Neville y Nigel se pasaron el verano poniendo a prueba su pro_pia hipótesis de que podía recurrirse a todos los miembros de la raza china sin excepción para conseguir derivados del opio.
– Sólo tienes que esperar a que aparezca un chino -explicó Nigel- y tarde o temprano te llevará a un «fumadero» y todo irá rodado.
Acababan con tanta frecuencia por Limehouse que al final alqui_laron unas habitaciones.
De regreso en el domicilio familiar de Knightsbridge, Cyprian fue fríamente recibido, que no acogido. De joven lo había introducido en las actividades sodomitas un tío con el que viajó a París a vender pa__mente masculino. «Como pez en el agua», informó Griswold al padre de Cyprian, cuya decepción se debía pel pintado; para celebrar la consecución de un gran contrato con el Hotel Alsace, en la Orilla Izquierda entre la rue Jacob y el río, el tío Griswold había llevado al chico a un local de mala fama exclusivano a su hermano sino a su hijo. «Era una prueba de personalidad», le informó su padre; «fallaste. A lo mejor, al final, resulta que Cambridge es tu sitio.»
Aunque Cyprian tenía una vaga idea de la dirección de Yashmeen, no la visitó aquel verano. Al cabo de poco tiempo, para el mutuo ali_vio de todos, tomó el tren y el barco rumbo al continente y acabó pasando varias semanas en Berlín, notorias por sus excesos.
Con la llegada del fresco otoño, todos volvieron. Se habían pues____________________mo de cerveza, en tal cantidad y tan rápido como fuera posible.diodía a fin de batirse en duelos de pega para ver quién sabía dibujar y calcular más deprisa con las reglas de cálculo de Tavernier-Gravet, que esa temporada estaba de moda llevar en fundas de cuero sujetas al cinturón. Por aquel entonces New Court era todavía un refugio de rebeldes, y el interés por el cálculo no tardaba en dar paso al consuritas privilegiadas aparecieron con el mismo flequillo que lucían las trabajadoras de las fábricas. Las charlas sobre criquet se centraban en Ranji y C.B. Fry y, por supuesto, en la temporada australiana recién iniciada. Los estudiantes de ingeniería se reunían en New Court al meto de moda nuevos colores, en especial el Rojo Coronación. Seño
Cyprian, pese a que rechazaba la fe anglicana de su familia, había empezado, por raro que parezca -sobre todo cuando podían oírse los responsorios de Mags, Nuncs y Maitines de los servicios religiosos en el Trinity y el King s College-, a atisbar que, precisamente a causa de sus imposibilidades, del caos de engreídos arribistas y funcionarios ob____________________cido entre los escolares miembros de coros, desde Staindrop a St. Paul, como el «Tedium de Filtham».to de toda la legislación sobre el trabajo infantil, además de por un despiadado cromatismo que habría inquietado al mismísimo Richard Strauss, demasiado «moderno» como para conservar la menor fuerza necesaria para penetrar y dejar sagradamente anonadado, ya era conomemoración de la Elección Caqui», de Filtham, que, aunque en la profesión de la escritura de himnos se considerase que estropear un Te Deum es labor casi imposible, ya que las fórmulas salmódicas están claramente establecidas, incluso en cuanto a las notas con que acabar, pues aun así, por su extensión atrofiante, en patente incumplimientaba pasando a su escepticismo, que apenas se sentía estimulado esos días, salvo por ejemplares tan horripilantes como el «Te Deum en Concognoscible y denso Cristo, que traería el secreto de cómo una vez, en la cima de una colina que no era Sión, había vencido a la muerte. Por la noche, en las Completas, Cyprian se situaba delante de la luz que proyectaban los ventanales de la capilla y se preguntaba qué le esto pese a esa misma red enmarañada de imperfecciones humanas, sino gracias a ella- en la emergencia del misterio inconmensurable, del insesionados con la jerarquía, de los chicos del pueblo que formaban el coro y no paraban de bostezar y moverse nerviosos, y del sermoneo narcotizante, era posible tener esperanza -paradójicamente, no tan
Mientras tanto, Yashmeen se estaba hartando cada vez más de Girton: la idiocia epidémica, las lamentables normas en el vestir y no di____________________mento, podía quitarse del todo de la cabeza la cuestión, casi como si él se la estuviera susurrando al oído, de por qué Riemann había planteado la cifra de un medio al principio en lugar de inferirla más adelante… «Por descontado, uno querría tener una prueba rigurosa», había escrito el matemático, «pero he dejado la búsqueda a un lado… ba de puntillas después del toque de queda y se metía desnuda en la estrecha cama de Yashmeen; ni siquiera en ese raro y silencioso moles del techo en forma de arco, bañando las mesas anidadas, el lino y a las chicas parlanchínas. Se refugiaba cada vez más en el problema de la función Zeta, con el cual se distraía incluso cuando la compañera de clase cuya mirada había cruzado y mantenido durante el día entragamos ya la comida, que no se veía precisamente mejorada por la luz rubia saturada que se abatía sobre el refectorio a través de los cristatras algunos fugaces y vanos intentos, porque no es necesario para el objetivo inmediato de mi investigación.»
Pero ¿acaso eso no implicaba…? La tentadora posibilidad queda_ba sencillamente fuera de su alcance…
… e imaginemos que en Gotinga, entre sus documentos, en algún informe escrito sólo para sí mismo y todavía sin catalogar, él hubiese sido incapaz de no volver al problema, obsesionado como todos los de____________________bieseñaló Hardy…, y que lo hubiese revisitado, que en cierto sentido humás desde entonces, incapaz de no volver a la serie exasperantemente sencilla que había encontrado en la obra de Gauss y ampliado para explicar por completo el mundo especular «imaginario» que incluso Ramanujan, aquí en Trinity, había pasado por alto hasta que se lo se reiluminado la escena, posibilitando la demostración de la hipóte_sis con todo el rigor que desearía cualquiera…
– A ver, Pinks, estás aquí, ¿verdad?
– ¿Y dónde estás tú, insolente? No parece que donde deberías, pero eso vamos a arreglarlo, ¿verdad que sí?…-dijo agarrando a la chica por el cabello rubio con bastante rudeza, y, en un único y elegante movi__das sobre la carita impertinente…miento, se levantó el camisón y al mismo tiempo se sentó a horcaja
– Así que te vas a la tierra de los Lederhosen, ¿verdad? -dijo Cyprian dejando traslucir el menor fastidio posible. En ese momento, lo que pudiese existir entre ellos no incluía los sentimientos heridos.
– Es feo por mi parte, obviamente, pero no me conocía a mí mis_ma lo suficiente hasta que…
– Por Dios, no te disculpes. ¿Te encuentras bien?
– Cyprian, no se trata de nada que hubiera esperado. A la mayoría de nosotros nos traen aquí, ¿verdad que no me equivoco?, para quitar____________________tras que Hilbert no piensa en otra cosa, y él está en Gotinga, y es esa obsesión lo que necesito, por eso me voy a Gotinga.dizaje…, todo eso es secundario. Para que algo llegue de verdad a… encenderse, es… Nadie me creería, si yo…, oh, bueno, puede que uno o dos de los chicos de las clases de Hardy, pero con seguridad nadie en Chunxton Crescent. Hardy conoce los ceros de la función t, en términos generales, pero no está lo bastante obsesionado por ella, miennos de en medio, para no molestar: los libros, la enseñanza, el apren
– Algo… matemático -parpadeó él. Ella empezó a mirarle con ra_bia, pero al instante captó lo que él quería decirle-. Sabía que algún día me arrepentiría. Nunca fui capaz de sacar más que las medias del criquet, ya sabes…
– Tú crees que soy una lunática…
– ¿Por qué debería importarte ya lo que…, lo que yo crea? -Oh, Cyprian, se dio una bofetada mental a sí mismo, ahora no, por favor, ahora no.
Ella se mostraba paciente ese día.
– ¿Y qué piensas de mí, Cyprian? Ha sido la iluminación escéni_ca bajo la que me ves, esa que a veces amenaza con quemarme, que me transforma en un Beau-idéal… ¿A quién no le gustaría convertirse, siquiera por un instante, en esa criatura fulgente…, por más que su des__to que no podía controlar.tino sean las cenizas? -Apoyó la mano en la de Cyprian, y él sintió bajo las orejas y por el cuello un rápido y delicado estremecimien