_relei con un precioso encogimiento de hombros.
– Dependerá de qué vegetal se trate -supuso Noellyn, la reflexiva.
– Oh, el bueno de Cyps está bien -objetó Yashmeen.
– Para ser un sodomita de cara pálida sin el menor control sobre sus impulsos públicos, querrás decir -dijo Faun frunciendo el ceño.
– Lleva una sombrilla -añadió Lorelei.
– Y el incalificable traje azul de Oxbridge.
– Pero me hace reír.
– Sí, eso sí lo saben hacer -concedió con seriedad Noellyn-, aun_que una escucha más de lo que le gustaría esa justificación de «es que me hace reír». Pero, chica, hay risas y risas.
– Y si es reír lo que te gusta… -Lorelei extendió una de las bote_llas de vino Maconnais que habían traído.
– Y pese a todo -dijo Yashmeen- no hay ni una sola de nosotras, ni siquiera tú, Noellyn, con esa preciosa nariz tuya metida en un libro, que no iría detrás de…, no sé, George Grossmith, con que sólo nos guiñara un ojo.
– Umm, ¿el padre o el hijo?
– Y no nos olvidemos del alegre Weedon -dijo Lorelei fingiendo suspirar.
Cyprian conoció al Profesor Renfrew a través de Ratty McHugh.
– Otra de esas vidas emponzoñadas -concluyó Ratty- que sueña con hacer daño internacionalmente, pero sin ninguno de los recursos requeridos y, por tanto, confinado en los antiguos muros de esta dimi_nuta universidad, peligroso hasta un punto alarmante.
Renfrew, con su peculiar omnisciencia, captó inmediatamente lo que pasaba entre Cyprian y Yashmeen, y debidamente archivó un in____________________rable.ran a petición suya y reunieran la información necesaria para reducir la blanca y chillona extensión de lo No Conocido a un tamaño toledo que hay que perdonarle a todo geógrafo sensible, y disparaban sus esperanzas de que jóvenes exploradores lo bastante intrépidos partieles de viaje; en privado él los denominaba su «Mapa del mundo». Los espacios en blanco de ese mapa le producían el típico horror refinañas, algún indicio de trauma infantil, cf. expediente de Guillermo II». A esas alturas los datos llenaban varias salas que se veía obligado a alquilar con ese propósito, así como extrañas vitrinas, armarios y baúrar directamente a nadie en situaciones formales» o «Manos pequenes, de las que dejaba constancia en entradas del tipo: «Reacio a miquet hasta eminencias del Ministerio de Exteriores, pasando incluso por jefes de Estado, aunque la presencia de estos últimos se limitaba a poco más que apretones de manos en una cola durante las recepciomino, lo que incluía desde camareros, limpiacristales y árbitros de criforme sobre el particular, que se sumó a la creciente acumulación de dosieres que llevaba sobre cualquiera que se hubiera cruzado en su ca
Ratty, por alguna razón, era uno de los preferidos actuales de Ren_frew, e incluso iban juntos de vez en cuando a Newmarket durante la temporada de carreras.
– Y yo que me creía el único obsesionado…-se burlaba Cyprian cuando descubría a Ratty, en contra de su reputación de juerguista, con la cabeza enterrada en algún pesado volumen de informes gu__munal en la antigua tradiciónbernamentales o, con la ayuda de los ocho volúmenes de Morse y del Diccionario Búlgaro-Inglés de Vassilev, esforzándose por dominar las complejidades de la propiedad de la tierra en Rumelia oriental desde el Congreso de Berlín, sobre todo la repercusión de la agricultura co zadmga.
– Sólo porque ha formado parte de un conjunto -empezaba a ex_plicar Ratty-, desde que se arruinaron las viejas tchifliks turcas, mira tú, y sobre todo en vista de la tendencia, más notable últimamente, a la movilidad en este sistema de gradinarski druzhini… -hasta que se daba cuenta de la expresión que había asomado en el rostro de Cyprian-, no es que me costara mucho tirarte este libro a la cabeza, Latewood, y, dada tu tenue naturaleza, no causaría ningún daño ni al misil ni al blanco.
Palmas de las manos hacia arriba, todo inocencia.
– A veces me gustaría que mis profesores fueran así de exigentes, eso me libraría de meterme en infinitos problemas.
– No todos somos criaturas de Renfrew, ya lo sabes.
– ¿Por qué mira así a Yashmeen?
– ¿Así cómo? Por interés sexual corriente, espero, en esta institución no todos tienen que ser sodomitas, oh, disculpa, no pretendía ofender tus sentimientos, quería decir mariconzones, claro.
– No, no es eso, hay algo más.
Ciertamente lo había. Ratty había oído vaguedades acerca del «Mapa del Mundo» de Renfrew, pero no veía razón para contarle nada sobre el particular a Latewood, quien a esas alturas era absolutamente inmune a la llamada de la información y sus usos. Ratty, por su parte, no había abierto todavía ningún expediente sobre ella, pues la consideraba una delicada inglesita, aunque, por los comentarios grandilocuentes, las habladurías y los rumores desacreditados que le llegaban, cualquiera hubiera dicho que la señorita Halfcourt tenía relaciones con el este, una expresión a la que Renfrew estaba acostumbrado y que garantizaba el despertar en él de cierta esperanzada curiosidad.
Los trimestres fueron pasando…, Cuaresma y Pascua, hasta llegar a las Largas Vacaciones. Yashmeen regresó a su diminuta buhardilla en Chunxton Crescent y al poco percibió, si no exactamente una diver____________________ñero social, así que casi no le quedaba más opción que las largasquiera el expediente apropiado. Lew Basnight andaba por allí, pero las actividades de la Icosaedíada lo volvían imprevisible como compapetir los mismos inútiles y cansinos trámites ante subordinados, con frecuencia deslumhrados pero muchas veces incapaces de localizar sina Colonial y a la brigada de Queen Anne s Bridge, sino que incluía también las atenciones menos visibles de la Ojrana, Ballhausplatz y WilhelmstraBe, lo que requería visitas periódicas a Whitehall para reciencia respecto a lo que había acabado suponiendo a esas alturas su «protección»: una vigilancia implacable que no se limitaba a la Oficigencia entre el CRETINO y ella, sí al menos una creciente impa soirées estivales infestadas de idiotas. Para escapar de ellas, como un bro____________________dos sus ceros no triviales tenían una parte real igual a un medio.pótesis -casi distraídamente incluida en un artículo de 1859 sobre la cantidad de números primos menores que un valor dado- de que topezó, como muchos otros en aquella época, un viaje al interior del territorio movedizo de la Función Zeta de Riemann y su famosa hiba en la habitación superior con varias obras matemáticas, y así emte en un jardín de un bulbo invisible o de una semilla muy enterrada, verde, asombrosa, emergía su fascinación casi erótica por las ideas de la antigua eminencia de Gotinga G.F.B. Riemann. Yashmeen se aisla